Benito Pabón, “el Diputado anarquista” (y III)

Ser Histórico

(Artículo tomado, corregido y ampliado de Humanitat Nova, Revista de Cultures Llibertàries, núm. 03/04, año 2018, Mallorca; pp. 8-12. A su vez, apareció bajo el título “Un exiliado español olvidado por la historia” en el diario La Estrella de Panamá el 27-7-2018.)

Gracias al testimonio de varios familiares suyos, complementado por fuentes documentales y bibliográficas, el presente texto cierra la serie dedicada al abogado anarcosindicalista y trata de dar luz sobre sus años de exilio. Su preparación no hubiera sido posible sin la colaboración del periodista de investigación panameño Alexis E. Sánchez, ex miembro de la Comisión de la Verdad de Panamá que investigó los crímenes de las dictaduras de Omar Torrijos y Manuel Antonio Noriega, y autor de varias entrevistas y de algunas fotografías que aquí se publican.

   Nuestra historia comienza cuando, en 1937, es contratado como abogado defensor por los familiares de los encausados en el proceso…

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RECUERDO: Salvador Seguí

Con propósito deliberado, hemos dejado estas cuartillas para después del aniversario de la muerte de nuestro camarada Seguí. Y aprovechando esta circunstancia, diremos que hubo un error al decir que se cumplía el octavo aniversario de su muerte. Pues es el séptimo, no el octavo. Aclarada esta omisión de muy relativa importancia, digamos lo que nos habíamos propuesto decir.

   La dictadura instaurada en septiembre de 1923 ha sido la causa de que la organización afecta a la Confederación no haya recordado a Seguí como merecía y debía ser recordado.

   Ciertamente que no somos propensos a elevar altares ni declarar «santos» a los hombres que en nuestros medios lucharon y murieron. Pera esta iconoclastia, este ateísmo tan altamente dignificador de nuestra conciencia y nuestro pensar colectivos, no puede llevarnos a los linderos de la ingratitud.

   Seguí, como tantos otros camaradas, pero él quizá más que otro alguno, se ha convertido en presa, en bandera que unos y otros nos quieren arrebatar.

   Hemos observado que en cada fecha del aniversario de la muerte de nuestro camarada se alzan voces reclamando para ellas la personalidad, el prestigio, el valor que como individuo y como elemento militante tenía el compañero trágicamente asesinado.

   Y ante esta usurpación que con nosotros se quiere cometer, por muy iconoclastas, por poco inclinados que seamos a conmemorar los desaparecidos, un deber de respeto elemental nos obliga salir al camino interceptando el paso a todos esos malandrines que con malabarismos equívocos quieren hacer ver lo que no es.

  Porque, digámoslo de una vez: Seguí, señores de enfrente, fue lo que fue, no lo que ustedes quieren ahora que sea.

   No hacemos un estudio biográfico de Seguí. No venimos hoy, en estas líneas, a recordar sus condiciones ni sus cualidades. Y menos a destacar sus defectos o sus virtudes. Tarea es ésta que requiere empeño mayor y tiempo, estudio que ahora no podemos dedicarle.

   Pero si renunciamos a lo que un día u otro habrá de hacerse por quien pueda y quiera, no renunciamos, sería vergonzoso que lo hiciéramos, a salir al paso a la infamia dejando que sobre la memoria del camarada muerto se viertan las inmundicias de suposiciones que empañan una actuación y una personalidad que a todos debiera merecernos el máximo respeto.

   Los cerdos ozan en la inmundicia. Los sapos viven, y viven bien, entre el fango. Son muchos los animales que se alimentan y nutren en los estercoleros. Si esto no puede ser un desmérito para esas especies de la escala zoológica, sí lo es, y de gravedad suma, para el hombre, que haya semejantes suyos que no sepan vivir si no es enlodando la dignidad de los demás.

   Seguí, con el que discrepamos a veces, pero del que no desconocimos jamás sus merecimientos, no era, panegiristas de la última hornada, lo que ustedes quieren que fuese, sino algo muy distinto por convicción y temperamento.

