Discurso de Á. Pestaña en el mitin de clausura del Congreso de Sants (CRT- Cataluña/ CNT, 1918)

 

En el Ateneo Racionalista de la calle Vallespir de Sants, en Barcelona, el 1º de julio de 1918.

PESTAÑA (director de «Solidaridad Obrera»). – Compañeras y compañeros: el acto que celebramos, más que un mitin, es el apéndice de las deliberaciones; la sesión magna, sublime y final del Congreso RegionaJ de Cataluña. Hubiéramos querido que las sesiones del Congreso hubieran podido celebrarse en un local amplio, donde hubiese cabido la gran masa obrera, ávida de escuchar todo cuanto
en él se ha tratado. Pero, ya que no ha podido ser así, hoy nos presentamos en este suntuoso local para consagrar ante vosotros los acuerdos adoptados.
La organización obrera de Cataluña, su genuina representación, mejor dicho, somete a vuestra aprobación toda esa labor inmensa que ha realizado la Asamblea Regional. Todos los que me han precedido en el uso de la palabra, con la elocuencia de los trabajadores, han hecho desfilar ante vosotros el Congreso que hoy termina sus tareas.
El Congreso ha señalado nuevas formas y nuevos rumbos a la organización obrera de Cataluña. No sabemos si  llegaremos a la realización de todo lo acordado; pero conste, que si a ello no llegamos, no será por falta de voluntad, puesto que nosotros hemos puesto y pondremos para conseguirlo toda la voluntad, todo el entusiasmo y toda la inteligencia que poseemos, y aquellos que dan todo lo que tienen y que hacen todo lo que pueden, no es dable pedirles más.
Hoy os decimos: Aquí está nuestra obra, os la exponemos para que nos digáis si hemos interpretado fielmente todas vuestras aspiraciones.
Si hay defectos, corregidlos; para, ello tenéis la misma personalidad que nosotros mismos, pues debéis saber y entender que no podemos imponer a los que no son iguales a nosotros nada que no sea fielmente sentido por todos, pues no vamos a la tarea de los legisladores que imponen por la fuerza, la letra y el espíritu de las leyes que promulgan, para hacerlas acatar a aquellos que ni las quieren ni las sienten.
Preveyendo (sic) acontecimientos muy próximos acaso, nos preparamos para guiar a todos, al pueblo burgués inclusive, a hacerle ver sus yerros y a que acepte ese noble y levantado ideal que ha perseguido y aun persigue a sangre y fuego.
La prensa reaccionaria proclamó el fracaso de la Internacional y sus ideas con el advenimiento fatal de la catástrofe europea. No, compañeros, no; la guerra mundial habrá podido pervertir las consciencias de algunos llamados internacionalistas; pero la Internacional y sus nobles principios persisten hoy y persistirán mañana, porque no es dable aceptar que el fracaso y la traición de los hombres sea el fracaso de los ideales que sustentaron.
No son, pues, ni un sueño loco, ni una quimera nuestros ideales; se afirman éstos cada día más, a medida que el sistema capitalista y estatal muestra el fracaso ruidoso de sus funestas teorías. Se equivocaron los mercenarios de la prensa, puesto que a medida que
el tiempo pasa y a pesar del fracaso de los hombres, emergen y se afirman esplendorosos y sublimes los grandes ideales de la redención humana.
No podréis olvidar, queridos amigos, aquellos momentos angustiosos que siguieron en Cataluña a la declaración de la guerra. La burguesía catalana, ignorante e imbécil, se asustó y tembló ante la conflagración europea, suspendiendo casi en totalidad los trabajos de la construcción y de la industria. Aún debéis recordar aquellas gestas rebeldes y justas del proletariado barcelonés, que en el Palacio de Bellas Artes estuvo a punto de ser asesinado a mansalva por esa misma burguesía incapacitada que había lanzado al hambre al pueblo.
Después de este Congreso ya no será pan lo que pediremos después del fracaso manifiesto del sistema capitalista; desde hoy reclamaremos justicia, reclamaremos equidad, y por fin, reclamaremos los medios de la producción y de la distribución, porque después del fracaso expuesto, no es dable que el proletariado se resigne a que continúe el patrimonio total de la humanidad detentado por los incapaces y los malvados. No queremos negar a nadie el derecho a la vida, pero no queremos tampoco que ese derecho se nos niegue a nosotros.

Es un fondo igual de equidad para todos lo que queremos.
Reclamamos que no se truequen los papeles y de que al igual que a la humanidad toda se nos conceda el puesto correspondiente en el banquete de la vida. Todos debemos producir. Queremos que se repartan los productos y el trabajo; no queremos privilegios, queremos la igualdad y por ello luchamos por el sistema de la equidad y de la justicia en marcha ascendente e ininterrumpida.
Luchamos desventajosamente; pero, a pesar de ello, si preguntáis a cualquier sociólogo al uso, os contestará que sois libres. Yo niego esto rotundamente, pero afirmo que tenemos un derecho indiscutible a la vida, y para conquistar este derecho, sólo nos queda, mirando la desigualdad social, el recurso legal y supremo de rebelarnos.
Coged a un aristócrata con muchos millones, encerradle en una habitación que transparenten los cristales y pedidle por un plato de alubias 1.000 pesetas; se resistirá, seguramente, a pagar tal precio por tan poca cosa, pero pasadas 24 ó 48 horas, no 1.000 pesetas sino todo su dinero os dará por el plato de judías, y si, a pesar de todo, le negáis la comida, realizará un esfuerzo, se rebelará y pateará y destrozará la vidriera, que le separa de la vida y de la libertad; aquel derecho, pues, del rico a la rebeldía, es vuestro también, compañeros y amigos. La situación de aquel rico es, pues, la situación nuestra; os dirá ladrones, pero antes de morir de hambre, pagará.
Vamos mendigando el trabajo en épocas de crisis, que se nos niega con descaro, aduciendo la falta del mismo por la competencia; cuando más se nos dirá que el salario de cinco pesetas es excesivo y que sólo se os podrá pagar a tres cincuenta; rehusaréis, rebeldes, pero el llanto de vuestros hijos y compañeras os hará volver aceptando el salario irrisorio de tres pesetas.
No hay, pues, derecho ni libertad para nosotros; o morir o rebelarnos. No queremos morir de esta forma, y por eso buscamos en la organización la cooperación de los que sufren. Por eso es
deber nuestro, por la necesidad de vivir y de conquistar la libertad, el asociarnos a todos los trabajadores, cumpliendo así la ley del equilibrio social y económico. La burguesía se une procurando extender sus negocios y sus productos al comercio, ganando el noventa por ciento. La organización obrera, pues, debe aceptar los principios acordados en el Congreso celebrado.
Pallejá[1] os ha dicho que no penséis que se trata de un Congreso más, ni de una reunión de delegados sin importancia. En el Congreso Regional se han señalado las formas básicas y orientadoras de la organización futura; hasta hoy no habíamos hecho sino seguir la corriente sin adelantar un paso en firme; el Congreso Regional ha sentado, pues, el primer jalón victorioso de una organización seria y poderosa que pondrá a raya a la preponderancia capitalista.
Aun nos adelantamos a los acontecimientos y señalamos en el orden teórico y en la práctica, ante el mundo burgués, cuáles son nuestras intenciones para el día que, siguiendo las inspiraciones del proletariado internacional, se dé fin a la horrorosa hecatombe
que ensangrienta los campos de Europa. En este orden de cosas, pues, ha demostrado la representación obrera de Cataluña que sabemos el momento que vivimos. No ignoráis que en Cataluña, por el hecho de ser la región más industrial de España, los conflictos entre el capital y el trabajo alcanzan casi siempre caracteres de violencia. La organización obrera disgregada o agrupada en pequeños núcleos era casi incapaz de imponerse a la burguesía. Los capitalistas de Cataluña procuraban, poniendo en uso el aforismo jesuítico «divide y vencerás», que los obreros divididos en una serie de oficios indeterminables, no pudieran nunca plantar cara a los
explotadores. Hoy el Congreso ha resuelto, de una forma concreta, esta modalidad de la organización obrera, llegando a la constitución de potentes Sindicatos de Ramos y de Industrias similares, y por encima del obrero sastre, del albañil o el carpintero, la
clase obrera se agrupará en grandes núcleos, poderosas falanges de productores conscientes de sus derechos y dispuestos a hacer respetar éstos en todos los momentos.
A pesar de lo expuesto, considerad que el Sindicato de Ramos e Industrias no es aún la última palabra de la organización obrera. Esta alcanzará su máximum de desarrollo el día que se llegue a la creación de los sindicatos únicos de trabajadores. Debemos prepararnos para cruentas luchas. El mundo burgués se hunde por sí sólo. No hará falta que empujemos mucho para derribar el puntal carcomido que lo sostiene. El principio de autoridad está tan relajado… (El delegado de la autoridad interrumpe intentando suspender el mitin.)


EL PRESIDENTE.
– ¡Trabajadores! La indiscreción y el poco tacto del delegado de la autoridad en este acto ha estado a punto de provocar un serio incidente; yo os ruego que, conscientes de
vuestros derechos ciudadanos, demostréis con la serenidad propia de los hombres convencidos, que el acto de la autoridad es una extralimitación injustificada. (La actitud del público fué digna como correspondía al acto que se celebraba.)

sombreroPestaña, continúa diciendo: No pretendo dar lugar a que la autoridad cometa una torpeza; pero tengo el deber y el derecho de manifestar que el principio de autoridad está podrido hasta su misma médula. Es preciso que nos demos cuenta del momento actual. Cuando el mundo burgués se derrumbe; cuando toda la escoria social inculta e inhumana que nos niega el derecho se hunda para siempre, se hará necesario patentizar ante el mundo que todos han sido aplastados por el peso enorme de sus propias faltas. No olvidemos que cuando venimos al mundo, ya contraemos una deuda con la sociedad. No somos nada, somos esclavos; cuando
hombres y cuando ancianos exprimidos por el privilegio y la desigualdad durante toda nuestra vida de miserias y sufrimientos, llevamos, hasta que bajamos a la fosa común, el estigma infamante de esta sociedad inicua y cruel.
Se hace necesario, pues, camaradas, que el día de la liquidación de las injusticias, cuando todo se hunda y se derrumbe por el peso de las propias faltas cometidas, el pueblo justiciero derrumbe los restos del régimen decrépito, aventando las cenizas para que jamás pueda reconstruirse. Después constituiremos nosotros, los más y los mejores, un nuevo régimen social donde los hombres todos puedan vivir y desarrollarse en la equidad y en la justicia.

 

 

Comicios históricos de la CNT (memoria del Congreso celebrado en Barcelona los días 28, 29 y 30 de junio y 1º de julio de 1918.) Ediciones CNT, Toulouse, 1957; pp. 87-90.

 

[1] Àngel Pallejà i Vall, anarquista que intervino en el mitin de clausura como delegado de barberos, peones, zapateros, ladrilleros, tintoreros, aserradores, herreros, carreteros, fideeros, fundidores, jardineros, agua, lampistas y jornaleros de Reus. Durante la Guerra Civil lo encontraremos –sin abandonar la CNT- afiliado al PSUC: Secretario del partido en Reus, concejal y delegado del departamento de Economía de la Generalitat. (Extraído de Íñiguez, M. (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español, vol. II. Asociación Issac Puente, Vitoria; p. 1267)

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Á. Pestaña al Gobierno del Frente Popular

   El 24 de junio de 1936, harto de la pasividad con que actuaba el Parlamento, Ángel Pestaña dirigía un ruego al Gobierno de Casares Quiroga, integrado exclusivamente por republicanos de izquierda, incluida Esquerra Republicana de Cataluña.

… quizá, Sres. Diputados, va a ser un ruego un poco fuera de lugar; pero yo, que indudablemente he llegado aquí con un poco de buena fe, solicitaría del Gobierno la clausura del Parlamento, porque hay una razón para ello. Yo he venido aquí creyendo que se iba a legislar en favor del país; yo he venido aquí creyendo que íbamos a hacer una labor que representara una satisfacción para el país, y les digo a SS.SS., con el corazón dolorido, que me he convencido de que no es verdad, porque hasta mí –antes como ahora, y ahora más que antes- llegan los clamores de la calle, llegan las angustias del pueblo, llegan los lamentos de la gente que no come, de la gente que muere de hambre, de la gente que pide justicia, de la gente que se siente aplastada, del pueblo que nos trajo aquí para que hiciéramos algo en su favor, y resulta que nos pasamos las tardes tranquilamente, discurriendo por los pasillos; yendo al bar o paseándonos por España, mientras que el pueblo perece lentamente en la miseria, en la desgana y en la injusticia.

Discurso de Pestaña

 

Yo creía, Sres. Diputados, que aquí se venía a hacer algo; y, créanme SS.SS., lo confieso, no lo veo. Nos pasamos las tardes bonitamente discutiendo, entreteniéndonos. ¿En  qué? En pequeñas cosas: en si se ha producido en Salamanca una huelga o en si hay que hacer una obra en cualquier otro punto. Mientras esto hacemos, mientras nosotros perdemos así el tiempo, el pueblo, además de no ver la justicia por ninguna parte, presencia una descomposición absoluta de los órganos del Poder, una descomposición en todas las esferas. Aunque realmente la anarquía de la que tanto se habla es una concepción filosófica, en las cuestiones de orden jurídico y social puede efectivamente estimarse que la desorganización de arriba es la anarquía, y esta anarquía, que nace aquí en el Parlamento,  yo no sé por qué, pues   desconozco el mecanismo de fuera del hemiciclo, se  extiende y se propaga constantemente por todo el país y va corroyendo los órganos que deben representar a la opinión pública. Siguiendo así, dentro de poco no habrá posibilidad de que esto sea políticamente eficaz, de que esto signifique algo interesante para la vida normal de nuestro país.

Se habla de la oposición de las derechas. Pero, ¿se puede pretender que estos señores nos den las cosas hechas? Sería insensato. Ellos defienden sus intereses, y nosotros tenemos que defender los intereses del pueblo. Ellos adoptan una actitud, adoptemos nosotros otra; ellos aducen unas razones, pues opongamos nosotros  otras razones. Pero, Sres. Diputados, trabajemos intensamente; tráiganse proyectos de ley; resolvamos algo. ¿Es que se ha olvidado que vivimos en un período intensa y profundamente revolucionario? Sin duda se ha olvidado, y el olvido de que vivimos en un periodo intensa y profundamente revolucionario hace que tomemos las cosas de esta manera tan  tranquila,  tan cómoda, tan serena, como si no pasara nada en España. Y, Sres. Diputados, en estas condiciones, actuando de esta manera, no puede haber orden ni puede haber tranquilidad en los espíritus. La violencia en la calle tiene una justificación en la lenidad con que aquí se obra. Un hombre del pueblo donde yo nací, que no era muy inteligente, me decía una vez que sabe más un carrero que veinte caballerías. Es preciso que la obra del Gobierno, que la obra del Parlamento sea el carrero, aunque la expresión resulte un poco ofensiva si se quiere, que dicte la norma política que haya de seguirse en el país. De lo contrario, si así no procedemos, esto se desacreditará más, desgraciadamente, de lo que ya está.

Si se tiene un verdadero concepto de la democracia y del parlamentarismo, si se cree en su utilidad, hace falta demostrar que la tiene, que es eficaz, que produce bien al país, y si no existe este concepto, si no se cree que sirva, que se diga francamente, y vayamos a ensayar otros procedimientos de gobierno que permitan que en España por lo menos, se pueda, trabajando, vivir con tranquilidad; porque hoy ni se trabaja ni se tiene tranquilidad espíritu, ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera, en ninguna parte. No hay en absoluto, seguridad alguna en la vida económica y social de España; no existe ninguna. Y esto, en un país como el nuestro, es de mucha trascendencia, porque si continuamos hasta ahora, la situación de España, cada día será más grave, en descrédito de nuestras instituciones será mayor, y yo me pregunto: ¿Con qué autoridad volveríamos mañana a intervenir en la vida pública y a pedir el voto a las gentes diciéndoles que nos envíen nuevamente aquí a legislar en beneficio del pueblo, en bien del país, si nos pasamos las tardes tranquilamente sin hacer absolutamente nada? Antes hemos oído hablar aquí, por ejemplo, del asunto del “estraperlo”. ¡Ya hay bastantes “estraperlos” en España! Sobra, por consiguiente, que nos ocupemos de ese “estraperlo”. Enjuiciar a un hombre está bien; llevarlo a los Tribunales cuando es culpable, también; pero no vale la pena de perder toda una tarde en eso cuando hay tantos problemas angustiosos en España que necesitan una urgente solución; cuando tenemos sin resolver el problema de la Justica, el económico, la Reforma agraria, el paro obrero, tantísimos problemas, en fin, y cuando hay gente que no tiene qué comer. Porque, señores Diputados, y esto es muy interesante, al que come, aunque sea poco, se le puede pedir que aguarde; pero al que no come, no; a ése de ninguna manera. Yo no sé si SS.SS habrán pasado muchos días sin comer. Yo sí, y por eso sé lo que es soportar esas angustias en la calle, y por eso comprendo la inquietud de quienes, no comiendo, tienen la esperanza de que nosotros hagamos algo por ellos. Yo piensa en la inquietud de estos hombres, en la inquietud de todo el país, y comprendo que ante el espectáculo que estamos dando creerán que somos iguales unos y otros.

Ruego, pues, al Sr. Presidente, que transmita al Gobierno el modesto ruego de que se traiga labor legislativa. Si las Comisiones no actúan, nómbrense otras, que para esto ha de tener autoridad suficiente el Gobierno; si las Comisiones se entretienen en discusiones bizantinas, que no se entretengan. Es preciso traer labor legislativa; es indispensable dar la sensación de que hay aquí una mayoría, un Frente Popular, un Gobierno que quiere gobernar para España y para los españoles. Jamás hubo en la historia política de ningún país una coyuntura como la que ofrece España: un pueblo deseoso de que se hagan cosas, una mayoría dispuesta a hacer cosas, un Gobierno que también está decidido a hacerlas, y se da la paradoja tremenda y monstruosa de que, aun estando estos tres elementos de acuerdo, no se hace absolutamente nada y pasamos el tiempo en esta tranquilidad paradisiaca, como si en España todo el mundo comiera y viviera tranquilamente. En fin, Sres. Diputados, he dicho antes, y repito ahora, que me duele el corazón al tener que proclamar que habiendo venido aquí, como otros, a hacer algo, ante la imposibilidad de hacer nada, si esto continua así, volveré otra vez a la calle, a decir a mis amigos: “Teníais razón; aquello no vale para nada”. He terminado.

Discurso persuasivo de Pestaña

 

(Las fotos no se corresponden con la intervención de Pestaña en las Cortes.)

Pestaña a Calvo Sotelo en el Congreso de los Diputados

Fragmento de la intervención de Ángel Pestaña durante la conocida sesión en que José Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional, expuso en su discurso de réplica una relación de incidentes acaecidos desde las elecciones de febrero, afirmando que habían causado más de cien muertos y quinientos heridos. Ese 15 de abril de 1936, Azaña había comparecido ante las Cortes para defender su programa de Gobierno.

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José Calvo Sotelo

 

…Decía aquí el Sr. Calvo Sotelo, al hablar de la quema de conventos y de iglesias: “Es que no solamente se han quemado las iglesias, sino que dentro de las iglesias se han quemado obras de arte, se han quemado imágenes de un valor incalculable, elementos de cultura que representaban un valor artístico para el país”, y con esto el Sr. Calvo Sotelo quería lanzar sobre las multitudes que han quemado las iglesias y los conventos el anatema de su ignorancia y de su incapacidad. Quizá tenga razón el Sr. Calvo Sotelo. Efectivamente, son los trabajadores, es la multitud, es el pueblo quien ha quemado las iglesias, quien ha quemado los conventos, quien ha hecho que con las iglesias y los conventos ardieran esas obras de arte; pero ¿por qué quema el pueblo esas obras, por qué se lanza el pueblo contra la Iglesia? Se ha señalado aquí el caso y yo voy a referirlo.

