Una calle llamada Ángel Pestaña

Pocos meses después de la muerte del leonés, la Federación Local barcelonesa de la CNT hacía llegar a sus camaradas de la Comisión de Gobierno Municipal una propuesta sindicalista para poner su nombre a la calle Sant Jeroni (San Jerónimo), que fue aprobada el 1 de diciembre de 1938.

Con motivo del primer aniversario de su fallecimiento, dentro de una serie de actos que conmemoraba su figura, el domingo 11 de diciembre de 1938, a mediodía, se descubrió la lápida con la nueva rotulación. Acudieron al acto sus compañeros  Palmer y Fornells, éste en representación del Comité Regional del Partido Sindicalista; Muñoz, por el Ayuntamiento de Barcelona; Miratvilles, que ostentaba la delegación del President de la Generalitat; Santaló, representante de las Cortes de la República; Joan Peiró, por la CNT; y, finalmente, el diputado Martí Barrera, en nombre del Parlament de Cataluña (“En el primer aniversario del fallecimiento de Ángel Pestaña”, Solidaridad Obrera, 13-12-1938, Barcelona, p. 2).

Solicitud cambio de nombre a c San Jerónimo

Solicitud de la CNT local a instancia del PS.

Solicitud cambio de nombre a c San Jerónimo (1)

Respuesta del grupo confederal municipal.

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Hoy la calle Sant Jeroni no existe, y en el lugar donde estuvo luce una placa que recuerda al berciano. En la Rambla del Raval, entre las calles Sant Martí y Sant Bartomeu.

En la ciudad de Valencia también renombraron la céntrica calle Don Juan de Austria, hoy zona comercial, que se convirtió en calle Ángel Pestaña hasta que terminó la guerra.

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Don Juan hoy

Calle peatonal Don Juan de Austria (Valencia).

En la calle San Francisco, 1, de Alicante, se ubicó el círculo obrero o sociedad de recreo La Unión a finales del s. XIX. Era un local con solera liberal y republicana conocido anteriormente como el Círculo de Artesanos (1863-1866), el Círculo Republicano (1868-1874) o el Nuevo Recreo Alicantino (1882-1886). Más tarde, tras ser el Círculo La Unión, pasó a llamarse casino La Alianza. La calle cambió de nombre por aclamación popular en 1896, pasando a ser la calle Sagasta. En diciembre de 1937, cuando murió el sindicalista del Bierzo, pasó a llamarse Ángel Pestaña hasta que las tropas fascistas entraron en la ciudad (https://alacantobrera.com).

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Plaza de la Constitución, lugar donde arranca la calle San Francisco. Fuente: https://alacantobrera.com

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Calle San Francisco, hoy.

Pero quizá el primer lugar donde se le dedicó una calle fue en la localidad murciana de Los Alcázares, cuyo Consejo Municipal, a propuesta del sindicalista Francisco Flores, acordó a primeros de enero de 1938 dedicarle la calle de la Feria (“Cómo ha honrado la memoria de Angel Pestaña el Consejo Municipal de Los Alcázares”, El Pueblo, 12-1-1938, Valencia, p. 3).

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Calle de la Feria

En Ponferrada, actualmente, hay una avenida Ángel Pestaña que enlaza con Santo Tomás de las Ollas, su lugar de nacimiento, hoy absorbido por la ciudad. Nos contaba el compañero Luismi García que un día hizo una encuesta informal por allí y los vecinos, en general, no tenían ni idea de quién fue ese tal Pestaña. ¡Y eso que da nombre también a un pabellón deportivo (?) de la zona!

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Avenida Ángel Pestaña, en Ponferrada.

Calle AP

También hemos localizado en el mapa una calle Ángel Pestaña en Bembibre, El Bierzo, León.

En Barcelona, en el barrio de La Prosperitat, se ubica hoy una plaza con su nombre.

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Plaza Ángel Pestaña, Nou Barris.

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Foto gentileza del historiador Fran Fernández.

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Entre la gente del casal se puede ver al sindicalista, preparado para coger el tren.

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Incluso posando junto al Azagra.

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Á. Pestaña (1920): El Terrorismo en Barcelona.

Fuente: PESTAÑA, Ángel (1934): Lo que aprendí en la vida. Madrid: M. Aguilar-Editor.