  Luchador incansable, espíritu batallador, inteligencia ágil y despierta, él no podía actuar nada más que con la clase trabajadora organizada, a la que dio lo mejor y más valioso de su destacada personalidad. Y no somos nosotros, los que vivimos junto él, los que estuvimos más su lado, quienes lo proclamamos. Son los miles y miles de trabajadores que escucharon su palabra. Perdidos en las llanuras o en las vertientes de las montañas donde apenas si llega un tortuoso camino de herradura, ellos supieron comprender el valor, lo que era y significaba el camarada cuya desaparición lamentamos.

  Suponer ahora que Seguí hubiera sido esto o lo otro, o lo de más allá; querer demostrar que Seguí estaba dispuesto a abandonar el ideario de toda su vida para abrazar esta o la otra doctrina política, será tan hábil y ventajoso como se quiera; pero no es ni digno, ni decente. Y mucho menos respetable.

   Seguí vivió en cuerpo alma para la Confederación Nacional del Trabajo. Su verbo cálido, elocuente, su gesto enérgico y decisivo, así lo expresaron una y mil veces. ¿Por qué venirnos ahora con el supuesto de si quería hacer ésto y lo de más allá, defender esta o la otra política, inclinarse por este o por el otro partido?

   Y aun en el caso de que tales hubiesen sido sus intenciones, lo digno y generoso es recordarle en estas fechas de su muerte, sería, para no empañar su memoria con abandonos y apostasías que nadie puede probar, recordarle por lo que fue y por lo que hizo. No por lo que suponen algunos que hubiera hecho después.

   Se impone, pues, camaradas todos, militantes jóvenes y viejos de la Confederación, que defendamos la memoria, el nombre, el recuerdo del camarada Seguí contra esa ola invasora de oprobio y de vergüenza con que impúdica y persistentemente se la quiere enlodazar.

   Va en ello nuestra probidad y nuestra hombría de bien. Atañe, no sólo nuestra condición de hombres comprensivos y generosos, sino la dignidad, al porvenir y a la grandeza de esta Confederación por la que, si muchos de nosotros dimos la libertad, él, como otros muchos, rosario interminable de víctimas, dieron lo último que el hombre de ideas puede dar por la que es suya y ama ardientemente: la vida.

ÁNGEL PESTAÑA

Acción, núm. 6, 22-3-1930, Barcelona; p. 1.

Benito Pabón, “el Diputado anarquista” (I)

Ser Histórico

   Llama la atención que la figura de Benito Pabón y Suárez de Urbina (Sevilla, 1895 – Panamá, 1954) apenas haya despertado el interés de la historiografía. Y es que la apasionante vida de este militante de la CNT, abogado laboralista y político, bien merece ser escrita en forma de amplia biografía o de guión de cine: defensor de los encausados de Casas Viejas (1933);  diputado en Cortes tras las elecciones de febrero de 1936; organizador y miliciano de la columna rojinegra Águilas de la Libertad durante la guerra de España; Secretario general del Consejo de Defensa de Aragón; perseguido por agentes de Stalin a causa de su participación en el proceso contra el POUM tras los Hechos de Mayo de 1937; etc.

   Natural de Villanueva del Río, era hijo del abogado Benito Pabón Galindo y María Teresa Suárez de Urbina Cañaveral. Junto con sus tres hermanas y tres…

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Benito Pabón, “el Diputado anarquista” (y II)

Ser Histórico

   Fracasado el golpe militar de julio de 1936 en Madrid, Benito Pabón fue el encargado de organizar la Columna Águilas de la Libertad, milicia de 400 hombres formada en el Ateneo Libertario del Sur, con Salvador Sediles como Consejero militar, el capitán Morales como Jefe técnico, y Francisco Tortosa y el propio Pabón formando parte del Comité de guerra como consejeros políticos. La milicia intervino en el asedio del Alcázar de Toledo, participando Pabón en el Gobierno civil de la localidad[1].