Era yo un niño, tenía apenas once años. Mi padre no sabía leer ni escribir, como no lo sabía en aquella época ni el 99 por 100 de los españoles; pero tenía la curiosidad de saber y cuando podía compraba un periódico y hacía que yo, niño, se lo leyera. Yo lo leía, y periódicamente encontraba sueltos como el siguiente: “Ayer, en tal pueblo de España, se subleva la multitud, quemó las casetas de consumos y después la iglesia.” Porque para el español ha habido dos cosas que ha odiado profundamente: las casetas de consumos y las iglesias. (Risas y rumores.) Esto, comprenderán SS.SS. que no es de ayer, porque yo ya empiezo a ser viejo y a tener años; la tradición continúa. ¿Por qué el español, que se ha dicho que es profundamente religioso, tiene siempre esa inclinación a quemar las iglesias y los conventos? Porque ha visto siempre en el fraile un parásito y en el cura un enemigo secular de la clase trabajadora,  de la justicia, y por esta razón es algo que está ya en el pensamiento colectivo, es algo que persiste a través del tiempo este odio a la iglesia, y unido esto a su incapacidad e ignorancia para conocer y distinguir las obras de arte, la multitud no ve en la iglesia y en el convento más que a sus enemigos; las obras de arte no le preocupan porque no las conoce; su ignorancia está en que se le ha tenido alejado de la educación y de la escuela, por lo tanto, no tiene obligación de conocer dónde está la obra de arte ni si hace bien o mal con lo que realiza; se guía por su instinto, y su instinto certero le lleva a hacer esas obras de justicia. Es preciso, pues, que tengamos presente eso.

 

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Ángel Pestaña

 

 

Foto de portada: Ángel Pestaña durante su última intervención en las Cortes republicanas. Lonja de Valencia, 2-10-1937.

La moral de aquel sindicalista

Ya no tengo la memoria de antaño. Por eso me van a perdonar que no les indique la fuente de algo que leí hace ya bastantes años. El sucedido se refiere a Ángel Pestaña, un histórico dirigente de la Confederación Nacional de Trabajo, CNT.

Cuando las fuerzas políticas antimonárquicas estaban preparando lo que después se llamó el Pacto de San Sebastián, un dirigente político catalán –tampoco recuerdo el nombre- se puso en contacto con el dirigente anarcosindicalista Ángel Pestaña para que asistiera a una reunión preparatoria en París, cuyo objetivo era preparar el advenimiento de la República. Pestaña le respondió que iría a título individual. A continuación cogió el dinero que los organizadores de la conspiración le dieron para el billete del tren, del hotel y los gastos que tuviera en París. Pestaña fue a París y, como se sabe, declinó formar parte de aquel comité. Y volvió a Barcelona.

Lo primero que hizo fue presentarse en el domicilio del dirigente catalán. Le informó de su postura en París y, a continuación, le entregó una lista de sus gastos: tanto por el tren (en tercera), tanto por la estancia (una modesta pensión) y el resto del dinero sobrante. Ni un cruasán, ni un cafelito, ni una copichuela… El dirigente le dijo: «Pero, Ángel, ¿acaso no se ha tomado usted en París un cafelito?». Pestaña, a quien se le llamaba por su poco garbo físico El Caballero de la Triste Figura, respondió: «Mire usted, lo que yo me pago en Barcelona con mi propio dinero, lo hago en todas las partes donde voy».

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Ángel Pestaña en la Cárcel Modelo de Barcelona junto a otros presos políticos, entre ellos Lluís Companys, en 1930.

O tempora o mores*. Francamente, es probable que yo me hubiera tomado un calvados a cuenta del Pacto de San Sebastián. 

Pepe Luis López Bulla.

Extraído de: http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/10/la-moral-de-aquel-sindicalista.html

*Qué tiempo, qué costumbres

El capitán Medrano (1897-1941)

A 81 años del comienzo de la revolución social española, merece la pena recordar a Eduardo Medrano Rivas (Madrid, 15 de junio de 1897 – Barcelona, 13 de febrero de 1941), militar, ingeniero y político fusilado al final de la Guerra de España. Representa otro caso de republicano maldito entre casi todas las corrientes ideológicas, un olvidado entre los olvidados: para el franquismo, obviamente; pero también para el republicanismo más burgués o el más centralista, los comunistas, e incluso los sectores más ortodoxos del anarquismo y de la CNT. 

Eduardo Medrano Rivas

Nació en Madrid el seno de una familia numerosa de 9 hermanos y allí completó sus estudios primarios. En septiembre de 1913 ingresó en la Academia de Artillería de Segovia, donde se licenció años después con el grado de teniente, que llevaba asociado por entonces el título de ingeniero industrial. Desde 1916 –quizá antes- trabajó en la Cía. de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza a y a Alicante, trasladándose después a una oficina de Barcelona, donde se encargará de todas las oficinas de la empresa allí ubicadas.[1]

En 1923 recibió la Cruz de 1ª clase al Mérito Militar con distintivo rojo por su servicio en África durante el año anterior[2]. Comienza una época en que fue habitual encontrarlo en concursos de hípica y de polo. Y en los veranos, visitó la finca isleña de Biniatzar (Bunyola, Mallorca), perteneciente a la familia de María de la Asunción Fuster Miró-Granada, palmesana residente en Barcelona con la que contrajo matrimonio en 1924  y con quien tuvo cinco hijos. Ascendido a capitán, a finales de 1926 pidió el ingreso voluntario en el 7º Regimiento de Artillería Ligera de la IV Región Militar (Cataluña).

En Barcelona, Medrano entró en contacto con círculos federalistas partidarios de la República, y en 1929, causó baja definitiva en el Arma de Artillería.[3]  En diciembre de 1930, apoyó la Sublevación de Jaca: en estrecha colaboración con el Comandante de Artillería Pérez Farrás y con el entonces Secretario del Comité Regional del Trabajo (CNT) de Cataluña, Bernat Pou[4], recorrió diversos cuarteles y visitó a las tropas dispuestas a dirigirse hacia Huesca para obtener su compromiso de no atacar a los sublevados[5].

El 14 de abril de 1931 se alineó con Francesc Macià en su proclamación de la República Catalana como estado integrante de la Federación Ibérica, acudiendo a la Diputación de Barcelona, actual Palau de la Generalitat, para prestarle su apoyo. Al día siguiente el propio Medrano hablará desde el balcón del Ayto. de Barcelona, aconsejando el mantenimiento del orden.[6]

 

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Medrano, a la izquierda, camina junto a Macià en el aeródromo del Prat de Llobregat.

Descontento por los derroteros que fue tomando la nueva República, y por la decisión de Azaña de aceptar a todos los militares y, más en concreto, por la actuación del Capitán General López Ochoa, declarará:

Yo no puedo seguir en el Ejército si he de prestar acatamiento a los jefes que hasta ahora me han estado persiguiendo por republicano, y todos los republicanos que están como yo, harán lo mismo, porque vamos a ser víctimas de sus persecuciones hasta que vuelvan sus armas contra de República.[7]

 Con el nuevo régimen, Medrano pasará a ser capitán de Artillería de la Reserva con paga, acogido a la reforma militar de Azaña de 1931.

 

Como ingeniero, quizá desde tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, dirigía la Junta de Inspección dependiente del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona que, entre otros asuntos, se encargaba de fiscalizar el servicio de Extracción de Arenas de Barcelona.  Curiosamente, el centenar de obreros que conformaba la plantilla de las playas de Can Tunis, afecto a la CNT, mantuvo un duro conflicto con sus patronos que se prolongó durante meses.[8] En octubre de 1932, el propio Medrano reclamó el pago de salarios “contra el patrono Consorcio de la Zona Franca de Barcelona”, ante el Tribunal industrial.[9] Aun así, no está claro el papel que jugó Medrano en aquellos episodios de lucha sindical; al menos al principio, es probable que no hubiera desarrollado el ideario obrerista que más tarde sí encontraremos en él. En 1935 aún seguía relacionado con el sector, recién elegido Secretario de la Asociación de Empleados del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona[10]. Unos meses antes, desde las páginas de Solidaridad Obrera se le llamaba “burócrata de las ubres del Puerto Franco[11].

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Extracción de arena en una playa de Can Tunis. Fuente: rastrosderostros.wordpress.com

El 22 de mayo de 1931 se integró en la dirección del Círculo Republicano Federal del distrito V de Barcelona. En las elecciones a Cortes Constituyentes, en convocatoria parcial[12] de 12 de julio de 1931, se presentó como  representante de la siempre dividida candidatura federal en la circunscripción de Barcelona (capital), a la que también acudía el abogado Antonio Jiménez Jiménez, quien será finalmente elegido con 32.784 votos; Medrano, con 3.439 (5,07%), no obtuvo escaño.

En los años siguientes continuó su periplo entre las distintas sectas del federalismo republicano. El 20 de noviembre de 1932 se presentó como primer candidato de la Alianza de Izquierdas por la circunscripción de Barcelona a las elecciones al Parlamento catalán, pero tampoco resultó elegido.

En abril de 1934, igual que otros republicanos como Crispín Martínez o Eusebio Sánchez, Medrano entró en el Partido Sindicalista (PS) de Ángel Pestaña, siendo elegido –entre otras cosas, por sus dotes de organizador ya mencionadas- Secretario de su primer Comité nacional.[13]

Como muchos otros militantes del PS, fue represaliado a raíz de la Revolución de octubre de 1934. Pero el procesamiento de Medrano, que había sido encerrado en Montjuich el día 12 junto a otros militares, fue dejado sin efecto a finales de año por el juez[14]. Pestaña, Presidente del PS, en octubre ya se había desvinculado de los hechos mediante un artículo aparecido en la prensa a finales de ese mismo mes.[15]A diferencia de los hechos de abril de 1931, es poco probable que, pese a la amistad que le unía a Lluis Companys, apoyara la proclamación del Estado Catalán de la República Federal Española.

Al producirse el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 pidió el reingreso en el Ejército. Parte de su familia se quedó en Mallorca, donde veraneaba.  Intentó por todos los medios traerla a Barcelona, llegando a proponer un intercambio con 3 miembros de la familia Borbón que se habían ofrecido para ello.[16]

Desde el primer momento, el Comité nacional del PS dirigió a sus afiliados durante el asalto al Cuartel del 7º Regimiento de Artillería ligera y Parque y Maestranza de Artillería (Cuartel de San Andrés). Los milicianos y milicianas, junto con la Guardia de Asalto, aprovecharon que la defensa de los cuarteles había sido encomendada a un grupo de requetés y a algunos voluntarios y empezaron su toma. Durante la noche del aquel día 19 muchos de los facciosos huyeron y, al día siguiente, cesó la resistencia. Una vez dentro, los asaltantes se hicieron con  unos 30.000 fusiles  que, más tarde, serán utilizados en el frente de Aragón.

El 23 de julio, fuerzas al mando del capitán Medrano vencieron el último foco de resistencia facciosa y tomaron los cañones del cuartel del 7º Regimiento de Artillería ligera de Mataró,  formando la primera columna de voluntarios de la localidad que marcharon al frente de Aragón[17]. En ella encontramos nombres como Joaquín Cid, Guillermo Zarraluqui, Isaías Ruiz Adalid, Ramón Vallejo, Vicente Linares, Enric Rueda (a) Rodín, Josep Montserrat o Juan Izquierdo[18], que serán conocidos como el grupo Puertaferrisa, nombre tomado de la calle donde tenía la sede la Agrupación barcelonesa del PS.

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Cuartel de Artillería de Mataró.

Medrano se hizo cargo del cuartel tomado.[19] Unos días después, desde el balcón del Ayto. de Mataró, el Alcalde, el teniente coronel Díaz Sandino, Joan Peiró y Medrano se dirigirán a la multitud.[20]

Antes de continuar, conviene tener presente la importante función que ejerció la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA) en Cataluña durante las semanas anteriores al golpe de julio. Nuestro protagonista explicó en una conferencia  que dio en Tarragona al año siguiente, cómo se enteraban de todo lo que sucedía en los regimientos de Cataluña gracias a sus adeptos, por lo que estaban al corriente de los preparativos del alzamiento reaccionario. Así –continúa-, tras la victoria de las izquierdas en febrero, decidieron relevar a los mandos de la Guardia de Asalto para asegurar su fidelidad, lo que contribuyó en gran medida al fracaso de los sublevados en Barcelona en apenas 12 horas. [21]

A ello hay que añadir el progresivo acercamiento de Medrano a los postulados de la CNT desde su incorporación al partido pestañista y, sobre todo –como tantos otros republicanos federales- a partir del comienzo de la guerra. En el citado acto de Tarragona, comenzó su discurso diciendo:

Socialmente, pertenezco a la CNT; políticamente, al Partido Sindicalista. Tomo  parte en este acto como uno de los elementos de la Revolución proletaria.

No es difícil supones, pues, que Medrano debió de encarnar un nodo principalísimo dentro del flujo de información entre los diferentes grupos durante las jornadas gloriosas de julio de 1936.

En la madrugada del 30 de julio partieron hacia el frente de Aragón 3 baterías y fuerzas de Infantería al mando del capitán Medrano. Ocuparon Angüés y Siétamo, haciendo en esta última una gran labor de fortificación. [22]

¡Lo que nos costó entrar en Siétamo! El cura se puso en el campanario con una ametralladora y 5 guardias civiles. ¡Cómo disparaba, con qué rabia nos recibía! Siétamo tardó unos días en caer por la dichosa ametralladora del cura párroco. Hasta que un día voló un avión y se dio cuenta de que iba a ser bombardeado, y aprovechó la noche para huir a Huesca. Al día siguiente pudimos entrar en Siétamo. A ver si lo encuentro en Huesca un día de éstos. Tengo empeño de conocerle de cerca. ¡Caray! No siempre se conoce a un tío tan valiente. (La Vanguardia, 28-8-1936; p.11.)

 

La artillería  participó en el bombardeo de Huesca. Nombrado ayudante del coronel José Villalba, Medrano y su columna tomaron Sta. Eulalia el 7 de agosto[23].

Medrano con Tomás Bergés

El comandante Medrano informa al coronel Villalba de los detalles de la toma de Siétamo (Huesca.) A la izquierda de la imagen, su oficial-ayudante Tomás Bergés, compañero de partido muerto en el campo de exterminio nazi de Rawa-Ruska (Ucrania) en 1943.

A mediados de ese mismo mes, voluntarios del PS salieron de Cataluña para reforzar la columna, entre ellos un núcleo importante de Sta. Coloma de Cervelló.[24] Unos días después, el partido organizó  el grupo Noi del Sucre, que se pondrá a las órdenes del ya comandante en jefe Medrano.[25] En septiembre partió la segunda centuria del grupo, que se dirigió a Siétamo con Vicente Llinares y Francisco Badenes, en representación del Comité ejecutivo y del partido respectivamente.[26]  

En el minuto 2:15 del vídeo se puede ver al camarada Medrano conversando con los milicianos.

 

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El coronel Villalba, Companys y Medrano durante una reunión en la residencia presidencial, el 11 de agosto de 1936. Fuente: portada de La Vanguardia de 12-8-1936.

El 17 de octubre fue nombrado Comisario de Defensa Militar de la Generalitat en Tarragona, cargo responsable de la defensa de la provincia y su litoral, en un intento de centralizar y organizar las órdenes, con los consiguientes recelos producidos entre sectores políticos y sindicales que desconfiaban del estamento militar. Desde entonces comenzaron a llevarse a cabo proyectos de construcción de trincheras, fortificaciones, puestos de vigilancia y baterías de costa por toda la costa tarraconense para el control de playas y puertos. Permanecerá en el cargo hasta marzo del año siguiente.

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En noviembre da una serie de conferencias en favor de la disciplina en los frentes de guerra con el título Cuatro fases de la guerra ¿Podemos ganar la guerra? Cómo se gana la guerra, que finalmente retransmitieron algunas emisoras catalanas de radio a mediados de mes. El día 5, en el teatro Bartrina de Reus, en un acto presidido por el cenetista Manuel Buenacasa, afirmó:

No he tenido jamás espíritu militar, y mi ferviente deseo es el de terminada la lucha volver a mi fuero civil, con mi profesión de ingeniero, donde he vivido voluntariamente y perfectamente a gusto por espacio de estos cinco años últimos. Pero en mi lugar de hoy sabré cumplir con el deber.[27]

El 6 de diciembre, al crearse el Ejército Popular de Cataluña, se le asignará, con grado de comandante, la 3ª División (Tarragona)[28].

Posteriormente fue ascendido a Mayor de Artillería y fue Jefe de la División 33 (División Medrano) del IV Cuerpo del Ejército –el de Cipriano Mera- hasta casi el final de la guerra[29], centrando la acción en la defensa de las costas, sobre todo la de Tarragona. En mayo de 1938 Mera le hará entrega, en Madrid, de una bandera a la 136 Brigada Mixta por la hazaña en que una sola compañía logró contener y rechazar un ataque, causando un 65% de bajas a 4 batallones enemigos:

Me congratulo de que sea el jefe del cuarto Cuerpo del Ejército el que haga la entrega de esta bandera, porque se trata de un hombre forjado al calor del pueblo, y competente en las cuestiones militares, hasta el punto de que lo considero muy superior a muchos militares de antaño […] En este instante me notifican que el comisario del cuarto Cuerpo del Ejército regala también otra bandera a la 138 Brigada; y me siento más honrado por tener una bandera regalada como premio a las gestas heroicas de cada una de las Brigadas que a mi División pertenecen. Una División catalana para defender Castilla… [30]

 

En octubre se repetirá el acto, esta vez para hacer la entrega al 543 Batallón de la 136 BM.[31] El 21 de diciembre de 1938 el propio Medrano fue condecorado, por sus heridas de guerra, con la Medalla de Sufrimientos por la Patria. El año anterior había sido operado del pie izquierdo por unas heridas sufridas en el frente de Aragón al comienzo de la guerra.

Durante el golpe de Casado  fue asignado a la sección de Propaganda del Consejo nacional de Defensa, siendo sustituido por José Luzón en la 33 División.[32]

En 1940 se entregó a las tropas fascistas que ocuparon Tánger. Tras una espera incierta, preso en Barcelona, el 11 de febrero de 1941 fue condenado a muerte en consejo de guerra sumarísimo en el castillo de Montjuïch por delito de rebelión militar. Su abogado intentó rebajar la pena en uno o dos grados por considerar que se trataba de ayuda a la rebelión militar. [33] Fue fusilado en la madrugada del 13 de febrero de 1941, probablemente en el mismo castillo o en sus inmediaciones.

Eduardo Medrano estrenó una obra de teatro en el Tívoli de Barcelona durante la guerra (28-4-1937): una comedia en tres actos, de marcado carácter autobiográfico, titulada Un mal menor. Tras el argumento de la historia de amor entre Guillermo –trasunto de Medrano-, un chico que entra a trabajar en las caballerizas de una casa aristocrática, y Mercedes, una señorita millonaria hija del dueño de la casa, laten temas  como la superioridad moral propia del hombre y no de su status social, y la regulación o limitación de la natalidad. La buena educación de Guillermo, sus modales,  su conversación, sus aficiones (es un perfecto jinete y juega al polo como el más aristocrático campeón) contrastan con la posición social que ocupa. En la entraña de la obra palpitan, además, complejas inquietudes éticas y sociales; un grito de rebeldía contra la injusticia, la vanidad y el prejuicio.[34]

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Abajo, tercero por la izquierda.

 

 

Foto de portada: El comandante Medrano durante la batalla de Siétamo.

 

Publicada en https://serhistorico.net/ el 24 de julio de 2017.

 

Bibliografía:

– Alpert, Michael (2007): El ejército popular de la República, 1936-1939. Crítica, Barcelona.

– Archilla Navarro, Àngel P. (2010): “Un nom, una imatge, una vida Eduardo Medrano Rivas”; en 25 aniversari de la biblioteca hemeroteca de Tarragona. Ed. Arola Editors i Ajuntament de Tarragona.

– Engel, Carlos (1999). Historia de Las Brigadas Mixtas Del Ejército Popular de la República. Almena Ediciones, Madrid.

– González Huix, Francisco J. (1995): El Puerto y la mar de Tarragona durante la Guerra Civil 1936-1939. Institut d’Estudis Tarraconenses Ramon Berenguer IV, Diputació de Tarragona;

– López Sánchez, Pere (2013): Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) Las Casas Baratas de Can Tunis en la revolución social de los años treinta. Virus ed., Barcelona.

– Mera, Cipriano (2006): Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista. Confederación Sindical Solidaridad Obrera y LaMalatesta, Madrid.

– Molas,  Isidre (1999): El partit “Extrema Izquierda Federal”. UAB, Institut de Ciències Polítiques i Socials, Barcelona.