Ángel Pestaña no veía los toros desde la barrera. Ni mucho menos. La patronal catalana había puesto precio a su cabeza: Muntadas, miembro de la familia propietaria de La España Industrial, Sociedad Anónima Fabril y Mercantil, aportó 23.000 pesetas para eliminarlo; y Ramón Sales, carlista y presidente del Sindicato Libre, se encargó de la inteligencia. Pagaron a un vecino de la familia Pestaña, residente en la calle San Jerónimo 11, para poder establecerse en su casa con el fin de acribillarlo en la escalera.

   Por fortuna, Pestaña se había desplazado a Tarragona para dar una conferencia en el Coliseo Mundial. Era el 10 de enero de 1920. Tras el acto fue a cenar con buena parte de los compañeros asistentes, y al grupo se acercó un periodista del diario La Publicidad, que había seguido el acto, para informarles de que su director le había mandado un cable donde explicaba que el conferenciante había sido detenido en la frontera en posesión de dinero y documentación importante. El episodio, un tanto cómico, les permitió enterarse de que el Gobernador Civil de la provincia había ordenado su detención y la Policía andaba pisándole los talones, por lo que huyó de inmediato y permaneció escondido unos meses en una masía de un pueblo de la provincia. Todo lo cual, sin saberlo, lo puso también a salvo de los esbirros de la patronal.

   Pestaña abandonará la masía tras ser requerida su presencia por el Comité nacional para una reunión a fin de tratar algunos asuntos, entre ellos el viaje a Rusia. Para no ser descubierto por la policía se desplazó hasta la estación de tren vestido de payés, con blusa, faja, gorra de seda, alpargatas y un cesto de aves, y de esta guisa se plantó en la estación de Sants de Barcelona, donde lo esperaba Martí Barrera. De allí acudieron a cenar a casa de la compañera Francisca Saperas, donde les esperaba también Salvador Seguí.

      En su escondite escribió El Terrorismo en Barcelona, que salió a la luz en marzo de 1920, poco antes de que su autor emprendiera su viaje a Rusia. Es el primer número de una serie de folletos editados por el Centro de Estudios Sociales (CES) de Tarragona, impreso en la imprenta Gutenberg, proyecto colectivo que reunía en la capital catalana a un selecto grupo de cenetistas (Plaja, Aláiz, Tribó, Cinca y Barjau, entre otros), que retomó la publicación del diario anarquista Fructidor, órgano de las sociedades obreras de la provincia, y recibió, además, algunos encargos de la Organización.

La obra denuncia la confusión interesada de que algunos diputados habían hecho gala en el Parlamento, identificando el sindicalismo con el terrorismo; algo –según el autor— que hubiera dado risa si no fuera por el dolor y los males que generaba. Fue reeditada en 1978 por la editorial Calamus Scriptorius junto con El sindicalismo en Cataluña, conferencias transcritas de Pestaña y Seguí.

Bibliografía:

DE LERA, Ángel María (1978): Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista. Barcelona: Argos Vergara.

FOIX i CASES, Pere (1957): Apòstols i mercaders. Quaranta anys de lluita social a Catalunya. México: Edicions de la Fundació Sara Llorens de Serra.

SORIANO JIMÉNEZ, Ignacio Clemente (2016):L’anarquisme a Tarragona (1917-1924). Formós Plaja i Carme Paredes. Tarragona: Publicacions Universitat Rovira i Virgili.

Se puede descargar la obra en http://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=%C3%A1ngel+pesta%C3%B1a

Imagen de entrada: Cubierta del folleto, elaborada por Hermoso Plaja.

Un manifiesto interesante (1919)

LA ESCENA

Verano sangriento de 1919. El negro nubarrón del pistolerismo descarga plomo sobre Barcelona. El 19 de julio aparece el cadáver de Pau Sabater (a) el Tero, conocido sindicalista asesinado la madrugada del día anterior, lo que causa gran conmoción en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Al día siguiente, la flor y nata del anarcosindicalismo catalán firma un manifiesto que denuncia, tras analizar la situación creada en la ciudad, la ilegalización de los Sindicatos y el encarcelamiento de su militancia más capaz de parar el derramamiento de sangre.

Pestaña, Piera y Seguí

En el escrito aparecen las rúbricas de Simó Piera, Salvador Seguí, Agustí Castellá, Francesc Riera, Ángel Pestaña y David Reyes (seguramente sea David Rey, pseudónimo de Daniel Rebull). Y está dirigido al Parlamento español, por lo que es entregado para su lectura a Francesc Layret, recién elegido diputado por el Partit Republicà Català.

