Amparo Poch y Gascón, ‘El médico ante la vida’ [prólogo]

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Hace un año, la editorial mallorquina Calúmnia publicó esta serie de artículos con motivo del 8 de Marzo.

Mente privilegiada, espíritu libre y voluntad de hierro. No se nos ocurre mejor manera de condensar la personalidad de Amparo Poch y Gascón, médica anarcosindicalista, feminista y pacifista, entregada de lleno a la salud y los derechos de los niños y las mujeres trabajadoras. Una mujer que logró romper los límites de la sociedad patriarcal que le tocó vivir para dedicarse a cuanto se propuso, al tiempo que buscaba la liberación de la mujer del triple yugo del machismo, la ignorancia y el capitalismo.

Se vino al mundo un 15 de octubre de 1902, en Zaragoza. Un día le dijo a su padre, un teniente chusquero de pontoneros, que deseaba estudiar Medicina; la respuesta fue que no era carrera propia de mujer. Así, cursó Magisterio y acabó en 1922 con premio…

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Las ‘Doce pruebas de la inexistencia de Dios’: un folleto muy popular en España hasta 1939

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Obra del pedagogo, escritor, divulgador y filósofo anarquista francés Sébastien Faure (Saint-Étienne, 1858 – Royan, 1942), las Doce pruebas de la inexistencia de Dios es una conferencia publicada enFrancia en 1914, y que en España se leyó muchísimo hasta la Guerra Civil.

Nacido en el seno de una familia muy católica de clase media, Faure fue enviado a estudiar con los jesuitas, con quienes llegó a hacer un noviciado de dieciocho meses en Clermont-Ferrand. Sin embargo, la muerte de su padre en 1875, a quien había prometido abandonar la idea del sacerdocio para hacerse cargo de la familia, le llevará por caminos inesperados.

Después de dedicarse al comercio y de entrar como inspector en una compañía de seguros, con un año de servicio militar de por medio, Faure perdió la fe y comenzó su compromiso con el socialismo. Tanto fue así que “Sébast” fue candidato del guesdista Partido…

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Ángel Mª de Lera (1912-1984)

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El 23 de julio de hace ahora 36 años moría en Madrid el periodista, escritor y sindicalista libertario Ángel María de Lera García.

Vino al mundo en Baides (Guadalajara) porque allí trabajaba su padre, médico rural. Y por lo mismo se trasladó a Membrilla y más tarde a Fuente del Fesno, localidades de Ciudad Real donde pasó su infancia hasta que en1920 se marcharon a Lanciego (Álava). Su madre, María Cristina, era hija de Máximo García Gil, juez de instrucción y de 1ª instancia.

Siendo todavía un niño ingresó en el Seminario Menor de Vitoria. Allí cursó estudios de Latín y Humanidades hasta que a los 17 años una crisis religiosa le hizo abandonar la idea de ser sacerdote. Su profesor de Literatura despertó en él el gusto por las letras y ya compuso entonces La conquista de Granada, un drama en verso dividido en tres actos, además de…

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Ricardo Baroja y Nessi

Ricardo Baroja Nessi (Minas de Ríotinto, Huelva, 12 de enero de 1871 – Vera de Bidasoa, Navarra, 19 de diciembre de 1953) fue un pintor, actor y escritor español, hermano del novelista Pío Baroja. Destacó como aguafuertista y grabador.

No es este el lugar para repetir su biografía ni de repasar su actividad artístico-literaria (clickar su nombre). Nos limitaremos, pues, a hacer un breve repaso de su trayectoria política, la de un republicano que, como tantos otros, se fue acercando al anarquismo.

Ricardo Baroja en el Museo San Telmo de San Sebastián, en 1938. Fuente: Wikipedia.

A comienzos del siglo XX parece ser que se relacionó en la bohemia con militantes y simpatizantes libertarios, entre ellos Mateo Morral, cuyo cadáver tomaría como modelo para uno de sus aguafuertes. En 1912 consta su afiliación en Madrid al Partido Republicano Radical de Alejadro Lerroux, siendo elegido Vicepresidente primero del Distrito de Palacio. Dicha vinculación se alagará hasta los primeros tiempos de la II República, momento en que, tras renunciar a su puesto de Secretario de Exposiciones de Bellas Artes, se presenta a las elecciones generales de junio de 1931 en la “Candidatura del Pueblo” junto a otros republicanos de extrema izquierda: Ramón Franco, José Verdes Montenegro, José Martí, Pablo Rada, Rodrigo Soriano, Ramón Calamanzano, Sixta Carrasco y Felipe Sánchez Román, Rosa Martín de Antonio, Alberto Vayo y María Zambrano. Ya a finales de la Dictadura de Primo de Rivera, en París, se había relacionado con elementos relacionados con los intentos revolucionarios de Jaca y Cuatro Vientos, quienes le proporcionaron propaganda y una ametralladora para pasar a España.