– Peiró, Josep (2000): La vida ejemplar y la muerte heroica de Juan Peiró Belis. Inédita

– Santos, María-Cruz (2003): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”; Editorial Académica Española, Saarbrücken, Alemania.

 

Citas:
[1] Anuario de Ferrocarriles, 1920; p. 95.
[2] “Noticias militares”; en La Vanguardia, 12-7-1923, Barcelona; p. 4.
[3] “Reales Órdenes. Secretaría. Artillería”; en Diario Oficial del Ministerio del Ejército, 29-6-1929, tomo II; p. 868.
[4] A Pou y a Jaume R. Magrinyà, también cenetista del CRTC, Medrano les hizo entrega de 15000 pesetas procedentes del Comité revolucionario de Madrid, 10000 de las cuales se invirtieron en la compra de armas. Vid. “Cómo fué invertido el dinero entregado al Comité revolucionario de Cataluña”; en La Tierra, 28-9-1931, Madrid; p. 1.
[5] “Cómo pudieron salvarse las vidas de Galán y Hernández”; en La Tierra, 28-9-1931, Madrid; p. 4.
[6] “Aconsejando el mantenimiento del orden”; en La Vanguardia, 15-4-1931, Barcelona; p. 7.
[7] “Hablando con los jefes militares que dirigen las operaciones en el frente aragonés”; en La Vanguardia, 28-8-1936, Barcelona; pp. 10 y 11.
[8] López Sánchez, Pere (2013): Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) Las Casas Baratas de Can Tunis en la revolución social de los años treinta. Virus ed., Barcelona; pp. 129 y 130.
[9] Señalamiento 990. En “Tribunal industrial”; La Vanguardia, 19-10-1932, Barcelona; p.7.
[10] “Vida Corporativa”; en La Vanguardia, 23-5-1935, Barcelona; p.8.
[11] “Fichas políticas. Del Partido Sindicalista Nacional”; en Solidaridad Obrera, 16-1-1935, Barcelona; p.2.
[12] Elección parcial de 12 de julio de 1931 por no haber alcanzado anteriormente los candidatos votación superior al 20% del número de votantes.
[13] “Partido Sindicalista”; en Tierra y Libertad, 21-4-1934, Barcelona; p. 2.
[14] “Créese que el Sr. Badia ha psado la frontera y se encuentra en Toulouse. Los militares detenido en Montjuich”; en La Tierra, 20-4-1934, Madrid; p.3.
[15] Pestaña, Ángel: “De actualidad. Fijando posiciones”; en La Libertad, 25-10-1934, Madrid; p. 1.
[16] Archilla Navarro, Àngel P. (2010): “Un nom, una imatge, una vida Eduardo Medrano Rivas”; en 25 aniversari de la biblioteca hemeroteca de Tarragona. Ed. Arola Editors i Ajuntament de Tarragona; p. 25.
[17] Peiró, Josep (2000): La vida ejemplar y la muerte heroica de Juan Peiró Belis. Inédita; p.196.
[18] “El Partido Sindicalista en el frente”; La Vanguardia, Barcelona, 13-9-1936; p.2.
[19] “El capitán Medrano se hace cargo de un cuartel”; en La Vanguardia, 25-7-1936, Barcelona; p. 6.
[20] “Discurso del teniente coronel Díaz Sandino”; en La Vanguardia, 28-7-1936, Barcelona; p. 8.
[21] “Texto taquigráfico de la conferencia pronunciada por el capitán Eduardo Medrano anteayer en nuestra ciudad”; en Llibertat, 2-2-1937, Tarragona; p.3. Extraído de Archilla Navarro, Àngel P. (2010): “Un nom, una imatge, una vida Eduardo Medrano Rivas”; en 25 aniversari de la biblioteca hemeroteca de Tarragona. Ed. Arola Editors i Ajuntament de Tarragona; p. 24.
[22] “La columna del capitán Medrano sigue avanzando”; La Vanguardia, 31-7-1936, Barcelona; p.12.
[23] “Próxima ocupación de Huesca”; La Vanguardia, 7-8-1936, Barcelona; p.13.
[24] “Milicianos para el frente”; La Vanguardia, 18-8-1936, Barcelona; p.3.
[25] “El partido sindicalista organiza el grupo Noi del Sucre”; en La Vanguardia, 20-8-1936, Barcelona; pp. 2 y 3.
[26] “La segunda centuria del grupo Noi del Sucre”; en La Vanguardia, 29-9-1936, Barcelona; p. 4.
[27] “Una conferencia del capitán Eduardo Medrano, en Reus”; en Solidaridad Obrera, 12-11-1936, Barcelona; p.4.
[28] Alpert, Michael (2007): El ejército popular de la República, 1936-1939. Crítica, Barcelona; p. 86.
[29] Engel, Carlos (1999). Historia de Las Brigadas Mixtas Del Ejército Popular de la República. Almena Ediciones, Madrid; pág. 214. Parece que hay una errata, pues fecha el cese de Medrano al frente de la 33 División en marzo de 1938.
[30] “En Madrid, se celebra la entrega de una bandera a las 136 brigada mixta de la 33 División”; en La Vanguardia, 25-5-1938, Barcelona; p.4.
[31] ”Promesa de bandera”; en La Vanguardia, 20-10-1938, Barcelona; p.5.
[32] Mera, C (2006): Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista. Confederación Sindical Solidaridad Obrera y LaMalatesta, Madrid; p. 310. Mera se confunde al asignar a Medrano al Arma de Infantería.
[33] “Consejo de guerra contra el ex capitán Medrano”; en La Vanguardia, 11-2-1941, Barcelona; p. 7.
[34] “Teatro Tívoli. Un mal menor, comedia, en 3 actos, original del comandante Medrano””; en La Vanguardia, 30-04-1937, Barcelona; p.2.

Ángel Pestaña (1886-1937)

Ángel Pestaña Núñez nació en un pueblecito cercano a Ponferrada (León), en 1886. Hijo de ferroviario. Trabajó en las minas desde los 11 años. Huérfano a los 14. Emigró, trabajando en distintos oficios y lugares: Béjar y Bilbao, y luego en Francia: Burdeos y París. En 1906 fue devuelto a España, por viajar sin dinero ni documentación. Poco tiempo después volvió a emigrar a Francia, y en Marsella trabajó como estibador. En 1909 embarcó rumbo a Argel, donde fabricó alpargatas y luego trabajó como relojero. A raíz de la Semana Trágica de Barcelona, en 1909, empezó a colaborar en Tierra y Libertad. Al inicio de la Primera guerra mundial, en agosto de 1914, decidió marchar a Barcelona y evitar ser enrolado en las tropas coloniales francesas.

De formación autodidacta, quienes le conocieron coinciden en hablar de su carácter austero, metódico, puritano, poco locuaz e incluso áspero; así como de su aspecto enjuto, alto y delgado. Castellanoparlante, utilizaba en sus discursos un lenguaje incisivo, racional y fluido, pero frío, muy lejano al de un agitador. No dominaba el catalán, que no utilizaba en público, salvo en alguna conversación distendida con compañeros.

En Barcelona, se afilió al sindicato de la metalurgia, dado su oficio de relojero; visitó a Anselmo Lorenzo y se inscribió en un Ateneo Libertario. Pronto participó en los mítines de propaganda organizados por el Comité Regional (CR) de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y colaboró asiduamente en la prensa cenetista.

En 1917 fue nombrado director de Solidaridad Obrera y participó en la alianza CNT-UGT, esto es, del sindicato anarcosindicalista y del socialista, que declaró una huelga revolucionaria en agosto, en protesta contra el encarecimiento de las subsistencias.

En 1918 inició, desde Solidaridad Obrera, una campaña de denuncia del comisario Manuel Brabo Portillo, acusándole de agente del espionaje alemán. Los documentos publicados en la Soli el 9 de junio de 1919 provocaron la destitución del citado comisario y su temporal ingreso en presidio.

Preparó la celebración del congreso de la CNT, reunido en Madrid en diciembre de 1919. Se plantearon dos grandes cuestiones: la unidad con UGT y la revolución rusa. Pestaña se opuso a que se calificara a la UGT de amarillista, porque amarillos eran los trabajadores que trabajaban por menor salario al establecido por el sindicato, y ése no era el caso de UGT. Se aprobó una adhesión provisional a la Tercera Internacional, al mismo tiempo que se nombraba una delegación para visitar Rusia y asistir a las sesiones del Segundo Congreso de la Internacional Comunista (IC), celebrado en Moscú en julio de 1920. A su regreso los delegados cenetistas informarían para tomar una decisión firme sobre la adhesión provisional de la CNT. Esa delegación estaba formada por Ángel Pestaña, Eusebio Carbó y Salvador Quemades. El único que logró llegar a Moscú, gracias a su tenacidad, fue Ángel Pestaña. Años más tarde, escribió dos libros sobre su viaje a Rusia (reeditados ahora por Ediciones Descontrol).

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Poco antes de partir hacia Alemania, país desde el que se marchó hacia Rusia. Fuente: Mundo Gráfico.

En Moscú trató personalmente a Lenin, Trotsky y Zinoviev. Asistió a las sesiones del Segundo Congreso de la IC, sospechando que las decisiones que se discutían ya habían sido tomadas de antemano. Pestaña produjo una honda impresión en los dirigentes bolcheviques, sobre todo en Lenin, que vieron en él a un obrero inteligente y austero, dotado de un profundo don de observación y de un indomable espíritu crítico. Se entrevistó con Kropotkin y Víctor Serge, quien tuvo ocasión de advertirle de la manipulación de que sería objeto por parte de los organizadores rusos del congreso.

Intervino brillantemente en las sesiones, afirmando que un partido no hace una revolución, sino en todo caso un golpe de Estado, “y un golpe de Estado no es una revolución”. Su intervención fue cortada por el presidente por haber agotado el tiempo. La respuesta, sin limitación de tiempo, de Zinoviev y Trotsky no pudo ser replicada por Pestaña, que vio cómo se ahogaban sus protestas con argumentos burocráticos. Pestaña se asombró de que no se tomase acta de las sesiones del congreso, del voto individual en sustitución del voto por delegaciones (en función del número de afiliados) y de las discusiones entre bastidores, al margen de los debates congresuales. La aprobación del artículo 14 del reglamento de la Tercera Internacional, que establecía que las organizaciones sindicales serían representadas por el partido comunista de cada país, provocaron la marcha inmediata de los delegados puramente sindicalistas, entre los que se contaba Pestaña.

Regresó a Barcelona, tras ser encarcelado en Roma durante varios meses, que aprovechó para escribir un detallado informe sobre su estancia en Moscú, en el que condenaba al régimen soviético. Ese informe fue decisivo para el abandono de la IC por parte de la CNT, que se materializó en la conferencia de Zaragoza del 11-12 de junio de 1922. En esa conferencia firmó, junto a Salvador Seguí, Joan Peiró y Josep Viadiu, la llamada “declaración política” que ratificaba el apoliticismo de la CNT.

Ángel Pestaña encarnó, en estos momentos, una cierta oposición radical al sindicalismo puro de Salvador Seguí. Sin embargo, ambos mantenían excelentes relaciones amistosas, y Seguí apodó cariñosamente a Pestaña con el quijotesco sobrenombre de “El caballero de la Triste Figura”.

En agosto de 1922, de camino a Manresa para dar una conferencia, sufrió un atentado por parte de los pistoleros del Sindicato Libre, financiado por la patronal con el objetivo de eliminar físicamente a los líderes cenetistas. Mientras se recuperaba en el hospital, grupos de pistoleros esperaban para matarlo. Ante el escándalo, propagado por la prensa y magnificado por Indalecio Prieto, el gobierno de Sánchez Guerra se vio obligado a destituir al gobernador civil de Barcelona, Severiano Martínez Anido, y al Jefe de Policía de Barcelona, Miguel Arlegui, y además tuvo que derogar la legislación que favorecía el asesinato de los sindicalistas.

El 27 de febrero de 1923, Pestaña, como delegado cenetista, se entrevistó con Albert Einstein, tras su conferencia en la Real Academia de Artes y Ciencias de Barcelona.

El asesinato de Salvador Seguí, en marzo de 1923, y la implantación de la dictadura de Primo de Rivera, en septiembre de ese mismo año, truncaron la vía sindicalista pura y favorecieron la radicalización de la CNT. En 1924 Pestaña, Peiró y otros propugnaron la legalización de los sindicatos frente a la defensa de la clandestinidad que hacían los anarquistas. Pestaña, además, insistía en la separación radical y sin ambigüedades entre la CNT y los atracos, que asociaba con sus oponentes faistas.

Durante la Dictadura de Primo de Rivera, Pestaña estuvo encarcelado desde diciembre de 1924 hasta 1926. Las posiciones de Peiró y Pestaña coincidieron hasta 1927, cuando Peiró empezó a defender la hegemonía “espiritual” de los anarquistas en los sindicatos, mientras Pestaña se aferraba a una estricta independencia sindical.

En abril de 1930, Pestaña negoció la legalización de los sindicatos cenetistas. No firmó (como hicieron Joan Peiró, Pere Foix, y tantos otros) el Manifiesto de Inteligencia Republicana, omisión que le otorgó provisionalmente cierto prestigio entre los grupos anarquistas más radicales. El mencionado Manifiesto valorizaba la naturaleza, programa y objetivos de los líderes y de los partidos republicanos y favorecía el colaboracionismo político de la CNT con los mismos.

En el Congreso de la CNT, celebrado en Madrid en junio de 1931, fue elegido secretario del Comité Nacional. Fue el redactor del llamado Manifiesto de los Treinta, publicado a finales de agosto de 1931, que estaba firmado por el propio Pestaña y otros 29 militantes cenetistas: Joan Peiró, Joan López, Ricard Fornells, Agustín Gibanel, Josep Girona, Daniel Navarro, Jesús Rodríguez, Antonio Valladriga, Miguel Portolés, Joaquim Roura, Joaquín Lorente, Progreso Alfarache, Antonio Peñarroya, Camil Piñón, Joaquín Cortés, Isidoro Gabín, Pedro Massoni, Francisco Arín, José Cristiá, Juan Dinarés, Roldán Cortada, Sebastián Clará, Ramón Viñas, Federico Uleda, Pedro Cané, Mariano Prat, Espartaco Puig, Narcís Marcó y Genaro Minguet. El Manifiesto criticaba la excesiva influencia anarquista en los sindicatos y la táctica insurreccional alocada y sin preparación alguna.

El incremento de la conflictividad social y de la represión gubernativa, pero sobre todo la insurrección del Alto Llobregat y Cardoner, con la proclamación del comunismo libertario en Fígols, en enero de 1932, convirtió a los treintistas en “traidores” y colaboradores de la policía en la prensa anarquista controlada por los Urales y los faistas. La negativa de Pestaña a declarar la huelga general, el 9 de febrero de 1932, para intentar evitar la deportación a Guinea de los detenidos por la insurrección, Durruti entre otros más de doscientos, fue denunciada por García Oliver, Montseny y otros como prueba irrefutable de la traición treintista.

En 1933, Ricardo Sanz publicó un folleto titulado Los Treinta Judas, respuesta crítica del grupo Nosotros a las tesis del Manifiesto de los Treinta, en el que se hacía una sutil, cuidadosa y delicada crítica del reformismo de Salvador Seguí, así como un brutal y visceral rechazo de las posiciones defendidas por Ángel Pestaña.

Se produjeron constantes expulsiones de los treintistas, de carácter individual y colectivo, o incluso de Sindicatos enteros, dando origen a los Sindicatos de Oposición. En marzo de 1933 Pestaña fue expulsado de la CNT. Peiró y Pestaña fundaron la Federación Sindicalista Libertaria (FSL), constituida el 25 de febrero de 1933 como federación es esos Sindicatos de Oposición, muy fuertes en Manresa, Valencia y Sabadell. Pestaña permaneció en la FSL hasta que fundó su partido. La FSL formó ateneos libertarios, tuvo prensa propia y finalmente reingresó en la CNT en mayo de 1936, gracias al esfuerzo de Joan Peiró y Juan López, aportando unos setenta mil afiliados a esta reunificación del Congreso de Zaragoza.

En abril de 1934, Pestaña fundó el Partido Sindicalista, junto con Ricardo Fornells, Josep Robusté y otros. La fundación de ese partido fue rechazada por casi todos los militantes y dirigentes cenetistas, incluidos los más cercanos y moderados, como Joan Peiró y Eleuterio Quintanilla, y conllevó el posterior desprestigio y aislamiento de Ángel Pestaña.

Sumó su partido a la Alianza Obrera, surgida después de las elecciones de 1933, integrada por socialistas y el Bloc Obrer i Camperol (BOC) dirigido por Maurín. También participó en el Frente Popular, coalición electoral de las izquierdas, consiguiendo ser elegido diputado por la provincia de Cádiz en las elecciones de febrero de 1936. El abogado laboralista Benito Pabón fue el otro diputado del Partido Sindicalista, elegido por Zaragoza. El 19 de julio de 1936 fue detenido por los militares sublevados en el edificio de la plaza Universidad de Barcelona y finalmente liberado por el triunfo obrero sobre el ejército sublevado.

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Fuente: Mundo Gráfico.

Al inicio de la guerra civil, Pestaña se trasladó a Madrid. Fue partidario, como tantos otros, de renunciar “a todo” en aras de ganar la guerra al fascismo. Su salud, muy precaria desde el atentado de 1922, se fue deteriorando rápidamente. Se retiró con su familia al pequeño pueblo de Begues, en la provincia de Barcelona, donde falleció el 11 de diciembre de 1937, mientras su hijo continuaba luchando en el frente. Poco antes de su muerte había reingresado en la CNT. El partido Sindicalista, que había alcanzado los 30.000 militantes, no resistió su desaparición y se desmoronó rápidamente.

Agustín Guillamón

           Publicado en catalán en el número 193 de la revista Catalunya (junio de 2017)

Publicaciones de Ángel Pestaña:

Setenta días en Rusia. Lo que yo vi. Cosmos, Barcelona, 1924

Setenta días en Rusia. Lo que yo pienso. Antonio López Impresor, Barcelona, [1925]

              Informe de mi estancia en la URSS. Editorial Zero, Madrid, 1968

Lo que aprendí en la vida. Zero, Algorta, 1971, 2 vol.

Terrorismo en Barcelona (Memorias inéditas) [Manuscrito de 1923]. Planeta, Barcelona, 1977

[Muchos de estos textos han sido reeditados en facsímil por Ediciones Descontrol].

 

Fuentes:

Elorza, Antonio: Ángel Pestaña. Trayectoria sindicalista. Giner, Madrid, 1974

Foix, Pere: Apòstols i Mercaders. Costa-Amic, México, 1957

Iñiguez. Miguel: Enciclopedia histórica del anarquismo español. Asociación Isaac Puente, Vitoria, 2008

Lera, Ángel María de: Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista. Barcelona: Argos. 1978

Llarch, Joan: Obreros mártires de la libertad. Producciones editoriales. Barcelona, 1978

Martínez de Sas y Pagès (dir.): Diccionari biográfic del moviment obrer als Països Catalans. Edicions Universidad de Barcelona y Publicacions de Montserrat, 2000

Peirats, José: Figuras del movimiento libertario español. Picazo, Barcelona, 1978

Sanz, Ricardo: Figuras de la Revolución española. Petronio, Valencia, 1978

 

Comentario del bloguero:

Buen resumen de una intensa vida.  Sólo un apunte:

El partido no se desmoronó tras la muerte de Pestaña. Le sucedió en la presidencia Marín Civera, uno de los ideólogos de la organización; y Robusté hizo lo propio en el Subcomisariado General del Ejército de Tierra. Este último, a finales de 1938, fue nombrado Inspector General de Evacuación, puesto creado para secundar al Comisariado de la Sanidad de Guerra, cuyo máximo responsable era el también militante del PS Francisco Gómez de Lara. Se encargaron, junto con otros camaradas (Tomás Bergés Piñol, Josep Calvet Febrer…)  de la evacuación de heridos por todos los Hospitales de Sangre y de Campaña de Cataluña desde Barcelona hasta la frontera francesa, entre 15 de diciembre y el 10 de febrero de 1939. Según Eduardo Pons Prades, consiguieron sacar del país a algo más de 10.000 heridos de un total de 20.000.