En la sesión del 6 de agosto, Layret explica en el Congreso magistralmente la situación social excepcional que atraviesa la ciudad y denuncia la incomprensión de lo que allí sucede por parte de los sucesivos Gobiernos de Madrid, más dados a suspender las garantías constitucionales del país, declarar el estado de guerra en Barcelona y hacer la vista gorda a las amenazas de lock-out patronal (cierre de fábricas) que a indagar en los agravios y las injusticias que sufre aquella población obrera. Al día siguiente continúa su polémica intervención con una crítica implacable al Ejército, y se dispone a leer el documento, pero el Presidente de la cámara no se lo permite alegando que el procedimiento no se ajusta a Reglamento al tener que pasar antes el filtro de la Mesa. Al fin, logra que el texto sea incluido en el Diario de Sesiones.

Francesc Layret

EL TELÓN DE FONDO

El éxito de la huelga de La Canadiense (febrero-marzo de 1919) representó un punto de inflexión para la CNT, al alza desde 1914. Al negarse la autoridad militar, el capitán general de Catalunya Joaquín Milans del Bosch, a liberar a todos los presos encarcelados con motivo del conflicto, tal y como se había acordado durante las negociaciones, y a causa también del surgimiento de otras disputas como la huelga nacional de carteros, las reivindicaciones del Sindicato Único Textil de Barcelona o la deportación de los obreros rusos y polacos en el vapor Manuel Calvo, a los tres días se convocó otra huelga general. Quizá, a juicio de algunas de las cabezas más visibles de la Organización, fuera una decisión un tanto precipitada. En cualquier caso, continuaba la conflictividad social.

Fracasada la huelga, en gran parte debido al efecto de la promulgación el 3 de abril del Real Decreto que establecía la jornada de 8 horas a partir de octubre, el recién nombrado IV Gobierno de Antonio Maura (15 de abril) no dudó en sacar al Ejército a la calle, manteniendo el estado de guerra y la represión durante cuatro meses. De nuevo se organizó el somatén (grupos parapoliciales) para abrir tiendas, aprovisionar la ciudad y detener obreros. En total unos 43.000 confederados entraron en prisión, sin distinguir entre partidarios y detractores de la violencia. La burguesía catalana, además, acababa de replicar la estructura sindical y se organizaba en la Federación Patronal, recrudeciendo la lucha de clases y sus métodos. Así comienza el llamado Terrorismo Blanco, organizado por el oscuro policía Manuel Brabo-Portillo, de regreso en la capital catalana tras el escándalo de espionaje en favor de las potencias centrales durante la Gran Guerra. Con la financiación de la patronal, formará La Banda Negra. Tras un primer intento frustrado de acabar con la vida del sindicalista del ramo de la construcción Pedro Massoni, caen asesinados el Tero, presidente de la comisión negociadora del ramo del agua, y José Castillo, antiguo miembro del Comité nacional de la CNT.

Para hacer frente a los sicarios de Brabo-Portillo, toman fuerza los grupos de acción confederales. Ojo por ojo. Como tantas otras veces, los acontecimientos pasan por encima de los principales partidarios de consolidar las mejoras conseguidas, de fortalecer unos Sindicatos debilitados tras unos años de dura brega, de actuar en plena legalidad y de engrandecer numéricamente a la Organización. Representan el ala más sindicalista de la CNT, cuya prevalencia había permitido en los meses anteriores colaborar con la UGT o participar en las Comisiones Mixtas (órganos de resolución de conflictos entre obreros y patronal con el arbitraje de las autoridades). Salvador Seguí (a) el Noi del Sucre y otros partidarios de la línea moderada piensan, más allá de consideraciones morales o filosóficas, que esa vía violenta y clandestina conduce inevitablemente a la derrota.

ALGUNAS CONSIDERACIONES

El memorial de quejas que presentamos, pese a su significación, es poco conocido. La gravedad de la situación en Barcelona movió a un grupo de militantes a emitir un comunicado en el Congreso de los Diputados, aunque la noticia no apareciera siquiera en la prensa de la época hasta más de dos semanas después; en concreto, ocupó la primera página del diario republicano madrileño El Liberal, en su edición de 22 de agosto.