   Poco después, en octubre, a requerimiento de Joaquín Ascaso y de la Regional aragonesa de la CNT, Pabón se marchó a Alcañiz y se  involucró en el proceso formación del Consejo de Defensa de Aragón. Partidario de mantener ciertas apariencias de democracia burguesa a nivel internacional, convenció a sus camaradas de que lo mejor era legalizarlo[2]. Fue redactor de los estatutos…

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Principios, medios y fines del sindicalismo libertario comunista (A. Pestaña, 1919)

Pestaña, Á., Seguí. S. (1921): El sindicalismo libertario en Cataluña. [transcripción taquigráfica de las conferencias dadas en la Casa del Pueblo, Madrid, el 4 de octubre de 1919]. Buenos Aires: Lux; pp. 5-16.

CAMARADAS: En Cataluña es muy común, es corriente que el público que escucha al orador, sobre todo en nuestros actos, se abstenga de aplaudir; nosotros no somos toreros, nosotros no vamos a conquistar ningún pedestal, nosotros somos trabajadores.

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El posibilismo anarquista: cumbres inalcanzables, pendientes resbaladizas — Polémica

La historia del anarcosindicalismo español, como ocurre en todo gran movimiento social, se debatió siempre entre la fidelidad a sus principios ideológicos y su necesidad de adecuarse a las circunstancias de cada momento histórico. Junto a los Durruti o García Oliver, siempre estuvieron los Pestaña o los Peiró. Todos ellos hicieron de la CNT lo […]

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Los otros republicanos: el capitán Medrano (1897-1941)

Ser Histórico

A 81 años del comienzo de la revolución social española, merece la pena recordar a Eduardo Medrano Rivas (Madrid, 15 de junio de 1897 – Barcelona, 13 de febrero de 1941), militar, ingeniero y político fusilado al final de la Guerra de España. Representa otro caso de republicano maldito entre casi todas las corrientes ideológicas, un olvidado entre los olvidados: para el franquismo, obviamente; pero también para el republicanismo más burgués o el más centralista, los comunistas, e incluso los sectores más ortodoxos del anarquismo y de la CNT. 

Eduardo Medrano Rivas

   Nació en Madrid el seno de una familia numerosa de 9 hermanos y allí completó sus estudios primarios. En septiembre de 1913 ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, donde se licenció años después con el grado de teniente, que llevaba asociado por entonces el título de ingeniero industrial. Desde 1916 –quizá antes- trabajó en la Cía. de Ferrocarriles…

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Los otros republicanos: el capitán Cuerda (1901-1939)

Carlos Cuerda, militar y abogado. Nace en Torrubia del Campo (Cuenca) en 1901. Ingresa en el ejército en 1916 y diez años más tarde ya es capitán de Infantería. Masón, pertenece a la Logia Fe y Democracia nº 22, dependiente de la Gran Logia Española, en la cual también encontramos a Pedro Vallina (CNT) o a Justo Feria (Partido Republicano Democrático Federal).

Agitador durante las huelgas de 1930 en Sevilla. Proclamada la Segunda República, los acontecimientos de aquella misma noche culminan el día 15 con el asalto a la cárcel sevillana del Pópulo, en que doscientos once presos políticos y comunes son liberados. Entre ellos está el socialista Cuerda, quien capitaneaba el Regimiento de Infantería de Granada al ser encarcelado. Los manifestantes, adueñándose del centro de la ciudad, lo pasean en hombros por la avenida de la Libertad y la calle Alemanes. Al día siguiente será dado de baja del ejército[1].

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Cuerda en Sevilla, rodeado por obreros de la Unión Ferroviaria, al proclamarse la II República. Archivo Sánchez del Pando, fototeca AMS.

Secretario político de la Agrupación Socialista Independiente Andaluza, se presenta a las Constituyentes de 1931 en Sevilla, obteniendo apenas 1300 votos en toda la provincia. Poco después se adhiere a la Alianza de Izquierda Republicana, a cuyo Comité local representará en diversos actos acontecidos en Sevilla.[2] La Alianza convergerá en el Partido Social Revolucionario de José Antonio Balbontín, al cual liderará en la capital hispalense y alrededores, donde será habitual encontrarlo como orador en actos y reuniones.