La derrota, como en las otras organizaciones antifascistas, sí que hizo estragos en el partido. Su Comité nacional se instaló en Francia. Pons Prades hizo dos viajes a España durante los 40 para –entre otras cosas– valorar la situación de los pestañistas del interior, algunos de los cuales fueron expulsados del PS por pretender colaborar con el franquismo mediante la Organización Sindical y/o la fundación de un Partido Laborista.

Durante la Transacción, algunos veteranos junto con nuevos militantes refundan el partido y se presentan a las primeras convocatorias electorales.

 

Las fotos no coinciden con las publicadas en Catalunya.

Foto destacada: Mitin en Mestalla, Valencia, durante la Guerra Civil.

 

Una España política inédita. Entrevista a José Luis Rubio Cordón.

    El lector de ÍNDICE no necesita que le digamos quién es José Luis Rubio, la persona que responde hoy, en estas páginas, a una serie de preguntas formuladas por la revista. Sin embargo, quizá valga insistir en dos o tres puntos: se trata de un hombre con vocación sindicalista, cuyo objetivo podría resumirse en el título de un trabajo que publicó también en ÍNDICE hace años: «Un socialismo de hombres libres». Defiende, pues, un sistema revolucionario democrático, no habiendo pactado, hasta la fecha, en nada, con la política española vigente.

    Dos antiguos escritos suyos son buena prueba de esto que decimos. El primero, «Sindicalismo de hoy y de mañana» (febrero de 1961), y el segundo, «Unidad y democracia» (mayo de 1967). Este segundo no vio la luz en la fecha indicada, y se refería, ya entonces, a las Comisiones Obreras. Señalaba José Luis Rubio que «la presión jerárquica de los Sindicatos, por un lado, y los reiterados padrinazgos de Santiago Carrillo, por otro, llevaron, poco a poco, a que las Comisiones fueran siendo imposibilitadas de actuar a la luz del día, y que los Tribunales las llegaran a considerar ilegales y reprimibles. Con ello, las Comisiones Obreras, nacidas para la acción a las claras, amplia, democrática, fueron conducidas a la acción clandestina, restringida, partidista. Perdiendo, de esta forma, su libertad».

   En cuanto al texto de 1961, donde se defiende una «sociedad sindicalista», ÍNDICE le atribuyó tanta validez y mérito, que editó una separata en cuatro páginas dobles, para su difusión posterior. Y presentaba así este escrito: «Justifica el derecho de los obreros a la “cesación colectiva del trabajo” y a la “propiedad de los medios de producción”; desenmascara el en gaño del “capitalismo popular”; critica las “relaciones humanas” en la empresa —establos sanos y limpios—, y añade agudas “precisiones sobre el futuro”…»

   Piense el lector cuántos años han pasado, y juzgue por sí mismo. De nuestra parte hacemos observar que las tesis de José Luis Rubio sostenidas en la revista siguen hoy igual de vivas (incumplidas) y actuales…

   Resta añadir que nuestro amigo y colaborador ha sostenido también, desde antiguo, frente a los «europeístas», una tesis muy de ÍNDICE, resumida en este axioma: que Europa es nuestro camino, pero Iberoamérica es nuestro destino. Dicho con otras palabras: que la política exterior de España pasa por Europa sin detenerse en ella. La genealogía (el mestizaje), la cultura y hasta los intereses económicos nos enlazan y atan con los pueblos de nuestra sangre que viven al otro lado del océano. España es una pieza maestra del tercer mundo (puente geopolítico ineludible), por su biografía histórica.

   Bastantes preguntas y respuestas, en el diálogo con José Luis Rubio, han quedado apenas esbozadas; así que las dejamos para nueva ocasión. Valdrá la pena.

Rubio joven ABC


      José Luis Rubio Cordón ( Madrid, 1924 – ibídem, 2008)

QUIÉN HABLA

   ÍNDICE.— Queremos que esta entrevista, por las circunstancias españolas de hoy, tenga en ÍNDICE el debido relieve. (No es ocasión de medias verdades mezquinas, sino de ir al fondo de los problemas, ya que ante España se abre un horizonte entoldado de nubes. ¿Evitaremos que, al fin, caigan los rayos? A ver si queda sólo en relámpagos la tormenta. Comencemos, pues, José Luis, ha blando de ti, para que el lector sepa quién tiene la palabra; aunque en INDICE tú eres bien conocido, desde hace años. Y a este efecto incluimos aquí mismo un recuadro con el título de los textos que publicaste en la revista, indicando la fecha.)

   Te preguntamos: ¿Cuáles son tu genealogía y tu ideología? La primera no hay quien la modifique, pero la segunda en evidente que ha tenido que sufrir evolución con el paso del tiempo.

—Hijo de una familia media, católica y conservadora, salido del choque violento de la guerra civil —vivida de niño en Madrid, entre los doce y los quince años—, mi definición ideológica actual se ha ido formando a golpes de contradicciones, resueltas con mayor o menor esfuerzo. Hasta el comienzo de los años 50, con la gran crisis final, es una etapa de definición. A partir de entonces, los cambios han sido de matiz, precisiones y concreciones. Lo básico ha permanecido.

   En abril de 1939, en Madrid, entré —como era lógico en mis circunstancias personales— en la Organización Juvenil de FET y de las JONS, que después se convirtió en Frente de Juventudes. No reniego ni me avergüenzo de aquello, porque para mí, y para muchísimos más, aquello era lo honrado. E incluso era, derrotada la izquierda verdadera, la mayor izquierda posible, mientras que las organizaciones católicas y monárquicas eran la derecha inquisitorial. Aquello me definió ya como revolucionario, aunque a otros los definiera como conservadores o ultraconservadores.

   El proceso mental a partir de entonces, y hasta la llegada de los 50, reduciendo a esquema algo muy doloroso y dramático, fue el siguiente: En la Organización Juvenil y el Frente de Juventudes nos adoctrina ron sobre los siguientes principios: 1. La obediencia absoluta al jefe; 2. El patriotismo; 3. El desprecio declarado a las fórmulas democráticas y el miedo a la libertad política; 4. El deseo de una transformación social corporativa a la que se daba el nombre de «revolución social nacional sindicalista», y 5. El entusiasmo por la figura y el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera.

A partir de ahí, pronto empezaron a aparecer las contradicciones. Sin duda, por una funesta manía de pensar, y por no atenerme al mantenimiento del principio número 1 como lo supremo e inobjetable —como tantos otros hicieron.

   La primera contradicción se produjo entre la solución social corporativista y el amor a España. No pude evitar que para mí el amor a España fuera en primer lugar el amor al pueblo español íntegro, y ese patriotismo me llevaba a la necesidad de una justicia social que el corporativismo —pretendida armonización de capital y trabajo— no podía lograr, por no escapar del capitalismo. Sin anulación del capitalismo no había patriotismo auténtico: sólo había farsa, hipocresía. El patriotismo, o era revolucionario o era un engaño.

    Leyendo a José Antonio Primo de Rivera encontré que eso estaba ya escrito en sus textos de 1935 y 1936 —no, por supuesto, en los anteriores—. Entonces surgió la nueva contradicción: ¿cómo ser «joseantoniano» y a la vez «disciplinado»? Se oponían conciencia y obediencia. Triunfó la conciencia, y se rompió la disciplina, con todas las consecuencias. Resulté un «falangista de izquierda», un «joseantoniano puro», en mi concepto, y un traidor para los disciplinados.

    Pero quedaba todavía una contradicción por superar. En reflexión ya puramente personal —en comunión casi solamente con Nieves, mi novia y después mi mujer— llegué a comprender la oposición entre revolución y desprecio a la libertad. En una penosa meditación me convertí a la libertad. Me pareció evidente que sin libertad toda revolución se hace contrarrevolucionaria. El principio democrático me parece desde entonces —hace veinte años— algo inexcusable. Dejé, pues, de ser falangista; pero también dejé de poder ser leninista.

      ÍNDICE. — Tu «conversión» a la libertad es muy lícita, pero la libertad en sí, igual que la verdad, tiene diversas acepciones, según quien la defienda o empuñe. Avancemos un paso: ¿Es válida hoy en España una Anónimo / Entrevista (polémica) con José Luis Rubio / pág. 2 propuesta «revolucionaria»? Dicho de otro modo, ¿cómo ser «revolucionario» aquí, hoy y mañana?

   —Esa es una cuestión de la máxima importancia en nuestra circunstancia actual, una cuestión previa. Debemos replantearnos el tema. Personalmente, sí sigo considerando necesaria una transformación de carácter revolucionario, más cada día —aunque sea persona pacífica y antiviolenta—, porque seguiré sosteniendo objetivos que no se llenan con medidas reformistas mientras queden restos de disociación entre trabajo y propiedad de los medios de producción, mientras la segunda no sea un simple instrumento del primero.

    Llamarse hoy «revolucionario» es todavía muy frecuente, sobre todo en medios universitarios. Serlo, ya es cosa muy distinta. A mi edad no puedo andar jugando con esto. Tengo que plantearme seriamente el tema. ¿No puedo encontrar en el capitalismo reformado, «humanizado», un sistema aceptable, cómodo para el común de los hombres? Debo aceptar que muchísimos piensen así. El capitalismo cuenta en su haber con fortísimos argumentos: eficacia económica probada y cierto margen de libertad. Pero no puedo dejar de percibir que no ha resuelto problemas como el de la concentración del poder real —que hace que toda crisis sea un fenómeno cuyas consecuencias han de pagarlas los que no tienen ese poder, es decir, los trabajadores—, el deslizamiento hacia una catástrofe —por algo tan antihumano como es la conducción del consumo por la producción, y no a la inversa— y la explotación de los países pobres por los países ricos. Y si el problema de la miseria puede llegar a resolverlo el capitalismo, los demás problemas no puede resolverlos sin dejar de ser capitalismo. En cambio, el socialismo es socialismo en la medida que sí puede resolverlos. Y si no lo logra, es en la medida en que conserva elementos capitalistas (como la concentración de poder), en la medida que no es socialismo pleno, que es, diríamos, «tercera posición».

¿SOCIALISMO O SINDICALISMO?

   ÍNDICE. — Desde tu nacencia y tu experiencia, ¿qué estimas más útil y lógico hoy: ser sindicalista o socialista?

   —Las dos cosas: el sindicalismo es una forma especial del socialismo, como lo es el comunismo. El sindicalismo no es una «tercera posición» equidistante de capitalismo y socialismo, no. Entre otras razones, por una que hace innecesarias todas las demás: no existe «tercera posición». Sólo hay dos posiciones: capitalismo y socialismo, propiedad privada o colectiva de los medios de producción. El socialismo auténtico significa la plena socialización, económica y política, frente a la concentración capitalista. En todo caso, se acercaría más a una «tercera posición» un llamado socialismo que mantuviera importantes notas capitalistas, como la concentración de poder.

   El sindicalismo es un socialismo («socialismo de hombres libres», le llamé): el tipo de socialismo de mayor cantidad de gestión directa —no delegada— posible. (Subrayo posible, pues en el terreno de lo que a mí me parece imposible en la humanidad actual, y queda como un ideal lejano al que uno debe procurar irse acercando, aparece mucho más descentralizador aún el anarquismo.)

   Un sindicalismo autogestionario, como sostengo, significa: Autogestión de los núcleos básicos —empresas, comunidades—, dentro de las líneas generales definidas por la agrupación inmediatamente superior de estos núcleos —sindicatos, regiones—. Auto gestión de estos organismos intermedios, dentro de las líneas generales definidas por la agrupación general —o nacional— de la comunidad total. El todo —la comunidad total— decide democráticamente las líneas maestras del plan total. Dentro de este plan, cada una de las partes —de trabajo o de convivencia— establece democráticamente las líneas generales de su esfera de competencia. Y, finalmente, cada núcleo básico autogestiona su vida dentro de las líneas básicas que se le han señalado. Si la autogestión es una forma de socialismo, tiene que someterse al interés general. Y si la autogestión significa un socialismo con libertad, tiene que tener el mayor margen posible de autonomía en los núcleos básicos. De otra forma, la autogestión sería un egoísmo de grupo, un sistema capitalista de colectividades.

   Creo que, afortunadamente, así se va entendiendo. Y así avanza la idea de autogestión impetuosamente, significando el motor renovador de muchos anquilosados socialismos. No es vanidad nacional señalar que el movimiento obrero español adelantó con realizaciones concretas esta fórmula en las colectivizaciones confederales de la guerra.

     ÍNDICE. — Se habla hoy mucho, José Luis, de la izquierda y de la derecha, como ayer se habló de que «ni una cosa ni otra». Tu actitud, a la fecha, ya que no es derechista —lo cual nos consta—, ¿es de izquierda o de ultraizquierda, en el plano político?

   —Evidentemente, es de izquierda. Tiene que serlo, aunque no sea por otra cosa que para compensar la realidad. Pero no me interesa demasiado el «campeonato» de tantos por ver quién es más de izquierdas. Hay a quienes les parece lo más importante ser de la mano izquierda de Lenin, o de Bakunin. A mí lo único que me parece importante es acertar en la compenetración y el servicio del pueblo. No debemos cultivar el talante de izquierda sabia y ortodoxa, siempre acertada en sus análisis, pero siempre vencida y lacrimosa. En fin… creo ser más de izquierda cada día —porque cada día veo menos sentido al mundo capitalista—, pero cada día me siento menos de las izquierdas sectarias, antiéticas, antinacionales, dependientes de la derecha y alejadas más y más del análisis económico de la realidad. De esa izquierda amiga del Mercado Común Europeo y vuelta de espaldas al tercer mundo. De esa izquierda para la que el pueblo es como un animal de laboratorio con el que se experimenta.

rubio hoy

BIOGRAFÍA POLÍTICA

   ÍNDICE. — Muy feliz (atinada), tu última frase. Y en función de ella convendría que añadieras algún dato más respecto de tus ideas y tu conducta pública, o, lo que es igual, de tu biografía política.

   —Mi biografía política, como es lógico, corre un curso paralelo al de mi ideología. No tiene demasiado interés. Sólo lo que pueda tener de muestra de una promoción «bisagra».

   Estuve, ya lo he dicho, en las juventudes falangistas hasta 1947. Aquello fue, en gran medida, bello y generoso. No tuvimos la fase de acción antiizquierdista que tuvieron otras juventudes totalitarias, por la escalofriante razón de que la izquierda no existía públicamente. Nuestro enemigo estaba en la derecha, en lo burgués. Nosotros éramos «el porvenir». Pero era un engaño. El porvenir fue para los jóvenes burgueses. En resumen: humanamente fue positivo, pero políticamente fue una estafa.

   En 1944, un pequeño grupo de amigos, abiertos a la realidad iberoamericana, fundamos los Grupos de Agitación Hispánica en bastantes ciudades españolas. Lo hicimos a la luz del día, pero como no estábamos encuadrados oficialmente, resultamos una organización ilegal, de la que se desconfió inmediatamente.

   En 1947 vino la crisis de disciplina. Antes yo había hecho cursillos de Formación Política (fui el número 1 del primer cursillo) y había sido ase sor provincial de Formación Política del Frente de Juventudes de Madrid, puesto en el que se me cesó por des confiar —acertadamente— de mi obediencia. (Creo que estas cosas deben decirse públicamente. No debemos esconder lo que hicimos con honestidad. ¡Qué estupendo sería un diccionario de antecedentes falangistas de todos los demócratas de hoy, hecho por ellos mismos! Claro que, como decía Ridruejo, va a resultar que el único que había sido falangista era él.)

   Bien: en 1947 llegó el referéndum de la Ley de Sucesión. El pequeño grupo «hispánico», vertido sobre nuestra propia realidad, estuvo en contra, tajantemente en contra. Todo el edificio de nuestras esperanzas de transformación honda, ya muy cuarteado, se nos hundió. Por mi parte, cesó mi militancia, salí de la disciplina. Y en ese mismo año — año clave—, publicamos un manifiesto firma do pidiendo libertad de crítica para la juventud. A la vez, participábamos en las primeras rebeldías universitarias.

   Por libre, aunque todavía dentro de una línea falangista radical, colaboré en «La Hora». Y en la Asociación Cultural Iberoamericana, de cuya Sección Universitaria fui presidente. «La Hora» y la SUACI eran entonces los puntos de mayor palpitación universitaria. Allí nacieron o crecieron amistades que han seguido para toda la vida, pese a la diversidad de caminos: Miguel Sánchez Mazas, Car los Robles Piquer, Alfonso Sastre, Jaime Suárez, Manuel Calvo Hernando, Ceferino Maestú, Juan Ignacio Tena, Ángel Antonio Lago, José María Valverde, Milagros Naval, Carlos París, José G. Estefani… y aquel inolvidable Pepe Fraga.

   Después vino el trabajo y el matrimonio. Unos años de menos actividad y de más reflexión. Hasta mediados de los 50. La gran conversión a la libertad. Nuestro Concilio particular, de Nieves y mío, presintiendo el Vaticano II.

   Y en 1956, la entrada como profe sor encargado de curso en la Universidad. (Aún sigo, a los 20 cursos. En el presente ya soy «adjunto interino», es decir, expulsable en cualquier momento. ¡Gran carrera!) Desde 1957, vuelta a la acción política: formación de unos núcleos sindicalistas, integrados en la Unión Democrática de Estudiantes. La quiebra de aquello. Otros intentos y fundaciones. Y otros años de independencia activa: escritos, conferencias, libros, acción universitaria con los PNN. Finalmente, militancia en el Frente Sindicalista Revolucionario y creación de su instrumento político: el Partido Sindica lista Autogestionario.

   Pero la definición sindicalista cuenta hoy con enormes dificultades, nacidas del empleo del término sindicalismo por el sistema, un sistema que ha sido mucho más antisindicalista, incluso, que antisocialista. Pero no sería honesto desertar del nombre, que tiene un verdadero contenido específico dentro del socialismo.

LAS TRAMPAS

   ÍNDICE. — Sabes que en ÍNDICE hemos defendido, en concreto, un «socialismo sindicalista», así que nada hay que objetar en estas páginas a tu opinión. Aunque sí vendría bien descender un poco a los hechos concretos: ¿Qué perspectivas atribuyes hoy a la expresión «cambio democrático», que tanto se utiliza?

   —Veo el cambio democrático… sin pueblo. El pueblo desea la democratización, las libertades públicas, los derechos elementales. Eso es lógico, responde a una sed imperiosa. Y eso se irá produciendo, despacio, paso a paso. Pero hay que analizar cómo.

   A mi modo de ver, después de largos años en que el capitalismo español se identificó con el sistema autoritario —pues éste le permitió realizar grandes acumulaciones—, y en la misma medida en que este capitalismo se va convirtiendo en parte integrante del gran capitalismo occidental, empieza a sentirse incómodo con el sistema. Por la sencilla razón de que encuentra más seguridad para el fu turo en su inserción internacional (conexión con USA, integración en MCE y NATO), con una forma política demoburguesa, que en la continuación del autoritarismo. Un capitalismo inserto en las estructuras económicas, políticas y militares occidentales está asegurado contra la revolución, aunque tenga que hacer concesiones parciales a los trabajadores. Un intento de prorrogar el autoritarismo significaría un grave riesgo de revolución, porque a los que aspiran al cambio estructural se unen los que aspiran al cambio político: aparece como revolucionario una amplia mayoría que no lo es verdaderamente. Y una vez iniciado el proceso revolucionario, nadie podría pararlo. Entiendo que en España el desencadenamiento de fuerzas populares democratizadoras traspasaría los límites de la democracia burguesa para saltar al socialismo.

   Por eso al capitalismo español —parte ya del gran capital internacional y, por lo tanto y en última instancia, al imperialismo— se le planteaba el problema de pasar del autoritarismo a la democracia burguesa controlando el cambio, impidiendo el desencadenamiento de fuerzas populares con poder de decisión, para que el cambio se detenga en la democracia burguesa y no vaya más allá.

   Con esta intención ha maniobrado, tanto en las fuerzas del sistema como en las de la oposición, ya que no podía dejar ningún cabo suelto.

   En las de la oposición viene haciéndolo desde hace bastante tiempo, con una campaña sistemática, servida frecuentemente por intelectuales y escritores de «izquierda», que ha creado el confuso engendro del «antifascismo sin anticapitalismo» y la no menos turbia interpretación del «patriotismo como forma de reacción». Las grandes revistas del capitalismo fueron utilizadas para dar el primer paso en este propósito de ir ligando a la oposición al juego capitalista. Finalmente, se concretó en algunas alianzas de «ruptura democrática», en las que los capitalistas lograban la pasividad de los socializadores —a condición de devolverles la legalidad — durante el tiempo que los primeros necesitasen para asegurarse (USA, MCE, NATO) contra cualquier posterior aventura socializadora.