Desconocemos la lista completa de firmantes y no sabemos si lo hicieron a título individual. En cualquier caso, Seguí era entonces el Secretario del Comité Regional de Cataluña, y Pestaña el director de su periódico Solidaridad Obrera. Dos líderes de opinión en toda regla.

Sí sabemos, a tenor de la lectura del texto, que se muestran contrarios a los atentados:

…por ser éstos el producto de una educación individual incompleta pero que tienen su justificación en la violencia de los de arriba. Nosotros censuramos y execramos los crímenes sociales, pero a la vez censuramos también sus causas generadoras.

Y he aquí el meollo del asunto, pues en el fondo se trataba de poner el balón sobre el tejado de los poderes del Estado, de quien en última instancia dependía convertir el anarcosindicalismo en una central que actuara a plena luz del día o bien que se pareciera más a una organización secreta incapaz de articular la lucha obrera, haciendo de la acción directa una tarea de grupo o individual en lugar de la labor colectiva propia de un sindicalismo de masas.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de las veleidades políticas que algunos atribuyen a Seguí. Lo cierto es que el Noi del Sucre no había dudado en aliarse con socialistas y republicanos durante los conflictos de los años inmediatamente anteriores. Y mantiene entonces amistad con muchos de ellos: Lluís Companys, Marcelino Domingo, Gabriel Alomar o el propio Layret. La lista es larga. Es habitual encontrarlo en tertulias de café o en la Redacción del diario republicano La Lucha departiendo animosamente con ellos. Nada nuevo entre republicanos y anarquistas, acostumbrados a moverse en los mismos espacios. Llama la atención, por otra parte, que, de los firmantes, Piera y Castellá acabaran años después en la Esquerra; que Pestaña fundara el Partido Sindicalista; y que David Rey –o el mismo Castellá durante la guerra— se pasara al Partido Comunista y acabara en el POUM. Pero a día de hoy aún no se han hallado pruebas de que Seguí pretendiera pasarse a la política o formar un partido. Como Pestaña, era un tipo abierto a hablar con todo el mundo desde sus propias convicciones. No es difícil comprender, pues, que el documento que nos ocupa se confiara a Layret, abogado laboralista que venía defendiendo a cenetistas con frecuencia y cofundador del Ateneu Enclopèdic Popular, donde Seguí y otros habían participado activamente.

Tampoco se nos debe escapar, en definitiva, que los protagonistas de nuestro drama eran considerados elementos muy peligrosos por parte de la patronal y de las autoridades. Más peligrosos incluso que los reyes de la pistola obrera de Barcelona. No en vano Layret caerá asesinado en noviembre del año siguiente en la puerta de su casa, justo cuando se dirigía a interesarse por los sindicalistas, nacionalistas y republicanos detenidos por el Gobernador civil de Barcelona, Martínez Anido. Sin duda, sus intervenciones en el Congreso contribuyeron a ponerlo en el punto de mira. A Pestaña le tocará el turno –el tercero en su cuenta— en agosto de 1922, en Manresa, del que milagrosamente se recuperó. Y a Seguí lo matarán en marzo de 1923, creándose tal perturbación que el mismísimo Pestaña, contrario al uso del atentado personal por ineficaz, no dudará en erigirse justiciero desde el Comité nacional de la CNT.

LA EXPOSICIÓN DE LOS SINDICALISTAS AL CONGRESO[1]

Hace cuarenta y siete años que un gobierno ultra reaccionario puso fuera de la ley, caprichosamente, a la Sección Española de la Internacional Obrera. Los proscriptos de entonces preguntaron a las Cortes españolas: “¿Se puede vivir?”

Nosotros añadimos a esta simple interrogación (que es un alegato formidable al derecho a la vida de los hombres que trabajan) proferida por nuestros nobles antecesores, esta otra, que condensa la protesta honda y justa del proletariado español de nuestra época, contra las llamadas clases directoras:

“¿A qué terreno se nos quiere llevar?”

CONFLICTOS OBLIGADOS. PATRONOS Y AUTORIDADES LOS CAMBIAN EN PROBLEMAS DE ODIOS.

Hace ya algún tiempo que en la política ruinosa y aventurera en todos los órdenes realizada por los Gobiernos de la Monarquía, se pretende, como para justificar el desenfreno de los de arriba, someter al silencio a los de abajo, impidiendo así toda protesta legal de las clases laboriosas.