En los años de la II República fue habitual su colaboración en el periódico republicano madrileño La Tierra, donde el 31 de mayo de 1931 ya publicó la carta de dimisión como Secretario de Exposiciones de Bellas Artes. Al año siguiente comenzó a escribir la serie “De buena fe” en El Imparcial, desde donde lanza severas críticas contra la República y los hombres del régimen, entre ellos su otrora amigo Manuel Azaña.

En agosto de 1933 retornó e intensificó su colaboración en La Tierra a través de la columna “Ventana abierta”, la cual duraría un año (110 textos). Se va impregnando entonces de las ideas de su director, Cánovas Cervantes, curiosa mezcla de republicanismo radical, anarquismo y esencialismo ibérico; tanto es así, que Baroja se presenta en la capital a las elecciones de noviembre de 1933 en la candidatura conjunta de La Tierra y el Partido Social Ibérico, pequeña formación de corte anarquizante, escisión del Partido Social Revolucionario de José Antonio Balbontín, que se presentó en Sevilla y Madrid. Lo interesante de esta organización es que ya propuso el municipalismo político y la sindicalización de la producción como formas de organización del cambio revolucionario.

No en vano, muchos de sus militantes entrarán más tarde en el Partido Sindicalista de Pestaña. Baroja hará lo propio tras un breve paso por el partido republicano de Diego Martínez Barrio, de nuevo siguiendo la orientación de La Tierra. Así, el 23 de mayo de 1935, Baroja debía dar una conferencia en el local del Partido Sindicalista en Madrid ( c./ Isabel la Católica 17, entresuelo ), pero finalmente fue suspendida por la Dirección General de Seguridad. A mediados de junio pudo llevarse a cabo con la asistencia de 54 personas. Y en septiembre de ese mismo año acude en Madrid a un acto de presentación de El Sindicalista, vocero del PS, donde encontramos artículos suyos.

No obstante, no formó parte de los cuadros del partido ni encontramos su nombre en ningún pleno. Después del golpe de julio de 1936 se refugió en “Itzea”, la casa de los Baroja en Vera de Bidasoa, comenzando un período en que tuvo que afrontar pintando el problema diario de la supervivencia.

Bibliografía


– Barona Martínez, Carlos: “Ricardo Baroja en La Tierra: una política anarquista (1931-1935)”, en Ruiz Carnicer, M.A. y Frías Corredor, C. [coords.] (2001): Nuevas tendencias historiográficas e historia local en España: actas del II Congreso de Historia Local de Aragón (Huesca, 7 al 9 de julio de 1999). Disponible en https://issuu.com/diputacionprovincialdehuesca/docs/tendencias_historiogr_ficas (consulta: 1-5-2020).

– Caro Baroja, Pío: “Ricardo Baroja Nessi”, portal de la Real Academia de la Historia. disponible en http://dbe.rah.es/biografias/7910/ricardo-baroja-nessi (consulta: 1-5-2020).

– García de Juan, Miguel Ángel: “Ricardo Baroja, El Imparcial y el debate del Estatuto de Cataluña de 1932”, Sancho el sabio: Revista de cultura e investigación vasca, Nº 39, 2016, pp. 91-116. Disponible en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5748521 (consulta: 1-5-2020).


– Santos Santos, María Cruz (2012): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”. Stuttgart: Editorial Académica Española.

Hemeroteca digital BNE


La Libertad, Madrid, 25.5.1935.

La Revista Blanca, Madrid, 14.6.1935 

– El Heraldo 25.9.1935.

Pedro Luis de Gálvez

Foto de portada: A la salida de una conferencia de Pestaña en el Ateneo de Madrid, en junio de 1931. En el centro de la imagen, junto a Pestaña.

Javier Barreiro

GÁLVEZ, Pedro Luis de (Pedro Luis de Gálvez y López), Málaga 3-V-1882 – Madrid, 24-XII-1940. Escritor bohemio.