   En las del sistema —que, por ahora, se está llevando el gato al agua— se ha jugado, partiendo de la neutralidad de las Fuerzas Armadas, con la «evolución democrática» sin traumas, con el pueblo también marginado, tratando de que los seguros internacionales del capitalismo (USA, MCE, NATO) se consoliden antes de la democratización completa. Se trata de que la democracia quede instalada cuando ya las grandes decisiones estén tomadas y el pueblo sólo pueda decidir sobre lo secundario. El sistema capitalista estará asegurado, y podrán nacionalizarse algún que otro sector para contentar a los socialistas sin quebrar el sistema. La unión con la Europa de los financieros estará consolidada, estaremos en el lado de los expolia dores del tercer mundo y podremos hacer alguna fiesta de la «Raza» para hablar de que somos el «puente» entre el Viejo y el Nuevo Continente. Las bases norteamericanas y la integración en la NATO estarán consolida das, y se permitirá, naturalmente, algún lamento nostálgico por la independencia.

   No hay tanta diferencia entre la «ruptura» capitalista y la «evolución» capitalista. Van a lo mismo: el pueblo podrá decidir cuando ya todo esté decidido. Por eso creo que la hora actual exige la alineación en torno al dilema capitalismo socialismo, y no en torno al dilema ruptura-evolución. Por mi parte, estoy por la democracia antes: antes que el sistema económico neocapitalista, antes que las bases, antes que el Mercado Común, antes que la NATO… Hay que replantear democráticamente todas estas grandes decisiones que ahora se dan por supuestas.

AL TORO, NO A LA MULETA

ÍNDICE. — En tu respuesta quedan pen dientes (desdibujadas) un par de ideas en las que deberías insistir: el «antifascismo sin anticapitalismo» y el «patriotismo como reacción». ¿Tienes inconveniente en volver sobre el tema?

   —Sí. Está claro que históricamente el fascismo es la forma que adopta el sistema capitalista cuando se ve amenazado por la revolución social. Entonces, abandona las formas políticas democráticas y adopta las totalitarias. Cualquier país capitalista, por democrático que parezca, se transformará en fascista si la amenaza de revolución social es muy grave. Por el contrario, cualquier país capitalista totalitario puede transformarse en democrático si la amenaza ha pasado. La revolución social tiene que ser antifascista por ser anticapitalista. Pero ¿qué sentido tiene perpetuar como idea central el «antifascismo» cuando el capitalismo se desprende del aparato totalitario? Hay que reorientar el ataque principal contra el objetivo permanente: el sistema capitalista. Los restos de un fascismo sin misión, desprovisto de su razón de ser de defensa violenta del orden burgués, situado ya en segundo plano, deben ser combatidos en segundo lugar, sobre todo cuando se quedan reducidos a las invocaciones espirituales y nacionalistas bajo las que encubrió la mercancía capitalista. ¿Es que no está claro cómo la prensa capitalista ha venido en los últimos años magnificando el peligro «fascista» como una muleta que la salvaba de la cornada izquierdista en la propia carne?

   El antifascismo sólo tiene sentido como anticapitalismo. Un antifascismo que se ciñe a los aspectos formales y olvida los económicos es contrarrevolucionario. Me parece que esto lo vería Marx con claridad meridiana. Pero gran parte de nuestra izquierda se ha deslizado hacia la atención exclusiva al aspecto superestructural, olvidándose del económico. Ahí tenemos todo ese hinchamiento por las grandes revistas españolas del tema de los fascismos, falangismos ultras, nacionalsocialismos, y fuerzas nuevas celtibéricas, exagerando lo que real mente no tiene ya muchas posibilidades. No podemos perder el Norte: al torero, no a la muleta. Aquí hay algo de lo que yo echo encara con frecuencia a nuestros intelectuales de «izquierda», tan marxistas por definición: su falta de análisis marxista de la realidad que les circunda, de los grupos y fuerzas que les circundan. Mas parecen atenerse a criterios liberales, a interpretaciones liberales. Aunque no soy marxista —pese a que Castro Delgado dijera, sobre un texto publicado en ÍNDICE, que tenía una clara influencia—, pienso que no se puede hoy andar por el mundo sin hacer un previo análisis marxista del entorno. Nos aclara, si no todas, una infinidad de cosas escondidas bajo toneladas de palabrería. Una radiografía de la realidad inter nacional y española, hecha con el aparato de Marx y de Baran, nos descubriría todos los absurdos de la clasificación de fuerzas que se ha montado la izquierda entre nosotros. (Y no me considero libre de ese pecado. Porque la presión del ambiente es muy poderosa.)

HASTA BORRAR EL NOMBRE DE ESPAÑA

   ÍNDICE. — Hay que coincidir en tu reproche a los «intelectuales de izquierdas», etc. Sin embargo, queda pendiente el segundo punto de la anterior pregunta, el que se refiere a la noción del «patriotismo reaccionario».

   —Bueno: aquí tenemos otra historia. Entre nosotros quien dijera « ¡Patria o Muerte!» como Fidel Castro, sería encasillado sin remisión en la ultra derecha, como una especie de Millán Astray. El imperialismo ha conseguido mostrar el sentimiento nacional como un síntoma evidente de reacción. Juega con nuestro morboso es tilo de autodenigración —tan distinto al de la autocrítica—. Porque el imperialismo sabe que el patriotismo es hoy en el mundo la fuerza más rebelde a su dominio, porque el capitalismo sabe que el patriotismo lleva irremisiblemente en los pueblos dependientes al anticapitalismo, dado que por la vía capitalista no hay independencia posible y sólo hay crecimiento de la dependencia, creciente subordinación a las multinacionales. (Desde el nacionalismo de Fidel Castro se llegó a la revolución socialista. Desde el comunismo del PSP cubano sólo se llegaba a las carteras ministeriales de Batista.)

   Sistemáticamente se ha minado todo sentimiento patriótico — ¡tantas secciones y revistas de humor bien financiadas!—, tirando a degüello contra todo lo tradicional, sin distinguir entre la tradición oligárquica y la popular, lo que realmente merecía ser barrido y lo que merece ser guardado como un valor definitorio de nuestra personalidad colectiva. Se ha alentado todo separatismo y se ha ironizado sobre todo sentido unitario. El imperialismo ha sido bien servido. Hemos llegado hasta a borrar el nombre de España para sustituirlo por eso de «Estado español» —término que, por cierto, fue puesto en marcha por el régimen victorioso en la guerra civil; antes de 1947, cuando no era ni República ni Monarquía—. Lo digo rabiosamente, porque amo la rabiosa variedad regional de mi país, odio al centralismo, y pretendo un sistema federal. ¡Es suicida —ante la avasalladora realidad del imperialismo— que, cuando marxistas como el argentino Jorge Abelardo Ramos hablan de «América Latina» como una sola Nación hoy dividida por sus dominadores, nosotros nos pongamos a hablar de las «nacionalidades» del Estado español.

   Claro está que ese imperialismo ha sido servido previamente por quienes pusieron la primera piedra «justificativa» —es un decir— de esta autodenigración, con la «exaltación patriótica» de los reaccionarios, de los ultraconservadores, de los devotos de la tradición oligárquica y antipopular, de los «patriotas» defensores de la colonización económica…, de todos los que han ido haciendo aborrecibles tantas palabras nobles, los que se apropiaron de la «Patria», como se apropiaron de las fincas, y hasta de la Iglesia.

UNA JAULA MÁS DORADA

   ÍNDICE. — Siguiendo con el análisis, y para ser escuetos, he aquí una nueva pregunta, simple, pero no inútil (baldía): ¿Crees posible ya una democracia burguesa en España?

   —Desde hace años vengo sosteniendo, sobre todo cara a la integración con la Europa occidental, la tesis de que España, que no hizo en su día, a su tiempo, la revolución democrático-burguesa (para la que eran necesarias la reforma agraria —redistribución de la tierra y creación de base estable campesina—, y la reforma mental —aceptación de la pluralidad de ideas por la gran mayoría y supe ración del talante inquisitorial—), si ahora, en nuestro tiempo, se ponía a hacerla, iría irremediablemente más allá: al socialismo. Estábamos más acá que Europa. Pero si dábamos popularmente el salto, iríamos más allá forzosamente.

   Ahora me doy cuenta de que sí, eso era verdad; pero sobre el supuesto de que el paso democrático fuera producto de una movilización popular, fuera protagonizado por el pueblo, una conquista suya frente a las resistencias oligárquicas. Porque podía haber otra salida. Podía quedarse el impulso en el nivel demoburgués, sin llegar al socialista. Simplemente con este procedimiento: hacer que la democratización no fuera un paso popular, una conquista frente a la oligarquía, sino una concesión de esta oligarquía, un sacrificio del aspecto político de la concentración del poder a fin de garantizar algo más sustancial: el mantenimiento de su aspecto económico, sin abandonar nunca el control del proceso.

   Esa es la vía que se está imponiendo. La democracia se otorga por la propia necesidad del sistema eco nómico, no por la fuerza de la calle, no por la presión del pueblo —aunque ésta exista—. El pueblo no es el protagonista. Y, por lo tanto, no podrá llevar el proceso hasta su más democrático desenlace: la democratización económica.

   Así como hemos tenido una industrialización sin reforma agraria previa —contra todos los «manuales»—, tendremos una democracia burguesa sin que en ningún momento el «demos» haya sido la fuerza decisiva. No saldremos de la oligarquía de fondo. Pasaremos de una oligarquía torpe y agotada a una oligarquía revitalizada e inteligente. Eso será todo. El trabajador tendrá una jaula más dorada. Naturalmente, es preferible esto a la cerrazón política. No digo lo contra rio. Lo que digo es que el dorado de la jaula no debe adormecernos. Que nunca debemos rendirnos en el pro – pósito de llevar el proceso hasta su desenlace definitivo.

   ÍNDICE. — Vamos a citar un nombre polémico, el de Fraga: ¿Piensas que camina en la dirección que tú señalas, hasta su «desenlace definitivo», la iniciativa política de Fraga, digamos su «programa»?

   —Ante Fraga tengo dos sensaciones distintas, hablando desde un punto de vista personal. Fraga me da miedo, por su talante inclinado visceralmente a la concentración del poder. Al mismo tiempo, siento un gran afecto por él, por sus cualidades humanas y porque tiene una seria intención de servir a su pueblo —tal como él lo entiende, lógicamente.

   El proyecto de Fraga coincide en este momento con el interés de los directores económicos. Es el hombre que precisan: el democratizador autoritario, el hombre que conducirá el proceso sin dejar que el proceso le conduzca.

   La cuestión estriba en que Fraga —en cuyo fondo hay una ferviente voluntad de hombre de Estado «para todo el pueblo»—, llegado un determinado momento, decida entre ser instrumento de la minoría o inclinarse hacia la totalidad, iniciando algún tipo de socializaciones y de controles de aquélla. Claro que, de elegir esa segunda vía, corre el peligro de que se prescinda de él. Ya en el gabinete actual es sólo una parte dentro de una coalición de sectores (Defensa, centro democratizador, empresa privada, Movimiento, bajo la presidencia de Arias). Fraga tiene que ir fortaleciendo su posición: y si no quiere respaldarse en la empresa privada tendrá que respaldarse en la masa general del país, empezando por unos sindicatos democratizados de verdad. (Por eso, aunque no se hable de ello, el pequeño rincón del Movimiento en el Gobierno es hoy una pieza clave de todo el juego. Si, desaparecido el control de Franco, se pone a jugar a la «izquierda», tan tardíamente, frente a la empresa privada, ¿cuál va a ser la posición de Fraga?)

PODER OBRERO Y DEBILIDAD OBRERA

   ÍNDICE. — En ÍNDICE tenemos un punto de vista respeto de la posición que tú señalas, pero no es éste el momento de volver aquí sobre un tema tan espinoso… Quizá Fraga canceló el crédito que tenía ayer en el país, para abrir, antes de que Franco muriese, una nueva «cuenta corriente». ¿Le sería rentable? He aquí lo que está por ver.

   Y, volviendo a los temas de fondo (básicos), ¿de qué instrumentos disponen, a tus ojos, las clases trabajadoras para oponerse al dominio de la oligarquía económica, mermando su poder de hecho?

   —Creo que el único posible es la unidad sindical. Ya en ÍNDICE se conoce bien mi insistencia en esto. Siempre he defendido el instrumento de una unidad sindical libre y democrática, la ocupación del gran aparato sindical por los trabajadores. Incluso en mi defensa en su día de las Co misiones Obreras —hubo un número de ÍNDICE retirado por unas declaraciones mías en este sentido, precisamente por Fraga—, esta defensa se hacía por la necesidad de la existencia de unos organismos públicos y de todas las tendencias para dar la batalla desde fuera con este fin. Después las Comisiones fueron ilegalizadas y se parcializaron muchas.

   Hay padres ricos que regalan a sus hijos costosísimos juguetes mecánicos, pero que no se los dejan tocar, porque podrían romperlos. Así hizo el sistema durante muchos años con los trabajadores. Paralelamente a la enorme contracción dé salarios reales en los años 40, y la enorme acumulación capitalista que esto significó, una parte de lo sustraído se destinó a montar inmensos tinglados sindicales, de Montepíos y Mutualidades, de Seguridad Social, de Universidades Laborales… Se creó un ingente patrimonio, una poderosísima Organización Sindical, un instrumento de una capacidad financiera extraordinaria. Pero, eso sí, manejado por el «padre», por la Administración. Las peticiones obreras se atendían hasta donde debieran atenderse, y las inversiones obreras iban a donde deberían ir. La Administración, como un «padre», tutelaba los intereses de los trabaja dores «menores de edad».

   Ahora parece que estamos en tiempos de democratización. Hay que invertir la pirámide. Los «menores de edad» pueden entrar a gozar de sus juguetes. Y en esta hora, aparecen dos tentaciones cara a este inmenso aparato sindical (con sus aledaños). Primera: la de dinamitarlo, como una violenta reacción a tantos años de control sindical. Segunda: apoderarse de ella un grupo político concreto: establecer una nueva dictadura sindi cal. La primera salida está auspiciada por el capitalismo democrático, terriblemente «antifascista» ahora, y por los nostálgicos de la República, quienes estiman que el primer problema de los trabajadores es la recuperación de las «Casas del Pueblo» y los «Ateneos obreros». (No los coloco en el mismo lugar, que conste. Ni digo que estén movidos éstos por aquéllos. Lo que pienso es que la nostalgia puede ser una nueva forma de alienación, desconectada del pensamiento obrero actual.) La segunda salida parece auspiciada por los defensores de una «unicidad» a la portuguesa.

   Creo, por el contrario, en la necesidad de evitar esas dos salidas: conservando el poder (económico, político, social) con la unidad —la única que permite mantener el patrimonio—; asentando esa unidad en lo único que hace a una unidad verdadera: la democracia y el pluralismo de tendencias; e incrementando la fuerza unitaria, la potencia de la unidad, con la reconquista de otros patrimonios obreros: de la Seguridad Social, los Montepíos y Mutualidades, y sus ingentes inversiones.

   El poder de estos sindicatos unitarios —con democracia interna y juego libre, desde el nivel de empresa, de las diversas tendencias obreras— es el único que puede desafiar con eficacia a las grandes concentraciones capitalistas. Ese será el «poder obrero». La división será la «debilidad obrera».

¿DEMOCRACIA BURGUESA O DE TRABAJADORES?

   ÍNDICE. — No obstante lo que tú dices, la mayoría de tus amigos «ugetistas» y «cenetistas» son defensores de la pluralidad inicial, según se desprende de las encuestas llevadas a cabo por las revistas «Sindicalismo» (núm. 9) y «Discusión y Convivencia» (núm. 2).

   —Así es. Y lo lamento enormemente. Porque ellos representan la mejor herencia de un sindicalismo democrático. Espero que acaben convenciéndose. O mejor dicho, espero que pierdan el miedo.

   En todas esas contestaciones pluralistas no hay más que una aceptación decepcionante de la sociedad demoburguesa, según el modelo de la Europa occidental. Sólo se trata de «homologarnos» en lo sindical, tanto como en lo político. Ese es el techo de las aspiraciones aparentemente.

   ¿Dónde queda una aspiración revolucionaria? ¿Dónde se esconde el deseo de sobrepasar esa democracia burguesa e ir a una democracia de trabajadores? Francamente, en esas contestaciones pluralistas, no aparece un átomo de esa aspiración.

   Si se planteara ese ansia de transformación honda, entonces el tema —aquí y ahora— de la unidad sindical se vería de otra forma muy distinta. Se vería que vamos, en lo político, a una homologación con los países comunitarios: democracia neocapitalista sin el más leve peligro revolucionario, ni aun con gobiernos «socialistas». Y que ello exige pluralidad de partidos, y pluralidad sindical allí donde los trabajadores conserven aún fibra combativa por una sociedad distinta. Eso es lo que aparece en el Mercado Común y eso es lo que debe ser aquí. Pues eso es lo que conviene al capitalismo.

   Esa pluralidad sindical es lo que acabará viniendo, sí no la impedimos a tiempo. Acabará viniendo, no porque la quieran los trabajadores socialistas o anarcosindicalistas de las encuestas; vendrá porque la quiere la plutocracia de dentro y de fuera.

   Pero da la casualidad —insisto nuevamente en lo dicho antes— de que el trabajador español tendría una oportunidad de poder que oponer al poder capitalista, de un poder colosal, como no lo tienen los sindicatos de ningún país occidental: el poder que representa la Organización Sindical de hoy más el de los Montepíos y Mutualidades y sus enormes inversiones. Si se quiere plantear un reto socialista obrero al capitalismo español, esa es la gran oportunidad del sindicalismo, no la que proporcionen los partidos de izquierda —necesarios, por supuesto— y los sindicatos divididos.

   Esta es la ocasión. Hay que recabar la herencia unitaria de cuarenta años de régimen, como un factor tan irrenunciable como la solidaridad socia lista de la UGT y la pasión revolucionaria de base de la CNT. Precisa mente ahora, cuando esa maquinaria sindical poderosa podría pasar —debe pasar— a manos de los trabajadores. (El sueño de una unidad sindical fu tura nacida de la división ahora, es un sueño alcanzable solamente en un mañana lejano, y sobre unos sindica tos totalmente profesionalizados, ajenos ya a cualquier idea de transformación social.)

   Es suicida destruir una máquina poderosísima —de organización y de capacidad económica—, montada sobre el sacrificio de los trabajadores, precisamente en el momento en que sería posible forzar su transformación de aparato de control en arma de ofensiva. ¿No es claro como la luz del sol que son, precisamente, los que más se han beneficiado del Sindicato -Control los que más claman ahora contra la unidad sindical, contra el Sindicato-Poder obrero?

   La unidad sindical va a continuar una temporada en la etapa de transición, por la inercia de tantos años de sistema, porque tal vez se la pueda ordeñar un poco más en el bache económico por el que pasamos; pero después será rota por el capitalismo para la «homologación» con Europa, en la medida que vaya amenazando ser conquistada por los trabajadores.

   Nos quedan unos meses para forzar el paso a la libertad sindical con unidad, partiendo de la unidad. Antes de que nos hagan la libertad con pluralidad, y quedándonos sin poder.

   Sin duda el temor de muchos —por eso me refería al «miedo»— es el posible control de la unidad sindical por el comunismo, a la portuguesa. Pero no se puede combatir la estrategia revolucionaria comunista con una estrategia burguesa. Hay que combatirla con otra estrategia revolucionaria: la de una acción sindical controlada por la base, con pluralidad de corrientes ideológicas, pero con mantenimiento y ampliación de la unidad y la potencia sindicales, y con objetivos de total transformación social. Si no la tuviéramos, ¿cómo oponernos a quien dice tenerla? Un pacto sindical en este sentido de todas las corrientes obreras socialistas y democráticos, ¿cómo no iba a superar con mucho a los no democráticos? Hay que perder el miedo.

   ÍNDICE. — No basta, amigo José Luis, con «perder el miedo». Hay que utilizar, a la vez, la inteligencia. Y ello no resulta ya tan fácil ante un enemigo avisado y viejo, con «el colmillo retorcido», cual es la oligarquía. Y en este sentido lo primero que necesita saberse es cómo lucha la oligarquía, a escala nacional y mundial, contra la unidad de los trabajadores.