El 17 de junio de 1932, a consecuencia de la conflictividad impulsada por comunistas y anarquistas contra una República tibia en lo social, es detenido so pretexto de entendimiento con los comunistas de la capital hispalense.[3]Liberado 4 días después, se desmarcará de los sucesos en carta aparecida en la prensa local donde proclama su fidelidad a la República[4].

En agosto de 1932, solicita al Gobernador que ponga a sus órdenes a los guardias de asalto y Seguridad para, con la ayuda del pueblo, de los obreros revolucionarios, hacer frente a la Sanjurjada y libertar a Sevilla de los monárquicos. La decisión es postergada.[5]

…pero en la puerta del Gobierno me cierra el paso un capitán de la Guardia civil, que tiene órdenes del general Sanjurjo de conducirme a su presencia. Me resisto, pido auxilio al teniente que manda la sección de asalto, se me aconseja que me entregue, al unísono que se retira del Gobierno la Guardia de Seguridad y de asalto, señal inequívoca del sometimiento de la autoridad civil republicana: retiradas estas fuerzas, inmediatamente la Guardia civil, fusil en mano, cierra sobre mí, conduciéndome a la antigua Capitanía general, de nuevo restablecida, seguido del pueblo, que clama por mi liberación.
Me ponen frente al caudillo. Soy yo quien emprende la ofensiva.
— ¿A qué obedece esta orden? ¿No sabe usted que el movimiento ha fracasado en España?
Aquel hombre, vacilante y perplejo, no era el dictador audaz que crea el éxito de un levantamiento. Le atormentaba la duda; preveía la derrota. Y, tras dudar me dijo con voz velada:
—Le aseguro por mi honor que el movimiento es republicano.
Y como mirase yo con recelo a su alrededor, siguió:
— A pesar de las personas que me rodean, el movimiento no va contra el régimen; se lo juro.
Estas palabras, y sobre todo el tono de su voz, me demostraron el derrumbamiento del hombre que ya no tenía otra preocupación que la de justificar su alzamiento, para así aminorar su responsabilidad. De pronto, levantando la voz, me dijo:
—Le voy a poner en libertad, a condición de que diga al pueblo que el movimiento es republicano.
Le respondí que revolucionario, no condiciono mi libertad, y que al pueblo, si me era posible, le diría que el movimiento era contrario al régimen, reaccionario y antipatriótico.
Al decretar mi libertad se doblaba a la soberanía del pueblo.
Su despacho semejaba una cámara mortuoria. Entre la doble fila de oficiales retirados y personajillos aristocráticos que componen el duelo y miran con disgusto la resolución del general pasa una ráfaga de estupor: el partido social revolucionario, en manifestación, llena la calle, clama, amenaza…
Enfurecido, gritaba yo, desde arriba:
— ¡Muera Sanjurjo! ¡Abajo la dictadura!
Y no pudiendo hacerme entender, extendí varias veces el brazo hacia los campesinos, gritando:
— ¡Adelante! ¡Adelante!
Y bajé a la calle, donde unos amigos, fraternalmente me advirtieron;
—Ten presente. Cuerda, que tú serás el primero que caiga…
— ¡Estoy alerta!—les respondí.[6]

En octubre participa en un gran mitin del PSR, en Sevilla, con motivo del I Congreso Regional del partido, donde analiza las causas, los móviles y las posibilidades de la revolución social española. Llega a la conclusión de que ésta sería relativamente fácil si se lograra formar un frente único de combate de todos los trabajadores. Concluye el discurso con un ¡Viva la revolución social![7]

Roto el partido por el trasvase de Balbontín y otros afiliados al PCE, Cuerda permanece en él junto con la mayor parte de intelectuales, médicos, abogados, ingenieros, etc. Se transforman en el Partido Social Ibérico, a caballo entre el republicanismo federal y el anarquismo. En Congreso extraordinario celebrado en Sevilla a comienzos de octubre de 1933, es elegido representante de Andalucía occidental y Extremadura en el Comité nacional y Secretario general de su Comité ejecutivo[8]. Con José María Piaya, ex capitán involucrado años antes en la sublevación de Jaca, se integrará en la candidatura conjunta con periodistas del diario madrileño La Tierra en las elecciones generales de noviembre de 1933.