Hijo de un empleado de ideas muy conservadoras, recibió una estricta educación con profesores eclesiásticos para después ingresar en el seminario, de donde escapó. Una vida altamente turbulenta y llena de increíbles episodios lo llevó al correccional, a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, con dieciséis años, a París, para seguir perfeccionándose en el arte pictórico y, finalmente, a la cárcel por sus soflamas antimonárquicas. Entre los muchos meses en espera de juicio que estuvo encerrado en Cádiz y la condena que cumplió en el penal de Ocaña pasó cuatro años en prisión, a menudo, en condiciones infrahumanas. Sin embargo, allí escribió sus primeros libros, La Cochambrosa, En la cárcel Existencias atormentadas y obtuvo un premio con “El ciego de la flauta”, en el Concurso Nacional de Cuentos, promovido por

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RECUERDO: Salvador Seguí

Con propósito deliberado, hemos dejado estas cuartillas para después del aniversario de la muerte de nuestro camarada Seguí. Y aprovechando esta circunstancia, diremos que hubo un error al decir que se cumplía el octavo aniversario de su muerte. Pues es el séptimo, no el octavo. Aclarada esta omisión de muy relativa importancia, digamos lo que nos habíamos propuesto decir.

La dictadura instaurada en septiembre de 1923 ha sido la causa de que la organización afecta a la Confederación no haya recordado a Seguí como merecía y debía ser recordado.

Ciertamente que no somos propensos a elevar altares ni declarar «santos» a los hombres que en nuestros medios lucharon y murieron. Pero esta iconoclastia, este ateísmo tan altamente dignificador de nuestra conciencia y nuestro pensar colectivos, no puede llevarnos a los linderos de la ingratitud.

Seguí, como tantos otros camaradas, pero él quizá más que otro alguno, se ha convertido en presa, en bandera que unos y otros nos quieren arrebatar.

Hemos observado que en cada fecha del aniversario de la muerte de nuestro camarada se alzan voces reclamando para ellas la personalidad, el prestigio, el valor que como individuo y como elemento militante tenía el compañero trágicamente asesinado.

Y ante esta usurpación que con nosotros se quiere cometer, por muy iconoclastas, por poco inclinados que seamos a conmemorar los desaparecidos, un deber de respeto elemental nos obliga salir al camino interceptando el paso a todos esos malandrines que con malabarismos equívocos quieren hacer ver lo que no es.

Porque, digámoslo de una vez: Seguí, señores de enfrente, fue lo que fue, no lo que ustedes quieren ahora que sea.

No hacemos un estudio biográfico de Seguí. No venimos hoy, en estas líneas, a recordar sus condiciones ni sus cualidades. Y menos a destacar sus defectos o sus virtudes. Tarea es ésta que requiere empeño mayor y tiempo, estudio que ahora no podemos dedicarle.

Pero si renunciamos a lo que un día u otro habrá de hacerse por quien pueda y quiera, no renunciamos, sería vergonzoso que lo hiciéramos, a salir al paso a la infamia dejando que sobre la memoria del camarada muerto se viertan las inmundicias de suposiciones que empañan una actuación y una personalidad que a todos debiera merecernos el máximo respeto.

Los cerdos ozan en la inmundicia. Los sapos viven, y viven bien, entre el fango. Son muchos los animales que se alimentan y nutren en los estercoleros. Si esto no puede ser un desmérito para esas especies de la escala zoológica, sí lo es, y de gravedad suma, para el hombre, que haya semejantes suyos que no sepan vivir si no es enlodando la dignidad de los demás.

Seguí, con el que discrepamos a veces, pero del que no desconocimos jamás sus merecimientos, no era, panegiristas de la última hornada, lo que ustedes quieren que fuese, sino algo muy distinto por convicción y temperamento.

Luchador incansable, espíritu batallador, inteligencia ágil y despierta, él no podía actuar nada más que con la clase trabajadora organizada, a la que dio lo mejor y más valioso de su destacada personalidad. Y no somos nosotros, los que vivimos junto él, los que estuvimos más su lado, quienes lo proclamamos. Son los miles y miles de trabajadores que escucharon su palabra. Perdidos en las llanuras o en las vertientes de las montañas donde apenas si llega un tortuoso camino de herradura, ellos supieron comprender el valor, lo que era y significaba el camarada cuya desaparición lamentamos.

Suponer ahora que Seguí hubiera sido esto o lo otro, o lo de más allá; querer demostrar que Seguí estaba dispuesto a abandonar el ideario de toda su vida para abrazar esta o la otra doctrina política, será tan hábil y ventajoso como se quiera; pero no es ni digno, ni decente. Y mucho menos respetable.