   —Por todos los caminos se va a la pluralidad, a la división de los trabajadores. Naturalmente, en forma más o menos directa, alentando la idea de que lo único verdaderamente democrático es partir de la división, para conquistar después la unidad —que ya la impedirán ellos con mil maniobras—. Pero hay otras formas más sutiles. Estas, por ejemplo:

   El forzamiento hasta límites inverosímiles de la idea regionalista o «nacionalista»: los autonomismos de las regiones ricas están convenciendo a todo el mundo de que la unidad interclasista de cada región tiene prioridad sobre la unidad de la clase trabajadora de toda España. Los banqueros autonomistas andan en esto desmelenados.

   El olvido total que todos los gran des grupos políticos tienen del factor esencial de nuestro tiempo, que es el imperialismo. Lo que quiere decir que se olvida —interesadamente— la necesaria unidad entre todas las clases y pueblos oprimidos del mundo frente a las clases opresoras de todos los pueblos.

   Y también la imposición de idea de unidad europea occidental —unidad esencialmente capitalista—, como un supuesto dogmático, incontrovertible, que nos vincula a un grupo de naciones dominantes y expoliadoras del tercer mundo, y enfrentados con éste.

   En resumen: se rompe la unidad de los trabajadores —se nos «desclasa»— en nuestra visión de la organización interior de lo que llaman el Estado español, y en nuestra visión de las relaciones de ese Estado con el mundo, de nuestro puesto en el mundo: el obrero catalán debe estar antes con el banquero catalán que con el trabajador del resto de España, y el obrero de toda España debe estar antes con el banquero europeo que con el subproletario de los países dependientes…

EUROPA, NO; AMÉRICA Y ¡YA ESTÁ BIEN!

   ÍNDICE. — Otro tema. En cuanto dice relación a la política interior hoy suele estar de moda en Europa la «regionalización»,… (Hasta en la centralista Francia existen notables tendencias que mueven al reconocimiento de la personalidad —al menos económica— de sus diversas zonas. ¿Convendría modificar la política hasta aquí seguida por el Estado español, potenciando a las diversas regiones? Y, de elegir esta segunda alternativa, ¿cuál tendría que ser el límite del «des centralismo»?

   En resumen: ¿piensas que es lícito un régimen especial para ciertas regiones —como Cataluña y el País Vasco—, o lo justo sería una reorganización global, gracias a la cual se organice España en sectores con rasgos y problemas comunes, para los que se busquen soluciones específicas?

   —Se habla de regiones, y de nacionalidades, de factores de diferenciación. Personalmente no me mataría por una cuestión terminológica, pero creo que los factores diferenciales en este caso señalan la existencia de regiones diferentes y no de naciones diferentes. Me parece que una «nación» es un conjunto humano con capacidad de acción histórica. Si no se tiene esa capacidad, no se es nación. Por eso llamo nación a España —al conjunto de todas las regiones que componen España— y no a cada una de sus partes. Incluso España ya se ha quedado corta como nación, y ha de integrarse en una entidad superior, más amplia, que tenga aquella capacidad. A la mayoría se le ha impuesto la idea de que esa entidad superior es la Europa occidental. Yo creo que nuestra unidad superior es Iberoamérica. Es una evidencia. México es mi ámbito cultural. Y Bonn, no lo es. ¡Porque empiezo por no entender el alemán! París ya está relativamente más cerca, y Roma aún más; pero muchísimo menos que Buenos Aires. Eso es así. Rotundamente. Y sólo la autodenigración nacional imperante —insisto en que no hablo de autocrítica— puede hacer que hablemos de nuestro ser colectivo sin hablar de América, de nuestro futuro sin hablar de América. Que es como hablar de Goya sin hablar de sus pinturas. No hay España sin América, con sus luces y sus sombras… Claro que siempre hay quien se sonríe y dice: ¡Ya está aquí un nostálgico del Imperio! Y lo que yo quisiera es al revés: que fuéramos el virreinato mexicano de la Vieja España.

   Pero, volviendo a la cuestión regional: Soy todo lo contrario de un «centralista», y más de un «uniformador». Quiero exaltar las diferencias, y porque tienen tantas diferencias, amo tanto a los pueblos vasco y catalán. En eso no he variado. Incluso recuerdo mis grandes polémicas con Federico de Castro, allá en los años 40 de estudiante, cuando él atacaba en su «Civil: Parte general» a los derechos forales. Yo le contestaba rabioso y violento defendiendo la licitud de la variedad. Claro que no de palabra, sólo en los márgenes de su libro. ¡En aquellos tiempos no se discutía con el profesor!

   En esto llego hasta un federalismo, hasta una autonomía de las regiones que no rompa la unidad histórica del conjunto. Pero de todas las regiones igualmente. Y sin admitir el derecho de ruptura, de separación —por la misma razón que no admito que una fábrica autogestionada se independice de su sindicato de producción, ni ad mito que un taller se independice de su fábrica autogestionada—. La autonomía sólo llega hasta donde lo permite el plan general del conjunto. Y el plan general del conjunto no debe llegar más allá de lo absolutamente imprescindible.

   Creo que ahora se hace mucha demagogia regionalista cara a las regiones ricas y desarrolladas. Y debiera tenerse una mayor honestidad. Sobre todo desde cualquier izquierda socialista. ¿Cómo suprimir privilegios de clase y asentar privilegios de región? ¿Cómo establecer la autonomía de las regiones ricas y el sometimiento al régimen común de las regiones pobres? Aclaremos si vamos a dar a aquellas regiones la suficiente autonomía para que no podamos introducir en ellas ninguna medida hondamente socializadora dada para el conjunto. ¿No se estarán preparando sus burguesías, con las invocaciones y reclamaciones «estatutarias», con el compromiso de respetarlas adquirido por algunos sectores socialistas, para emplear esta defensa? Aclaremos si la riqueza de las regiones ricas no va a salir de las mismas, pero sí podrá salir la riqueza de las regiones pobres hacia las primeras.

   Cataluña, Euzkadi y Madrid —no Castilla— se llevan la parte del león en el reparto nacional. Llevando las cosas hasta su caricatura, podría decirse que el centralismo de Madrid es la superestructura política de la dominación económica de toda España por sus regiones ricas. Claro que el centralismo se pasa con frecuencia en el orden cultural y llega a salvajadas inauditas. ¡Dios mío: la retirada de lápidas en vasco en algunos cementerios! Se enciende uno de indignación. Y se une a los que protestan. Y les agradece la lección de su tenaz resistencia a una aculturación castellanizante. Pero, también, ¡Dios mío!, que no aprovechen todo esto, al final, los industriales y los banqueros.

   Exalto los sentimientos y los actos de defensa de la personalidad regional. Son un ejemplo, repito. Todas las demás regiones les debemos por ello agradecimiento a las abanderadas del regionalismo. Pero en el análisis eco nómico hay que ser frío. Y ahora sabemos —después de tanto estudio sobre la «teoría de la dependencia» — cuáles son las relaciones reales entre países dependientes y países dominantes. Y mucho de ello se puede trasladar al terreno interregional: cómo unas zonas se enriquecen con su trabajo, pero también con los capitales, las materias primas y la mano de obra de otras. Y cómo en estas otras una oligarquía retardataria impide toda rebelión.

   Dejemos esto, porque iría muy lejos. Yo, por ejemplo, soy extremeño de la «diáspora» —de la provincia 3, como se ha dicho en Cáceres—. Pues algún día, con unos cuantos extremeños más, nos vamos a liar la manta a la cabeza y, al grito de «¡parlemos castúo!», y bajo la bandera de Extremadura —azul de la aventura universal, parda de la tierra y verde del mañana—, nos vamos a lanzar un «Manifiesto antiimperialista extremeño» para poner muchas cosas en su punto. Porque ya está bien de aguantar, dando brazos, materias primas, capitales, «txikis» y guardias civiles para el juego centralismo-separatismo, contemplando la desertización propia.

«SOMOS —A MUERTE— LO IBERO»

   ÍNDICE.— Dejemos a los extremeños quietos, hasta que llegue el momento de que se movilicen nuevamente. Puede que no tarde mucho… (Cuando España tiene algo que hacer los extremeños no se quedan atrás, sino que avanzan… Y ahí está América para probarlo.) Por hoy no puede prolongarse más nuestro coloquio. Quedan pendientes bastantes preguntas —dejémoslas para otra vez—. Como final querríamos preguntarte ahora, de manera concisa: ¿Cómo querrías tú que llegue a ser la España del año 2000?

   —Desearía, por supuesto, poderla ver. Y ver en ella un Estado de la Federación Ibérico-Americana. Y en la Federación un ejemplo humano de convivencia mestiza: entre culturas occidental y oriental, entre razas, y con socialismo y libertad. Con sindicalismo autogestionario, por su puesto.

   Desearía no ver un adarme de capitalismo, de centralismo, de dependencia. Desearía no ver un adarme del talante sectario e inquisitorial que nos ha distinguido, el fin de los corazones helados por una u otra parcialidad.

   Creo que todo ello entra dentro de lo posible. España está por decidir. Este es un pueblo —una unidad histórica de pueblos— aún enormemente inédita. España está por definir. Tenemos esa suerte ante los nuevos tiempos, que no hay que reducir al mañana inmediato de los políticos ramplones, sino que hay que mirar mucho más allá. Podemos optar todavía. Por el socialismo —por varios socialismos— o por el capitalismo. Por el occidentalismo o el neutralismo. Podemos optar por el marco occidental europeo, o por el marco mes tizo tercermundista —y más concreta mente por el verdaderamente nuestro, el iberoamericano—. Podemos seguir las pautas trazadas por los demás, o abrir nuestro propio camino.

   Los miopes —interesados— nos quieren demostrar que no hay opciones distintas, que estamos definidos y decididos, que somos un país encarrilado, destinado al asilo de ancianos. Que somos irrevocablemente capitalistas —con algún posible toque socializante, por supuesto— e irrevocablemente europeos comunitarios —con algún toque de «Hispanidad» los 12 de octubre, por supuesto. No estoy de acuerdo. Pienso como Celaya, ese radical vasco, radical español —autor de la letra del canto nacional de los españoles— que «somos bárbaros sencillos, somos —a muerte— lo ibero, que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero».

[Esta entrevista apareció publicada en la ya desaparecida revista Índice, núms. 391-392, Madrid, 1/15 de febrero de 1976, págs. 2-11. En la página 3, en un recuadro aparte, puede leerse: «RESEÑAMOS aquí, para noticia del lector, los textos que José Luis Rubio publicó en ÍNDICE: “Nuevo mito del hombre barbudo” (1960), “Sindicalismo de hoy y de mañana”, “Actitudes ante la revolución de Iberoamérica” y “Los datos desnudos” (1961); “Razones de un desacuerdo” (1962); “Un socialismo de hombres libres”, “Sindicalismo y desarrollo económico español”, “Un poco de socialismo” y “Las clases internacionales” (1963); “Paredón para lberoamérica” (1964); “¿Monarquía, República?” (1966); “Sindicalismo y comunismo: éticas de lucha” (1967); “Sociedad del bienser frente a sociedad del bienestar” (1968); “La lucha ideológica en la ciudad del consumo minoritario”, “La lucha ideológica en la ciudad del consumo en masa”, “Los cauces de la lucha ideológica en la ciudad” y “Unidad y democracia” (1971); “Viejos y nuevos empresarios”. Encuesta (1972); “Europa. Razones de un desacuerdo” y “A los universitarios extremeños” (1973); “Aproximación a la revolución peruana” (1974) y “Ejército y política en el Perú” (1975)».]

Benito Pabón, “El diputado anarquista” (2ª parte)

 

Benito-Pabon

Benito Pabón durante su época de profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá.

Fracasado el golpe militar de julio de 1936 en Madrid, Benito Pabón fue el encargado de organizar la Columna Águilas de la Libertad, milicia de 400 hombres formada en el Ateneo Libertario del Sur, con Salvador Sediles como Consejero militar, el capitán Morales como Jefe técnico, y Francisco Tortosa y el propio Pabón formando parte del Comité de guerra como consejeros políticos. La milicia intervino en el asedio del Alcázar de Toledo, participando Pabón en el Gobierno civil de la localidad[1].

Poco después, en octubre, a requerimiento de Joaquín Ascaso y de la Regional aragonesa de la CNT, Pabón se marchó a Alcañiz y se  involucró en el proceso formación del Consejo de Defensa de Aragón. Partidario de mantener ciertas apariencias de democracia burguesa a nivel internacional, convenció a sus camaradas de que lo mejor era legalizarlo[2]. Fue redactor de los estatutos y disposiciones que crearon su marco legal (El Consejo de Defensa de Aragón. Motivos de su constitución), donde se establece la necesidad de contar con un organismo rector de las actividades sociales, económicas y políticas del territorio ante la inexistencia de un Gobierno civil, Diputación y demás instituciones. También se acordó el sometimiento de las columnas de milicianos que ocupaban el territorio a una disciplina para sostener la producción y la moral de los habitantes[3].  Junto a su Presidente (Ascaso) y Miguel Chueca, Pabón formó parte de la delegación del Consejo que negoció con la Generalidad de Catalunya y su presidente Lluis Companys,  con el Presidente de la República, Manuel Azaña, y con el Presidente del Gobierno, Largo Caballero. El 20 de noviembre, el Consejo fue oficialmente reconocido, dando entrada en el mismo a socialistas y comunistas. Pabón, en representación del PS, fue su Secretario general[4]. Su actividad, sin embargo, se fue reduciendo desde 1937.

consejoregionaldefensasecretaria

Y es que en diciembre de 1936 fue nombrado Presidente la Comisión Jurídica Asesora del Ministerio de Justicia, dirigido entonces por García Oliver[5]. A mediados de abril de 1937, Pabón se desplazó con una delegación de dicha Comisión a Montreaux (Suiza) para asistir a la Conferencia internacional para la abolición del régimen de capitulaciones. Y en septiembre firmó los informes sobre la constitucionalidad de la tarea legislativa desplegada por la Generalitat de Catalunya desde el inicio de la guerra.

Tras el fin del gobierno de Largo Caballero y el consiguiente desplazamiento de la CNT de los órganos de poder, Pabón permanecerá en Valencia durante un tiempo. En junio participó en el mitin de la CNT en París, en el Velódromo de Invierno («Vel d’Hiv»), junto con García Oliver, David Antona y Federica Montseny, en defensa de la revolución española. Durante este año dio una serie de conferencias en la ciudad del Turia, entre las que destaca el acto organizado por la CNT a finales de julio, en el Gran Teatro, sobre la lealtad de todos los sectores antifascistas. Allí, precedido por Federica Montseny, que abrió el mitin, se mostró partidario de hacer compatibles la guerra y la revolución, y expuso su punto de vista sobre conceptos tan difusos como la libertad y la patria:

Desde el 1 de julio soy partidario del silencio por respeto a aquellos millares de trabajadores que en silencio sabían morir por la causa antifascista […]

Vengo a decir verdades, con un sentido íntimo de la cordialidad. Mi actitud está en contraste con tanta discusión bizantina como enturbia la retaguardia […] La tragedia del Pueblo español es no haber encontrado su fórmula adecuada. EI político en España iba al extranjero e importaba soluciones que por su exotismo no convenían a nuestras características propias. Nunca se pensó en nuestra realidad nacional, llena de personalidad ni se tuvo en cuenta la circunstancia histórica entrañable de nuestro pueblo […]

Si de verdad luchamos por la libertad, no hay más libertad ni puede existir otra que la de intervenir todos en la política. [Censurado] es proceder con una deslealtad que no la merece el pueblo que vierte su sangre en los campos de batalla. El presidente de la República, señor Azaña, ha pronunciado hace pocos días una frase sobre el hecho de que la victoria no podía ser patrimonio exclusivo de una parte de los españoles. Ni la victoria, digo yo, ni la administración de la misma, así como tampoco la acción gubernamental. No hay otra manera de garantizar la victoria para todos los españoles que la participación en el Gobierno de las dos Centrales sindicales U. G. T. — C. N. T.

… La libertad no es la facultad de poder gritar por gritar sin fundamento. La libertad de las colectividades y de los individuos es más alta; arranca del conocimiento de las realidades y reside en la posibilidad de elegir.

Se habla también de patria. Los anarquistas no traicionan su ideal universal al hablar de patria. Si les hubiéramos puesto de acuerdo sobre el concepto patria, no ocurriría lo que ocurre. Porque la patria no es la Geografía ni el idioma ni nada que pueda crear nacionalidades. Esa justamente es la definición fascista y ya veis lo que ellos aman a su patria cuando han provocado una guerra espantosa, y destruido el pueblo de España, asolados sus campos, destrozada su riqueza artística. La patria es un sentimiento común que funde las voluntades individuales. La Patria exige unión colectiva. Que no haya odios. Los que crean odios van contra la patria. Los millares de hermanos que luchan en las trincheras nos exigen unidad. El que Ia rompa será el traidor de esta guerra magnífica de España. Yo sí digo que el camino es uno sólo: El de aceptar en todas partes las organizaciones antifascistas. ” [6]

En el terreno laboral, fue el abogado defensor de varios cenetistas así como del Comité ejecutivo del POUM tras los Hechos de Mayo de 1937. Acusado de espía y amenazado de muerte por los estalinistas, y víctima de un atentado, al año siguiente se refugió en Francia. Comentando lo sucedido, en mayo de 1938 escribía:

Es muy difícil para quien parte tan activa tomó, como me sucede, en los acontecimientos de España desde el 19 de julio, romper sin esfuerzo supremo todas las ligaduras afectivas, nacidas a través de esta actuación. Había puesto en ella tal dosis de cordialidad que hasta el momento — ¡caso raro!— tenía la seguridad de no haberme creado un solo enemigo […]

… El afán de hegemonía de ciertos sectores y destacadísimamente del comunista, ha hecho que donde se debió llegar a una armonía y compenetración perfectas, sólo existían odios, desavenencias y luchas sordas e intestinas que acabarán por dar al traste, ayudado por notorios errores de gobierno, con la capacidad de resistencia de nuestra retaguardia […]

El Partido Comunista —a fuer de leal he de reconocerlo— tiene sobre todos los demás partidos y organizaciones la ventaja —a pesar de la mediocridad de sus dirigentes— de las minorías bien organizadas […] Y en virtud de estos factores, reorganizar las fuerzas coercitivas del Estado, es el absoluto dueño de la situación […]

Y esta hegemonía del Partido Comunista supone, y los hechos lo demuestran, la implantación de los métodos políticos característicos de Rusia. La desaparición y asesinato de Andreu Nin fue un síntoma alarmante y trágico. La organización comunista, con la complicidad de los sectores de la Dirección General de burlar la buena fe del señor Julián Zugazagoitia -tan buen periodista como detestable ministro de la Gobernación-, secuestró y asesinó. Y no bastándole con ello, inventó el absurdo cuento, muy apropiado para niños o idiotas, de haber sido arrebatado a la policía por una organización fascista, con la que el ex-secretario de la Internacional Sindical Roja -según ellos- estaba de perfecto acuerdo. Lanzados por este camino, los secuestros se repiten y poniendo empeño en acabar con todos los que no se someten a sus propósitos los comunistas usan no ya sólo de la violencia, sino lo que aún es más repugnante de todos los resortes que Maquiavelo pudiera soñar como empleados contra los enemigos de los dueños del poder. La vida, la libertad y la honra, el prestigio de cualquiera por muy alto que esté, no merece el menor respeto. A diestro y siniestro, falsificando si es preciso documentos e inventando historias, lanzan las excomuniones calificando de traidores o de espías a los hombres de más clara historia revolucionaria. El caso de Trotsky se repite cien veces. Largo Caballero, el hombre íntegro y honrado por excelencia entre los políticos españoles; ídolo de las masas marxistas por ellos mismos elevado a tal categoría, es hoy un traidor a quien no se le permite el derecho de hablar en su defensa. Y así todo.