La situación política y social de España es en extremo alarmante. Todas las clases sociales, y muy especialmente los trabajadores, convienen en que es necesario resolver armónicamente los conflictos sociales, conflictos que tienen el carácter de “necesarios”, debido al alza exorbitante del precio de la vida. No es un secreto para nadie que el dinero rebosa en las arcas de los capitalistas españoles.

Todo el mundo sabe cuán fabulosas han sido las ganancias de los ricos y los nuevos ricos, con motivo de la guerra mundial. ¿Qué participación han tenido las clases productoras en esas ganancias? Ninguna. La carestía de las subsistencias, siempre creciente y sin freno alguno que impidiera el agio y el acaparamiento, obligó a nuestros Sindicatos a reclamar, siempre en justicia, aumentos en los salarios.

El exceso de brazos y la semiparalización impuesta por las circunstancias a ciertas industrias, nos obligó también a reclamar la reducción de la jornada de trabajo en algunos casos. Las organizaciones patronales, sin excepción, contestaron siempre a nuestras demandas, expuestas en forma razonada, con ridículas evasivas unas veces, o con un simple “non possumus” otras.

Los patronos, por regla general, mentían cuando argumentaban contra nuestras reclamaciones. Ni las estadísticas, ni los hechos probados por nosotros a favor de lo que motivara nuestras demandas, sirvieron para convencer a los que a nuestra costa se enriquecen.

Los gobernadores o los alcaldes, aunque advertidos de nuestras razones, no supieron o no quisieron evitar muchos conflictos; prefirieron, sin prever acaso las consecuencias de sus determinaciones, limitarse a poner su influencia y la fuerza de que pudieran disponer al servicio exclusivo de las clases poseedoras. Y así, lo que fue y sigue siendo un problema de justicia y de derecho, que pudo resolverse armónicamente, con la buena voluntad que jamás nos faltó a nosotros, hase trocado, por la torpeza o mala fe de las clases directoras, en un problema de odios.

LAS ORGANIZACIONES OBRERAS NO SON RESPONSABLES DE LOS CRÍMENES SOCIALES

Jamás, en ninguno de los grandes conflictos de orden social provocados en los últimos tiempos, recurrieron los hombres de gobierno a informarse en las organizaciones obreras, que son, pese a quien pese, las que mejor pueden ilustrar en todos los casos, a los Gobiernos y a la opinión del país.

El factor inmenso e insustituible del progreso, que es la organización obrera, no fue consultada, y lo que es peor: no fue tampoco respetada. El Gobierno se informó exclusivamente en las organizaciones patronales, y así fue de funesta su intervención y las consecuencias de la misma.

El encarcelamiento y las persecuciones, siempre sistemáticas e injustificadas, contra los obreros más inteligentes, dieron y dan como resultado que la resolución de los conflictos se haya de confiar a la fuerza y a la violencia, cuando debiera ser la inteligencia la suprema razón.

¡Los crímenes sociales! ¿Qué tiene que ver la organización obrera con tales hachos? Son éstos el producto de una educación individual incompleta pero que tienen su justificación en la violencia de los de arriba. Nosotros censuramos y execramos los crímenes sociales, pero a la vez censuramos también sus causas generadoras. Si el Congreso de los Diputados de España estudiase detenidamente la situación actual de las organizaciones obreras, y luego analizase el contenido del Manifiesto publicado recientemente por los patronos de la construcción de Barcelona, en el que se insulta a los trabajadores, en momentos en que éstos no pueden contestar adecuadamente “porque la autoridad los puso fuera de la ley”, el Congreso de los Diputados instaría y obligaría al Gobierno para evitar la repetición de nuevos crímenes como los perpetrados últimamente, a que levantara el estado de guerra en Barcelona y la suspensión de las garantías constitucionales en toda España.

Las represiones ejercidas contra los trabajadores, principalmente en Cataluña y Andalucía, son las que motivan el “sabotaje” en los campos y los atentados personales en los campos y ciudades. Hubiérase obligado a los propietarios de la tierra y a los plutócratas de la industria a dar, por ser justa, cumplida satisfacción a las reclamaciones de obreros y campesinos y los perjuicios que todos sufrimos serían menores. Hubiéranse resuelto en justicia las cuestiones que exponemos, y no hubiera sido necesaria la intervención de la fuerza pública en los conflictos sociales, intervención cuyos resultados son contraproducentes, porque aumentan el mal y hacen imposible la solución armónica y natural de los conflictos en cuestión.