En un mitin electoral en Lora del Río, explica así su concepto de revolución social:

donde no se engaña a nadie con utopías. Nosotros no ofrecemos la tierra porque la tierra debe ser del común, del Municipio, y los que os la ofrecen os engañan, porque si os la dieran, y ya se ha demostrado en algunos casos, os arruinarían. Nosotros, que toda la riqueza vaya al pueblo, y el pueblo la ordene como mejor satisfaga sus necesidades y a sus economías.[9]

También hace un llamamiento a los pequeños propietarios, víctimas de la usura, en tanto el PSI reconoce la individualidad y la exacerba en todo cuanto se manifiesta inteligente y capaz.

Unos días más tarde, en Alcolea del Río, llama a las urnas a los campesinos de la localidad para no entregar la República a las derechas trogloditas:

no es posible hacer frente en la calle a las fuerzas organizadas del capitalismo y el Estado. Hay que saltar por encima de absurdos puritanismos tácticos y emplear la única arma que imponen las circunstancias, aprovechando las elecciones para impedir la marcha de la contrarrevolución.[10]

Continúa como Secretario del PSI en el momento de su fusión con el Partido Sindicalista, el 12 de mayo de 1935[11]; de hecho, es uno de los contactos directos (se conservan cartas) de Ángel Pestaña para lograr la unificación. Medio año después, lo encontramos en el Pleno Nacional del PS, reunido el 20-1-1936[12].

En julio de 1936, cuando estalla la guerra de España, se encuentra en situación de retirado y con el rango de capitán, con residencia en Jaén (Palmas, 73), ciudad de nacimiento de su esposa. En verano de 1937 abandona su retiro e ingresa en el Ejército Popular con el rango de Comandante de Infantería. Es destinado a la 80 Brigada Mixta hasta el 20 de enero de 1938.También mandará las divisiones 21ª, situada en el frente de Andalucía, 23ª y 71ª, permaneciendo en el frente de Extremadura durante el resto de la contienda. De forma accidental, se hará cargo también de la jefatura IX Cuerpo del Ejército. Alcanza el rango de teniente coronel.

Al terminar la guerra está de nuevo en Jaén, donde es detenido por la I Bandera de la Falange de Sevilla. A través de las radios-galena, habla en la tarde del 28 de marzo de 1939 ante los micrófonos de Radio Jaén para dar cuenta de la rendición; hacen lo propio el comandante José Villagrán Gansinoto y los falangistas Blas Huerta Gutiérrez, Ángel Madrid Moreno y Alfonso Vico Escamilla, anunciando la rendición de Madrid y la liberación de la ciudad. A las 10 de la noche suena el himno nacional. La guerra ha terminado; el sufrimiento, no obstante, continuará. Ingresa preso en el convento de Santa Úrsula, de donde saldrá el 2 de octubre para ser fusilado.

Foto de portada: El capitán Cuerda, a hombros por la calle Alemanes de Sevilla. (Foto de Juan Serrano, Fototeca del Archivo Municipal de Sevilla)

Hemerografía:

– Hemeroteca digital de la BNE (La Tierra, La Libertad) y hemeroteca online de ABC.

Bibliografía y webgrafía:

– Álvarez Rey, Leandro (1996): Aproximación a un mito: masonería y política en la Sevilla del siglo XX. Ayuntamiento de Sevilla; p. 274.

– Balbontín, José Antonio (2007): La España de mi experiencia: reminiscencias y esperanzas de un español en el exilio. Fundación Pública Andaluza Centro de Estudios Andaluces, Sevilla; p. 229.