A veces el gobierno quiere dar sensación de su parecer adverso a estos procederes estalinianos. Nombran a un juez especial, un fiscal y unos funcionarios auxiliares y se empieza un proceso con vistas a dar sensación de la legalidad y orden en el exterior. Como consecuencia de ello se impone alguna dimisión; el dimisionario pasa a otro cargo tan pingüe y honorífico como el dimitido; se procesa algún desgraciado de tercera categoría, con la seguridad para el mismo de que nada en definitiva habrá de ocurrirle a veces, como en el caso de los procesados con motivo de la desaparición de Nin, al ser encarcelados por orden del juez, de la Dirección general de Seguridad sale un piquete que los excarcela por la violencia y los pone en seguridad y buen recaudo, con la amenaza al juez de repetir en él la historia del alguacil alguacilado.”[7]

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En diciembre de 1937 representó a la CNT, con Federica Montseny, Josep Xena Torrent, Horacio Martínez Prieto y García Oliver, en el Congreso Extraordinario de l’Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) de París.

En octubre de 1938 se exilió definitivamente. Después de una breve estancia en Francia, Pabón marchó hacia Filipinas. Tras la invasión japonesa fue denunciado, según unas fuentes, por la agrupación falangista de Manila; otros creen, en cambio, que fue orden expresa de Serrano Suñer –viejo conocido de Pabón que se había presentado en Zaragoza por la CEDA en las elecciones de febrero de 1936 -, cursada a través del representante de Falange exterior en Tokio. De una forma u otra, fue encarcelado por las tropas japonesas ocupantes junto con otros españoles republicanos, permaneciendo encerrado en una jaula de bambú durante varios meses en  la prisión militar del Fuerte Santiago[8]. Fue liberado en otoño de 1942 por su débil salud a pesar de la oposición de José del Castaño, Jefe Provincial de la Falange Filipina, hecho que motivó incluso la oposición de algunos falangistas allí residentes, que intentaron que fuese extraditado a España.

Consiguió llegar a Iberoamérica: primero a Panamá, donde residía en 1946; al año siguiente a México, donde se integra en la Agrupación de la CNT favorable a la organización anarcosindicalista del Interior y al colaboracionismo; y, más tarde, de nuevo a Panamá, en concreto a Santiago de Veraguas y Colón, donde trabajó como profesor de lengua castellana en la Escuela de Periodismo de la Universidad. Murió en la Ciudad de Panamá en 1958.

Recientemente fue rehabilitado en el Colegio de Abogados de Madrid, cuya Junta de Gobierno revocó los acuerdos adoptados por esta institución en 1939 para expulsar a un total de 61 abogados acusados de pertenecer o simpatizar con la masonería.[9]

 

Publicado el 8-6-2017 en serhistorico.net

 

Citas:
[1] “Parece inminente la rendición del Alcázar”; en La Voz, 26-8-1936, Madrid; p. 4.
[2] Martínez Lorenzo, César (1969): Los anarquistas españoles y el poder. Ed. Ruedo Ibérico, París; p. 122.
[3] Ezquerra, Alberto: “Benito Pabón. El diputado anarquista”; en El Agitador. Una publicación de Bajoaragonesa de agitación y propaganda, 18-6-2014 (consultado el 30-5-2017).
[4] Carrasquer Launed, Félix (1986): Las colectividades de Aragón. Un vivir autogestionado, promesa de futuro. Ed. Laia, Barcelona; pp. 80 y 82.
También en:
Peirats, Josep (1978): La CNT en la revolución española (tomo 1). Ruedo Ibérico, Madrid; p. 215.
Martínez Lorenzo, César (1969): Los anarquistas…; p. 122.
[5] García Oliver, Juan (1978): El Eco de los pasos. Ruedo Ibérico, París; pp. 344-345.
[6] “Ayer en el Gran Teatro, la grandiosa conferencia de Benito Pabón”; en Nosotros, 31-7-1937, Valencia; p. 8
[7] John Mac Govern: “La terreur communiste en Espagne. Une lettre significative”; en La révolution prolétarienne, nº263, 25/1/1938, París; p. 7—23.  Reproducida en El proceso del P.O.U.M. (Junio de 1937 – Octubre 1938). Transcripción del sumario, juicio oral y sentencia del Tribunal Especial. Documentos Judiciales y Policiales. [presentación y notas de Víctor Alba y Marisa Ardevol; con la colaboración de Manuel Alberich et al.] Ed. Lerna, Barcelona, 1989.
[8] Rodao, F.: “Falange en Extremo Oriente, 1936-1945”; en Revista Española del Pacífico nº 3, año III, enero-diciembre 1993; pp. 67-68.
[9] “Rehabilitados 61 abogados de Madrid expulsados tras la guerra civil”; en periodistas-es.com (consultado el 8-6-2017).

 

Bibliografía:

  • Bolloten, Burnett (2015 [1989]): La Guerra Civil española: Revolución y contrarrevolución. Alianza Editorial, Madrid.
  • Carrasquer Launed, Félix (1986): Las colectividades de Aragón. Un vivir autogestionado, promesa de futuro. Laia, Barcelona.
  • Díez Torre, Alejandro R.: “Proyecto y guía regional del primer presidente del Consejo de Aragón” [prólogo]; en Ascaso, Joaquín (2006): Memorias (1936-1938). Hacia un nuevo Aragón. Prensas Universitarias de Zaragoza, Larumbe Clásicos Aragoneses nº 42, Zaragoza.
  • García Oliver, Juan (1978): El Eco de los pasos. Ruedo Ibérico, París.
  • De Guzmán, E. (1938): Madrid rojo y negro: milicias confederales [prólogo de J. García Pradas]. Tierra y Libertad (Unión Gráfica, Cooperativa Obrera), Barcelona.
  • El proceso del P.O.U.M. (Junio de 1937 – Octubre 1938). Transcripción del sumario, juicio oral y sentencia del Tribunal Especial. Documentos Judiciales y Policiales. [presentación y notas de Víctor Alba y Marisa Ardevol; con la colaboración de Manuel Alberich et al.] Ed. Lerna, Barcelona, 1989.
  • Íñiguez, M. (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español,  II. Asociación Issac Puente, Vitoria.
  • Lera, Ángel Mª de (1978): Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista. Argos Vergara, Barcelona.
  • Martínez Lorenzo, César (1969): Los anarquistas españoles y el poder. Ed. Ruedo Ibérico, París.
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  • Peirats, Josep (1978): La CNT en la revolución española. Ruedo Ibérico, Madrid.
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  • Santos Santos, M.C. (2003): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”; Editorial Académica Española, Saarbrücken (Alemania).
  • Sierra, Gabriela; y Gracia, Francisco (2012): Zaragoza en el Congreso de los Diputados. Parlamentarios durante la Segunda República. Ed. Institución «Fernando el Católico» (C.S.I.C.), Diputación de Zaragoza, Zaragoza
  • Villa García, Roberto: “«Obreros no votéis». La CNT y el Frente Popular en las elecciones de 1936”; en Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, nº 13, 2014.

Webgrafía:

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– Ezquerra, Alberto: “Benito Pabón. El diputado anarquista”; en El Agitador. Una publicación de Bajoaragonesa de agitación y propaganda, 18-6-2014 (consultado el 30-5-2017).

– Gutiérrez-Álvarez, Pepe: “Benito Pabón, el abogado de los obreros de la CNT” ; en alasbarricadas.org y kaos en la Red (consultado el 27-5-2017).

– Rodríguez Caparrini, Bernardo: “Antiguos alumnos del colegio San Luis Gonzaga. José Manuel Pabón, humanista”; en diariodecadiz.es, 26-2-2017 (consultado el 29-5-2017).

“Rehabilitados 61 abogados de Madrid expulsados tras la guerra civil”; en periodistas-es.com (consultado el 8-6-2017).

Programa PS (reconstituido) [1977]

Programa económico-social del Partido Sindicalista
Dentro de este planteamiento general, los enunciados concretos de nuestro programa económico y social, tal como se exponen en nuestra declaración programática —«Una propuesta sindicalista»—, son los siguientes:
(Quede claro que la separación entre «programa máximo» y «programa inmediato» no quiere decir que programemos nuestra tarea en dos etapas —una reformista avanzada y otra revolucionaria—. Tenemos gran desconfianza hacia esas visiones «seriales» del proceso revolucionario, que suelen estancarse para siempre en la reforma. Lo que queremos decir es que, con el poder, impulsaríamos el «programa máximo» en su integridad, y sin el poder impulsaríamos las «medidas inmediatas», de reforma, que en su día podrían hacer más fácil la transformación definitiva, por haber ido haciendo un traspaso de los poderes —económicos y políticos— a los órganos de base, sindicales y populares.)
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1. Situados en los comienzos del último cuarto del siglo xx, y ante una realidad española abocada a importantes cambios, los sindicalistas autogestionarios tenemos una propuesta que presentar para la construcción de la sociedad futura. Propuesta que parte de la fidelidad a nuestros principios revolucionarios y, al mismo tiempo, de
la fidelidad a la realidad del tiempo presente.
2. No estamos situados ya en el mundo ante un primitivo capitalismo (sistema basado en la disociación de trabajo y propiedad, el carácter absoluto de la propiedad privada de los medios de producción y la prepotencia de la clase propietaria) que condene inevitable y forzosamente a los trabajadores a la miseria material. El capitalismo ha revelado en algunos países —aunque en otros, como el nuestro, diste aún mucho de ello— capacidad para producir abundancia y bienestar en esos trabajadores. Pero lo que el capitalismo no ha podido impedir —ni puede impedir sin dejar de ser capitalismo— es la degradación humana reflejada en:
— La expansión de la nueva «religión» del lucro y del bienestar personal;
— la subordinación de las necesidades humanas a la maquinaria de la producción, en forma imparable y con riesgo de conducir a la humanidad a una catástrofe;
— el traspaso de los aspectos más duros de la explotación al subproletariado exterior del Tercer Mundo, tanto en éste como en la emigración;
— la concentración creciente, no ya fundamentalmente del uso de los bienes materiales, pero sí del poder de decisión en la vida pública, manipulando la conciencia popular y tergiver­ sando su voluntad, pese a cualquier apariencia democrática, y
— el hecho de que, en todo momento de crisis, ese poder con­centrado se emplee inevitablemente para una distribución aún más antisocial de los nuevos sacrificios, descargándolos exclu­sivamente sobre los trabajadores.
3. Tampoco estamos situados ante un primitivo socialismo (sis­tema basado en la unión de trabajo y propiedad, la colectivización de los medios de producción y la abolición consecuente de la clase propietaria) como una mera esperanza futura frente a la injusticia capitalista. El socialismo ha revelado capacidad para realizarse en la
práctica, montando sistemas perfectamente viables. Diversas for­mas de socialismo dominan ya un tercio de la humanidad. Pero lo que la forma de gestión centralizada que han adoptado la mayoría de las mismas —con el nombre de «dictadura del proletariado»— ha logrado configurar en el presente no pasa de ser una posición inter­media, no totalmente socialista, por:
— conservar elementos esenciales del capitalismo, como la con­centración del poder político —Estado totalitario— y del poder económico —capitalismo de Estado—;
— mantener una neta división entre clase dirigente —partido— y clase dirigida —masas—;
— e imponer en el mundo socialista la distinción real entre cen­tros de dominación y zonas dependientes.
4. Las más profundas contradicciones del capitalismo no pueden ser enteramente resueltas con las soluciones intermedias de un semisocialismo de gestión centralizada. La socialización ha de llegar a una entera democratización tanto política como económico-social. Por eso, la respuesta más total a un sistema capitalista es un sis­tema de gestión tan descentralizada en todos los terrenos como per­mita la solidaridad del conjunto. El sindicalismo autogestionario pro­pugna ese sistema: la colectivización de la propiedad de los medios de producción y la autogestión solidaria a todos los niveles.
PROGRAMA MÁXIMO
5. Nuestro objetivo último es el logro de una sociedad en la que no sea posible la explotación del hombre por el hombre, y en la que éste se encuentre en plenitud de libertad y responsabilidad. Que­remos que el trabajo, en cualquiera de sus formas, sea considerado como el primer valor social, pues propugnamos una sociedad de trabajadores que impida la existencia de parásitos. Queremos un siste­ma de libertad, de plena participación responsable de todos los hom­bres en la dirección de la comunidad, a todos los niveles, y tanto en lo político como en lo social y lo económico. Nos oponemos a cual­quier dictadura. Queremos un mínimo de delegación y un máximo de gestión directa.
6. La plenitud de libertad, trabajo y responsabilidad exige la unión de trabajo y propiedad, a través de la colectivización de los medios de producción, de la gestión de los mismos y de sus frutos. Ello desde el núcleo primario de producción colectiva: la empresa o comunidad de trabajo. Esta será íntegramente autogestionada —a través de su Asamblea soberana y su Comité de Gestión delegado de aquélla—, y descansará en ella la propiedad básica, una propiedad no absoluta que se subordinará al interés de todo el Sindicato de Rama, el cual se subordinará a su vez al interés de la colectividad entera.
7. En las empresas con gran poder económico, de servicios pú­blicos generales, así como de los sectores básicos de la producción, que requieren grandes inversiones y relativamente pocos trabajado­res, la propiedad básica y los niveles de autogestión quedarán, lógi­camente, más limitados por los intereses y la planificación general.
8. El trabajo campesino se reorganizará sobre la base de la pro­piedad comunal de cada municipio o agrupación de municipios y, según las conveniencias técnicas y las decisiones de las asambleas campesinas autogestionarias, en forma familiar, colectiva o mixta. Formarán parte inseparable de dicha propiedad comunal las indus­trias derivadas y complementarias de la producción agrícola, forestal y ganadera. Se transformará también la vida de los pueblos, agru­pándolos cuando sea necesario con la propiedad de todos sus bienes comunales recuperada y la instalación de todos los medios, servicios y comodidades necesarias para una vida digna.
9. Todas las empresas y comunidades de cada rama productora integrarán el Sindicato Nacional de Producción, y el conjunto de éstos —representado en la Asamblea Económica Nacional— planificará y dirigirá, dentro de las líneas básicas concertadas con la Asamblea Política Nacional, la vida económica del país.
10. El capital, como instrumento de trabajo necesario para el desarrollo de la economía, pertenecerá a todos los trabajadores, y sus acumulaciones, a los Sindicatos Nacionales de Producción, en primer lugar, y a la comunidad entera, en segundo. La Banca no constituirá un sector independiente: será sindicalizada en un primer nivel y nacionalizada en su nivel superior.
11. La Seguridad Social será una organización viva y democrática que atenderá a todos los ciudadanos, exigirá la aportación de todos y será gestionada por todos.
12. La educación será gratuita, obligatoria y permanente para todos en los niveles básicos, y de la misma forma en los superiores para todos aquellos que tengan aptitud, sin ningún privilegio. En ningún caso los estudios superiores significarán perjuicio económico: la comunidad retribuirá al estudiante por su esfuerzo, al mismo tiempo que controlará la efectividad del mismo. El derecho a la vocación personal, a elegir estudios y profesión, será respetado como esencial para la dignidad humana. El desarrollo educativo y cultural, la investigación científica y tecnológica, en forma autogestionada por toda la sociedad, desde las regiones a la totalidad de España, será
el servicio público de máxima prioridad. En relación con ello, todos los órganos de comunicación de masas atenderán prioritariamente a este deber, y serán replanteados en forma verdaderamente democrática. Se pondrá el máximo empeño
en la recuperación del pensamiento individual, fundamento crítico de toda vida social verdaderamente libre…
16. España es un conjunto de pueblos. Sostenemos resueltamente la unidad solidaria de los mismos —denunciando como reaccionaria cualquier pretensión de fragmentarla— y, en la misma forma, la variedad y personalidad de cada uno de esos pueblos. Con sideramos que la máxima potenciación de la unidad se alcanza con una
fórmula federal, abarcadora de todas las regiones por igual y sin privilegios, para su autogobierno dentro de las líneas básicas que se dé el conjunto. Sostenemos, asimismo, la solidaridad de todas las regiones para evitar cualquier tendencia a la concentración de la población y la riqueza en solo algunas de ellas.
18. La posición internacional de España debe ser clara: amistad y colaboración con todos los pueblos, y defensa de nuestra independencia. No nos someteremos a ninguna de las grandes potencias imperialistas con encadenamientos militares, políticos, tecnológicos o económicos. Mantendremos una postura de no alineación, colaborando libremente con Europa, los países del Mediterráneo, el Tercer Mundo y, muy especialmente, con Portugal y con la América de nuestra cultura. Nuestra solidaridad se mostrará principalmente con los pueblos y comunidades oprimidos. Por sostener irrenunciablemente la igualdad esencial del género humano, mantendremos una
política beligerantemente antirracista en nuestras relaciones exteriores.
PROGRAMA INMEDIATO
19. Es nuestro propósito irrenunciable la realización total de los objetivos revolucionarios enunciados. Pero no jugamos infantilmente a la política del «todo o nada». Promoveremos o defenderemos todos los avances parciales, grandes o pequeños, que nos acerquen o faciliten aquella tarea revolucionaria de cambio total —poniendo especial cuidado en que nadie se dé por satisfecho con las reformas—, y lucharemos contra todos los retrocesos, grandes o pequeños, que la alejen o dificulten. El objetivo de todas las medidas parciales de transición es ir consiguiendo la inversión de la pirámide del poder, para que la totalidad del pueblo vaya adquiriendo la totalidad de la soberanía en todos los terrenos. Entre las reformas que sostenemos figuran:
20. Con la máxima urgencia: la conquista de todos los derechos humanos, civiles y políticos; la de todas las libertades de pensamiento, expresión, organización y reunión —cultural, regional, política, etc.— y de persecución legal efectiva de todas las corrupciones; la desaparición de toda la legislación, los organismos y los cuerpos destinados a reprimir el ejercicio de estos derechos, impidiendo, asimismo, dicha persecución, y la inmediata liberación o libre regreso a España de todas las víctimas de esta represión.
21. En el terreno sindical, como necesidad más urgente, por constituir la base incuestionable de toda la organización única y libre, la constitución democrática del sindicato a nivel de empresas, único y libre, con soberanía de la Asamblea, comité sindical de empresa responsable ante la misma y elegido y revocable por ella, y juego público y libre de todas las tendencias organizadas del movimiento obrero, con rechazo de cualquier intento de monopolio por una de ellas.
22. Inmediatamente después, y a través de un sistema democrático de representación de todos los sindicatos de empresa —junto con la de los sindicatos de funcionarios y de profesionales— la constitución en un Congreso nacional de una Central Sindical, única y libre, igualmente con libre juego de todas las corrientes obreras y rechazo de cualquier intento de monopolio.
23. La recuperación por la Central Sindical del control de los Montepíos, Mutualidades, etc., y de todas sus inversiones.
24. La retención por la nueva Central Sindical, exponente auténtico de los trabajadores, de los puestos representativos sindicales en los organismos locales, regionales y nacionales.
25. La creación de la «Comunidad Sindical» en las empresas, para la participación colectiva de los trabajadores en los beneficios, y a través de ellos en la propiedad y la dirección. El fomento de la propiedad cooperativa. Y la lucha, en ambas fórmulas, contra cualquier penetración de la mentalidad capitalista.
26. La nacionalización, con participación de los trabajadores en la gestión, de los servicios públicos generales —y la municipalización de los locales—, y de los sectores básicos, como la minería, la siderurgia y la energía.
27. La reforma agraria social y económica, con tendencia a transferir la propiedad de la tierra a los municipios y la gestión a las comunidades campesinas, con la mayor descentralización posible delasesoramiento técnico, y la erradicación drástica de la burocratización  de los organismos agrarios.
28. La supresión de los grandes intermediarios entre productores y consumidores, mediante organizaciones populares que establezcan el contacto directo entre unos y otros.
29. La municipalización del suelo, para erradicar su especulación, y la atención especialísima a la construcción de viviendas. La lucha contra el gigantismo de las grandes concentraciones urbanas, tendiente a ciudades de tamaño medio. La defensa activa de la naturaleza contra su degradación actual.
30. La recuperación nacional de nuestra «primera industria de exportación», el turismo, hoy en gran medida en poder de empresas extranjeras.
31. La constante atención a las cuestiones marítimas: investigación de recursos, construcción naval —con prioritario destino a nuestra propia flota—, y expansión de la Marina Mercante y de la pesca, tendiendo a la cooperativización de ésta.
32. La nacionalización, controlada socialmente, de los instrumentos del capital financiero: Banca, Seguros, etc. Y el control democrático del ahorro popular.
33. La reforma impositiva, tendiendo a un sistema de impuesto único y progresivo sobre las rentas.
34. El control democrático de la Seguridad Social, y su extensión a toda la población, tanto para su financiación como para su beneficio. Y la conversión, mediante su racionalización y nacionalización, de la industria farmacéutica en una tarea pública, para poner fin al inmoral negocio montado sobre la enfermedad y la desgracia.
35. La exigencia de un total respeto a la libertad del estudiante para elegir su vocación, y de participar en el gobierno de su centro de enseñanza y en el análisis crítico de la vida social, y paralela exigencia de rendimiento académico, erradicando cualquier privilegio del estudiante frente al trabajador…
39. La extensión en todo lo posible del autogobierno a todas las regiones, y el rechazo tanto del centralismo burocrático como de los privilegios especiales para algunas de aquéllas. La exigencia de que todos los beneficios del autogobierno regional se planteen para todas las regiones a la vez. La defensa y exaltación muy prevalente
del espíritu regional de las zonas que, por haber sufrido más dura­mente los efectos del centralismo y de la desnivelación económica interregional, han acabado siendo las más silenciadas y olvidadas en la reclamación de sus derechos. Una política de redistribución de la riqueza nacional, con intensa acción sobre las regiones más pobres, y una lucha continua para que todos encuentren trabajo en su propia tierra.
40. La ruptura inmediata de todo acuerdo con otro país que coarte nuestra libertad de acción y nos obligue a secundar la política de un poder imperialista, sobre todo cuando implique la concesión de bases. El incremento de las relaciones de todo tipo con Europa, pero sin inclusión en el Mercado Común capitalista, ni en el apa­rato militar del imperialismo que representa la OTAN, pues enten­demos que estas organizaciones son seguros de la burguesía contra cualquier posibilidad revolucionaria. La vigilancia más exigente de las inversiones extranjeras, con total anulación de aquellas que signi­
fiquen un atentado contra nuestra soberanía. Persecución a fondo de todo servicio de inteligencia extranjero. La solidaridad más amplia con los países no alineados y del Tercer Mundo. Y una política de acercamiento efectivo, sobre bases populares, a Portugal y los países de Iberoamérica.
NUESTRA ETICA
41. En ninguna parte una revolución se hace o consolida sin una profunda identificación con el ser nacional, sin un amor por la propia singularidad histórica. En nuestro caso arrancamos de una solidaridad con nuestro pasado; pero no según la tradición elitista de la oligarquía, sino según una tradición popular de cuanto nos
llega de la historia de luchas y realizaciones por la libertad y la jus­ticia, por los derechos del hombre común frente a los privilegios, de los pueblos oprimidos frente a los opresores. De esa formidable herencia nace el sentido de nuestro papel en el mundo de hoy y de mañana: colaborar en el esfuerzo humano por una sociedad de
hombres solidarios y libres. No tenemos otro destino histórico que el de mostrar la posibilidad de una sociedad autogestionada.
42. Para esta tarea propugnamos la reconciliación de todos, frente a cualquier espíritu de guerra civil. Pero no entendemos esta reconciliación como una tregua entre los intereses capitalistas y los intereses populares. Esos términos son irreconciliables. Lo que pretendemos es el aislamiento de aquéllos y el gran encuentro con éstos, la unidad de todos los democratizadores y socializadores en la lucha por una sociedad sin dominadores ni explotadores.
43. Creemos que son las contradicciones morales, mucho más que las económicas, las que el capitalismo y el semisocialismo centralista no pueden resolver y que, por ello, no pueden llenar las superiores necesidades del hombre. Por eso nacemos de la resolución de esas contradicciones morales, en un sistema hecho por y para el hombre libre y responsable, centrado más en la superación espiritual y cultural que en el consumo material, más en la solidaridad que en el goce, el motor central de nuestra acción.
44. En cualquier circunstancia, nuestra norma de conducta se atendrá a una rigurosa ética en la selección de los medios. Cada una de nuestras acciones deberá comportar una lección de ética. No concebimos la edificación de una sociedad libre, justa y veraz con materiales y medios opresivos, viles y turbios. IREMOS A LA VERDAD POR LA VERDAD, A LA JUSTICIA POR LA JUSTICIA, A LA LIBERTAD POR LA LIBERTAD…
JOSÉ LUIS RUBIO CORDÓN,
Secretario General.
Extracto de “La realidad económico-social y los partidos políticos”; en Documentación Social. Revista de estudios sociales y sociología aplicada, nº 26/27, enero-junio 1977. Cáritas Española, Madrid; pp. 345-354.
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Algunos precedentes del PS