Seguí vivió en cuerpo alma para la Confederación Nacional del Trabajo. Su verbo cálido, elocuente, su gesto enérgico y decisivo, así lo expresaron una y mil veces. ¿Por qué venirnos ahora con el supuesto de si quería hacer ésto y lo de más allá, defender esta o la otra política, inclinarse por este o por el otro partido?

Y aun en el caso de que tales hubiesen sido sus intenciones, lo digno y generoso es recordarle en estas fechas de su muerte, sería, para no empañar su memoria con abandonos y apostasías que nadie puede probar, recordarle por lo que fue y por lo que hizo. No por lo que suponen algunos que hubiera hecho después.

Se impone, pues, camaradas todos, militantes jóvenes y viejos de la Confederación, que defendamos la memoria, el nombre, el recuerdo del camarada Seguí contra esa ola invasora de oprobio y de vergüenza con que impúdica y persistentemente se la quiere enlodazar.

Va en ello nuestra probidad y nuestra hombría de bien. Atañe, no sólo nuestra condición de hombres comprensivos y generosos, sino la dignidad, al porvenir y a la grandeza de esta Confederación por la que, si muchos de nosotros dimos la libertad, él, como otros muchos, rosario interminable de víctimas, dieron lo último que el hombre de ideas puede dar por la que es suya y ama ardientemente: la vida.

ÁNGEL PESTAÑA

Acción, núm. 6, 22-3-1930, Barcelona; p. 1.

Benito Pabón, “el Diputado anarquista” (I)

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   Llama la atención que la figura de Benito Pabón y Suárez de Urbina (Sevilla, 1895 – Panamá, 1954) apenas haya despertado el interés de la historiografía. Y es que la apasionante vida de este militante de la CNT, abogado laboralista y político, bien merece ser escrita en forma de amplia biografía o de guión de cine: defensor de los encausados de Casas Viejas (1933);  diputado en Cortes tras las elecciones de febrero de 1936; organizador y miliciano de la columna rojinegra Águilas de la Libertad durante la guerra de España; Secretario general del Consejo de Defensa de Aragón; perseguido por agentes de Stalin a causa de su participación en el proceso contra el POUM tras los Hechos de Mayo de 1937; etc.

   Natural de Villanueva del Río, era hijo del abogado Benito Pabón Galindo y María Teresa Suárez de Urbina Cañaveral. Junto con sus tres hermanas y tres…

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Benito Pabón, “el Diputado anarquista” (y II)

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   Fracasado el golpe militar de julio de 1936 en Madrid, Benito Pabón fue el encargado de organizar la Columna Águilas de la Libertad, milicia de 400 hombres formada en el Ateneo Libertario del Sur, con Salvador Sediles como Consejero militar, el capitán Morales como Jefe técnico, y Francisco Tortosa y el propio Pabón formando parte del Comité de guerra como consejeros políticos. La milicia intervino en el asedio del Alcázar de Toledo, participando Pabón en el Gobierno civil de la localidad[1].

   Poco después, en octubre, a requerimiento de Joaquín Ascaso y de la Regional aragonesa de la CNT, Pabón se marchó a Alcañiz y se  involucró en el proceso formación del Consejo de Defensa de Aragón. Partidario de mantener ciertas apariencias de democracia burguesa a nivel internacional, convenció a sus camaradas de que lo mejor era legalizarlo[2]. Fue redactor de los estatutos…

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Principios, medios y fines del sindicalismo libertario comunista (A. Pestaña, 1919)

Pestaña, Á., Seguí. S. (1921): El sindicalismo libertario en Cataluña. [transcripción taquigráfica de las conferencias dadas en la Casa del Pueblo, Madrid, el 4 de octubre de 1919]. Buenos Aires: Lux; pp. 5-16.

CAMARADAS: En Cataluña es muy común, es corriente que el público que escucha al orador, sobre todo en nuestros actos, se abstenga de aplaudir; nosotros no somos toreros, nosotros no vamos a conquistar ningún pedestal, nosotros somos trabajadores.

a través de Principios, medios y fines del sindicalismo comunista (A. Pestaña, 1919)

Buenaventura Durruti y Ángel Pestaña, por Rafael Núñez Florencio, Juan Avilés Farré y Ángel Herrerín López [vídeo]

“Buenaventura Durruti y Ángel Pestaña”, por Rafael Núñez Florencio, Juan Avilés Farré y Ángel Herrerín López.

Del Seminario de Historia Contemporánea: Héroes y villanos en la historia reciente de la Península Ibérica. Salón Siglo XXI, Ayto. del Real Sitio, Segovia. 06-10-2017

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