– Engel, Carlos (1999). Historia de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República. Almena, Madrid; p. 78.

– López Pérez, Manuel: “Nuevas luces para el estudio del asedio al santuario de la Cabeza. Notas y acotaciones a un documento olvidado”; en Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, año 1994, núm. 151; pp. 189-212.

– Macarro Vera, José Manuel (1985): La utopía revolucionaria: Sevilla en la Segunda República. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Sevilla; p. 136.

– Salas, Nicolás (2006): La otra memoria histórica: 500 testimonios gráficos y documentales de la represión marxista en España (1931-1939). Almuzara, Córdoba; p. 45.

-Sánchez Tostado, Luis Miguel: “Las radios de galena en la cárcel jiennense”; en https://www.sancheztostado.com/prensa_12.php. (Consultado el 15-4-2018).

– Santos, María-Cruz (2003): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”; Editorial Académica Española, Stuttgart; p. 344.

Notas:
[1] “El general Cabanellas”; en ABC, 16-4-1931, Madrid; p. 26.
[2] “Mitin de izquierda revolucionaria en Sevilla”; en ABC, 22-3-1932, Madrid; p. 26.
[3] “Se detiene e Ingresa en la cárcel el capitán D. Carlos Cuerda “; en La Tierra, 17-6-1932; p. 3.
[4] “Una aclaración del señor Cuerda”; en ABC, 23-6-1932, Sevilla; p. 30.
[5] “La lenidad de Valera Valverde” en La Tierra, 12-8-1932; p. 1.
[6] “Cómo actuamos los revolucionarios el día 10 de agosto”; en La Tierra, 13-8-1932; p. 4.
[7] “Partido Social Revolucionario. Otro grandioso mitin en Sevilla”; en La Tierra, 25-10-1932; p. 3.
[8] “Acta de las sesiones del Pleno extraordinario celebrado en Sevilla”; en La Tierra, 5-10-1933; p. 2.
[9] “En Lora del Río”; en La Tierra, 4-11-1933, Madrid; p. 3.
[10] “Carlos Cuerda”; en La Tierra, 11-11-1933, Madrid; p. 3.
[11] “Los partidos Sindicalista y Social Ibérico se fusionan”; en La Tierra, 29-5-1935, Madrid; p.4.
[12] “Pleno nacional del partido sindicalista”; en La Libertad, 21-1-1936, Madrid; p. 4.

El último Ángel Pestaña, su muerte, su entierro

Ser Histórico

De haber acontecido su muerte cuando luchaba en Barcelona, perseguido por los esbirros de Arlegui y Martínez Anido; de haber sido eliminado entonces, como lo fue Salvador Seguí, el dolor por la pérdida de Pestaña hubiese sido grande, extenso y profundo. Ahora, la pérdida es mucho más dolorosa que lo hubiese sido entonces. Sobre la persona vibrante del luchador sindicalista de aquella época heroica; sobre la ya destacada figura del hombre de entonces, se había encaramado una nueva y serena personalidad. Ángel Pestaña, en los momentos actuales, rozaba las lindes de un verdadero hombre de Estado.[1]

El 11 de diciembre de 1937 falleció en Begues, Barcelona, el sindicalista de la CNT Ángel Pestaña Núñez (Santo Tomás de las Ollas, León, 1886) tras un periodo de debilitamiento físico por enfermedad que le atormentó durante su último año de vida. Desde hace unos días, una placa colocada en un atril…

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Buenaventura Durruti y Ángel Pestaña, por Rafael Núñez Florencio, Juan Avilés Farré y Ángel Herrerín López [vídeo]

“Buenaventura Durruti y Ángel Pestaña”, por Rafael Núñez Florencio, Juan Avilés Farré y Ángel Herrerín López.

Del Seminario de Historia Contemporánea: Héroes y villanos en la historia reciente de la Península Ibérica. Salón Siglo XXI, Ayto. del Real Sitio, Segovia. 06-10-2017

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