Cuando la CNT comenzó su colaboración en los gobiernos de Largo Caballero y –no se olvide- Juan Negrín durante la guerra de España, el Partido Sindicalista (PS) representaba, quizá, el intento más serio de llevar a cabo un programa de corte libertario desde las instituciones.  

Aunque no fuera propiamente desde las filas confederales, de cuyo seno habían sido expulsados muchos militantes a raíz de la crisis treintista[1], y menos aún desde el anarquismo, desechado por Pestaña como teoría capaz de lograr la transformación social[2], la aventura política del PS se ha convertido en un lugar común, incrustado de tópicos, al tratar el tema del reformismo en la CNT. Creado en abril de 1934[3], logró representación parlamentaria en las elecciones de febrero de 1936, a las que acudió integrado en la alianza de izquierdas del Frente Popular.

Sin embargo, los intentos de participación directa en política desde posiciones afines al anarcosindicalismo no eran novedad en España. (Me referiré en exclusiva a la intervención en procesos electorales y la participación desde las instituciones. Seguro que hay otros casos, que no trato por desconocimiento o por no hacer el artículo demasiado largo. Desde aquí lanzo el guante para que otros profundicen en el tema. Existen otros ejemplos y bien estudiados relacionados con la intervención de la CNT en política, desde el posibilismo de Salvador Seguí hasta el “anarco-bolchevismo” de los García Oliver y compañía, pero no son el objeto de este estudio[4]).

En las elecciones municipales de noviembre de 1917, un grupo de militantes confederales asturianos, fracasada la huelga general de agosto, presentó candidatura en Gijón con el nombre de Grupo Sindicalista Parlamentario. Sus líderes fueron Laureano Piñera  y Ramón Martínez. Piñera, que había sido detenido tras la huelga, era entonces el secretario de la Confederación de Metalúrgicos; Martínez era secretario de la Federación de Sociedades de Resistencia Solidaridad Obrera. Duramente criticados desde la CNT, no soportaron el fracaso electoral y el grupo se diluyó en poco tiempo.[5] La experiencia, que no deja de ser anecdótica, representa un precedente del pestañismo al romper el tabú de la representación política[6], más aún al acontecer tras el fracaso y la represión de una huelga, momento en que se buscan otras vías para mejorar la situación de los trabajadores. También comparten algo en común con muchos otros partidos republicanos: el deseo de recabar el voto de los anarcosindicalistas. De igual modo se la puede considerar una precursora de lo sucedido en muchos municipios durante la guerra de España; en este caso concreto, el cenetista Avelino G. Mallada fue alcalde de Gijón desde octubre de 1936 a octubre de 1937.

Enlazando con la tradición republicana federal, en su interpretación más revolucionaria y obrerista, encontramos bastantes ejemplos de doble militancia confederal y republicana. Quizá el paradigma sea el abogado, escritor y político –entre otras muchas cosas disciplinas- Eduardo Barriobero y Herrán[7], fiel seguidor de las ideas de Pi y Margall y cenetista afiliado al Sindicato de Profesiones Liberales desde 1912. Defensor de obreros en innumerables procesos judiciales, algunos muy famosos, su vida tiene abundantes coincidencias con la de sus clientes: militancia decidida, propaganda desde la prensa, cárcel, exilio, intentos de asesinato por parte del Sindicato Libre en los años del pistolerismo…  Fue diputado en Cortes en 1914, 1918 y 1919, recabando para ello el apoyo obrero y sindical. Desde su escaño se posicionó en favor de los presos, denunció casos de corrupción y reclamó libertades civiles. Durante la dictadura de Primo de Rivera participó en la Sanjuanada de 1926 como enlace del comité de la CNT en Gijón y, tres años después, en la conspiración de José Sánchez Guerra (intentos fallidos de golpe de Estado para derrocar el régimen).

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Mundo Gráfico, 1922.

Proclamada la II República, volvió a ser elegido diputado a Cortes Constituyentes por Oviedo en las generales de junio de 1931. Fue parte del grupo al que Ortega y Gasset bautizó como ‘jabalíes’; adscritos a diferentes partidos republicanos, algunos trataron de escorar a la República hacia la izquierda desde posiciones socializantes, federalistas y anticlericales.  Entre ellos hay que citar a  Ángel Samblancat, abogado y periodista afiliado al Partido Republicano Demócrata Federal (PRDF), presidido por Barriobero, y también estrechamente ligado al anarcosindicalismo desde los años de la Restauración.

A mediados de 1935, el PRDF firmó un acuerdo de colaboración  con el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña.[8]Las concomitancias entre ambos partidos eran claras: en el plano ideológico, la federación libre de municipios era el eje político vertebrador de la nueva sociedad; estratégicamente,  el régimen republicano constituía un avance y un paso previo ineludible hacia una sociedad sin capitalismo; y ambos buscaban los votos de los afiliados a la CNT, cantera natural de donde extraer sus bases.   Durante medio año será frecuente ver a representantes de ambas formaciones actuando conjuntamente y compartiendo locales en mítines, conferencias, etc. La alianza durará hasta la formación del Frente Popular, momento en que el primer Pleno Nacional del PS, celebrado a finales de enero de 1936, votó su incorporación a la alianza electoral de los partidos de izquierda y rechazó su fusión con los republicanos federales[9].

Otro caso interesante donde la línea que separa anarquismo y federalismo republicano se estrecha, es el de la candidatura conjunta del Partido Social Ibérico y el diario La Tierra, que concurrió en Sevilla y en Madrid a las elecciones generales de noviembre de 1933.

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La Tierra, dirigido por la controvertida figura de Salvador Cánovas Cervantes[10], comenzó a publicarse a finales de 1930. El subdirector era Mariano Sánchez-Roca y como Redactor-jefe, Eduardo de Guzmán. Su Redacción la completaban Ricardo Baroja y Ezequiel Endériz.  Y entre el grupo de colaboradores volvemos a encontrar a republicanos de extrema izquierda como Barriobero, Samblancat, Salvador Sediles, José Antonio Balbontín y Rodrigo Soriano (todos, excepto Balbontín, acabaron en la CNT durante la guerra, ocupando puestos de responsabilidad); junto con cenetistas como Juan Peiró, Melchor Rodríguez, Mauro Bajatierra, Felipe Aláiz y Jacinto Toryho.

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De izqda. a drcha.; de pie: Ezequiel Endériz (redactor), Luis Rodríguez (administrador) y Eduardo de Guzmán (Redactor-Jefe); sentados: Mariano Sánchez-Roca (Subdirector) y Salvador Cánovas Cervantes (Director).

De marcado carácter republicano, sus primeros números dieron soporte a los levantamientos de Jaca y Cuatro Vientos. En agosto de 1931, se alineó con quienes consideraron que la República se quedaba corta en lo social y se excedía en materia de orden público. Como dijera Balbontín, se trataba de estar con la República, pero contra esta República. Una de las máximas fue: “Llegar tan lejos como sea capaz de llegar el pensamiento político y social de los españoles”.

Impregnado de las ideas de su director, La Tierra defendió una línea de actuación más o menos afín a la CNT, organismo que representaba –según él- lo mejor del carácter “racial”  español[11], el único capaz de llevar a cabo la revolución en un pueblo en esencia individualista. Durante períodos de férrea censura, La Tierra se convirtió en el vocero oficioso de la Confederación. Sin embargo, la línea editorial optó por la vía política y por la participación electoral para lograr sus propósitos, procurando conseguir el apoyo de las masas sindicalistas en las urnas.

Desde 1933 La Tierra apoyó al Partido Social Ibérico (PSI); tanto fue así, que sus periodistas se integraron en algunas de sus candidaturas electorales presentadas en las generales de  noviembre de 1933. Otra forma de participación fueron las curiosas Peñas de amigos de La Tierra,  grupos encargados de la defensa de la salida del periódico en época de censura, o bien de apoyar las campañas por la transparencia política y contra la represión obrera, el enchufismo y la multiplicidad de cargos durante la República. Otras veces eran simples tertulias reunidas en cafés o en locales de agrupaciones republicanas de izquierda (íntimamente ligadas al Partido Social Ibérico) cuando no disponían de espacio propio.[12]

El PSI era otra de tantas escisiones del republicanismo de extrema izquierda, en concreto del Partido Social Revolucionario, creado en 1932 y liderado por  José Antonio Balbontín. Al año siguiente, una parte –Balbontín incluido- decidió pasarse al Partido Comunista, mientras que el resto adoptó la denominación de ‘ibérico’ en consonancia con el ideario del periódico madrileño. El anarquismo, el sindicalismo y el PSI conformaban, en su ideario, la síntesis del iberismo. El programa –que adjunto-  tuvo tintes anarquizantes.

Programa PSI

La Tierra, 22-2-1933; p.4

Sevilla y alrededores fue el epicentro de su militancia. También encontramos núcleos en otras zonas de Andalucía, Madrid, Bilbao, y algunas localidades de Castilla y Asturias. A la candidatura por Sevilla capital se presentó su líder, el ex capitán revolucionario Carlos Cuerda, junto con los periodistas de La Tierra Cánovas Cervantes, de Guzmán y Endériz; por la provincia repitieron los mismos, a los que hay que añadir al otro líder del PSI, también ex capitán –sublevado de Jaca- José Mª Piaya, Ricardo Baroja, y los obreros Domingo Navarro y José Gallardo.[13] También presentaron candidatura en Madrid.

Carlos Cuerda

El capitán Carlos Cuerda, rodeado por obreros de la Unión Ferroviaria, al proclamarse la II República.

Ante las críticas de la CNT por su participación en el juego electoral, el partido explicó que se trataba de una táctica para lograr la inmunidad parlamentaria y, de este modo, servir mejor a la revolución. Pese a los esfuerzos, el fracaso en los comicios dejó a la candidatura sin representación. Desde las páginas de La Tierra se hizo una dura crítica al abstencionismo promovido por la CNT, culpable de haber entregado la República a las derechas. Fue, pues, en la ámbito de la cultura donde la confluencia entre unos y otros fue mayor. A partir de entonces, la táctica de La Tierra fue dar soporte a la Alianza Obrera que se irá conformando entre los partidos de izquierda. Cánovas Cervantes, Baroja y la línea editorial se pasarán al Partido Radical Demócrata de Diego Martínez Barrios, integrado después en la Unión Republicana. Los restos del PSI se fusionarán con el PS de Pestaña en mayo de 1935[14].

Bibliografía:

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  • Barrio Alonso, Ángeles (1986): Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936) [tesis doctoral]. Universidad de Cantabria (Departamento de Historia Moderna y Contemporánea)
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  • Íñiguez, M. (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español. Asociación Issac Puente, Vitoria.
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  • Santos Santos, M.C. (2003): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”; Editorial Académica Española, Saarbrücken (Alemania.)

 

Citas:

[1] Escisión en la CNT entre los partidarios de la revolución por la vía insurreccional ante una República tibia en lo social y contundente en materia de orden público, y los que preferían contemporizar con el nuevo régimen con el fin de preparar mejor a las masas de trabajadores,  mediante la educación y el ejemplo, para el cambio revolucionario. Toma su nombre del Manifiesto de los Treinta, firmado por Pestaña, Joan Peiró y 28 compañeros más, y publicado en la prensa en agosto de 1931.

[2] Mantiene, no obstante, su validez como doctrina filosófica y pedagógica. V.  Pestaña, Ángel (1933): “Lo que aprendí en la vida”; en Pestaña, Ángel (1974): Trayectoria sindicalista [prólogo de Antonio Elorza.] Ed. Tebas, Madrid; p. 213.

[3] La fecha de la fundación del PS no es baladí. Sorprende que autores consagrados de la historiografía libertaria como José Peirats (2006 [1976]: 207)  o César M. Lorenzo (1969: 55)  no acierten el año de su creación, adelantándolo a 1932 y a 1933 respectivamente. También Pere Foix (1976 [1957]: 139) establece los primeros contactos entre militantes para crear el nuevo partido en octubre de 1932, aunque escribe que no está seguro de ello. La confusión perdura hasta nuestros días.

[4] Para conocer algunos antecedentes de la participación gubernamental de la CNT en 1936, V. César M. Lorenzo (1969): Los anarquistas españoles y el poder. Ed. Ruedo Ibérico, París; pp. 43-74.

[5] Barrio Alonso, Ángeles (1986): Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936) [tesis doctoral]. Universidad de Cantabria (Departamento de Historia Moderna y Contemporánea); p. 226.

[6] Íñiguez, Miguel (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español (vol. II) Asociación Issac Puente, Vitoria; p. 1284.

[7] Para profundizar en la figura de Barriobero, acaba de publicarse una biografía elaborada por José Luis Carretero (2017): Eduardo Barriobero. Las luchas de un jabalí [prólogo de Julián Vadillo.] Queimada Ediciones, Colección Nuestra Memoria, Madrid.

Véase también Bravo Vega, Julián (2002): Eduardo Barriobero y Herrán (1875-1939). Una nota sobre su vida y escritos. Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid.

[8] “La actividad republicana de izquierdas. El partido democrático federal y el partido sindicalista han firmado un pacto de acción.”; en La Libertad, 9-7-1935, Madrid; p.2.

[9] Elorza, Antonio (1974): “El sindicalismo de Ángel Pestaña” [prólogo]; en Pestaña, Ángel: Trayectoria Sindicalista. Ed. Tebas, Madrid; p.71

[10] Pedro Sainz Rodríguez, un político derechista, cuenta en su biografía que los monárquicos usaron La Tierra como un medio de agitación contra el gobierno social-azañista. V. Sainz Rodríguez, P. (1978): Testimonios y recuerdos. Ed. Planeta, Barcelona; p.246. Citado por Antonio Elorza: “En torno a La Tierra”; en El País, 27-2-2007.

En una dura polémica que Cánovas Cervantes tuvo con el socialista Ángel Galarza, éste le acusó desde las páginas de El Socialista de defender los intereses de Juan March.

[11] En las páginas de La Tierra, sobre todo durante la crisis del primer bienio, se pueden leer frecuentes alusiones al carácter individualista y el temperamento “racial” libertario español, desechando modelos extranjeros en boga como el fascismo o el bolchevismo: “Que cada cual haga la revolución en su casa. En España haremos la nuestra, y todos juntos serviremos a la Humanidad.” (V. “Un gran revolucionario. Salvador Cánovas Cervantes en Sevilla”; en La Tierra, 5-5-1933, Madrid; p.4) Cánovas Cervantes dedicó muchas líneas a la reflexión sobre la formación y las particularidades de la identidad nacional ibérica y al análisis de las peculiaridades del genio y la raza españoles.  La idea – que hoy llama la atención- era dominante por aquella época en todo el espectro político, incluido el que nos ocupa. El libro Ingleses, franceses, españoles: Ensayo de psicología colectiva comparada, de Salvador de Madariaga, se publicó en 1929 y se reeditó cada año hasta 1934. En él, el autor, a pesar de reconocer lo poco de científico que tiene el asunto, defiende la idea de que los pueblos poseen un carácter nacional. Al año siguiente, el socialista Luis Araquistain publicó El ocaso de un régimen, que comienza con un “Ensayo de patología del alma española”, donde se vuelve a tratar el tema. El mismo Ángel Pestaña se refiere al estereotipo del individualismo hispano en el folleto Sindicalismo, editado por los Cuadernos de cultura de Marín Civera en mayo de 1930. Cinco años más tarde, en Por qué se fundó el Partido Sindicalista, volverá a tratar el tema y coincidirá con Cánovas Cervantes al afirmar que el pueblo español no es apto para el modelo marxista: “No hay pueblo tan predispuesto por su naturaleza al ejercicio de una democracia de verdad  como el pueblo español.” (p.51)

[12] Losada Urigüen, María: “Extremismo republicano y anarcosindicalismo en la década de los treinta: ideología, cultura y política de una relación”; en Comunicaciones del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC (Zaragoza, 26, 27 y 28 de septiembre de 2007), 2008.

[13] “En Sevilla. Partido social ibérico”; en ABC, 7-11-1933, Sevilla; p. 26.

[14] “Los partidos Sindicalista y Social Ibérico se fusionan”; en La Tierra, 29-5-1935; p.4.