PERSECUCIONES CONTRA LOS OBREROS ASOCIADOS. PALABRAS DE CLEMENCEAU

El estado de guerra, la censura para la Prensa, la falta de garantías a la colectividad y al individuo, las condenas contra obreros inocentes, y todo el régimen de represión seguido, sin causa justificada, contra los trabajadores organizados, no pueden de ninguna manera conducir al fin que los gobernantes se han propuesto. Pero el mayor y más funesto error de las clases directoras ha sido el de poner fuera de la ley a la organización obrera.

Desde el punto de vista de nuestras ideas políticas, la decisión del Gobierno en este aspecto nos parece excelente. Pero, ¿podrán decir otro tanto los demás elementos de la sociedad española? ¿Es que conseguirá el Gobierno con dichos procedimientos la desaparición de los organismos obreros? No. Con tal proceder sólo se conseguirá que los trabajadores se organicen clandestinamente, lo que en proporción más o menos intensa nadie podrá evitar, y así, fuera de la ley, el trabajador se defenderá en la sombra, porque no podrá hacerlo de otro modo, y los resultados de un período continuo de clandestinidad, ¿quién puede preverlos?

Cuantos anhelen resoluciones justas para las cuestiones que plantea con carácter inaplazable el avance espiritual y las necesidades materiales del proletariado, deben reconocer a éste su personalidad legal y discutir con la organización obrera, si en algo se estima la tranquilidad y el bienestar de la sociedad toda.

La evolución natural de las nuevas normas del derecho, sin trabas ni violencias, permitirá que las masas populares se capaciten intelectual y moralmente, para realizar la transmisión económica y la expropiación del capitalismo, sin apelar a la revolución violenta, que sólo la ignorancia de los humildes o la maldad de los poderosos pueden hacer violenta, sanguinaria y caótica.

No hace muchos días que el presidente del Gobierno francés, M. Clemenceau, decía a los representantes de la Confederación General del Trabajo: “Se hace necesario que capaciten y preparen ustedes a sus organizaciones para dirigir el mundo nuevo, porque el capitalismo y la burguesía han demostrado su incapacidad para ello.” Si es incapaz la burguesía francesa, entre la que descuellan técnicos eminentes y hombres de inteligencia privilegiada, para regir la nueva organización social, ¿qué cabe decir de la burguesía española, inculta, incivil e ignorante a veces de la misma especialidad industrial que la enriquece? Y, sin embargo, los gobernantes de España, no sólo complacen a los capitalistas, sino que padecen el error de creer que los trabajadores organizados no somos nadie en la vía del progreso, poniéndonos fuera de la ley.

 PELIGROS QUE PUEDEN SOBREVENIR DE LA INJUSTICIA

Y ya en este terreno, preguntamos de nuevo: ¿A qué terreno se nos quiere llevar?

Esto es lo que deseamos saber concretamente. Pero sépase que si se nos pone fuera de la ley a nosotros y a nuestras organizaciones, no seremos causantes ni responsables de cuanto pueda ocurrir.

¿Podrá decirse, consumado el atentado constitucional contra los organismos obreros, que la cuestión social quede resuelta? ¿Cesará con ello el “sabotaje” y el atentado personal, a pesar de los castigos que puedan imponerse a las personas materialmente responsables de estos hechos?

¿Qué ganarán la economía nacional, los privilegios de la burguesía y el principio de autoridad cuando se niegue el derecho de defensa legal a la mitad de los habitantes de España?

¿Y qué podrá resultar del empleo constante de la fuerza contra una clase consciente de sus derechos y deberes y enemiga de toda violencia?

Conste que en esta exposición no hay una sola amenaza; pero comprendemos que, sin nosotros y contra nosotros, las masas populares que no necesitan más estimulante que el hambre o la falta de libertad para rebelarse, cometerán en un momento dado los mayores excesos. ¿Quién perderá el pleito en este caso? Todos; pero sobre todo el que más tenga que perder. Dése satisfacción en el orden político y económico a las clases trabajadoras, y la anhelada paz social devendrá posible. Mas pensamos doloridos que los Gobiernos de España no saben, no quieren, no pueden aunque quisieran, colmar las aspiraciones del pueblo que sufre y trabaja.

 INVOCACIÓN A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD. CAUSAS DE LA ANORMALIDAD EN BARCELONA

A los amantes de la luz, a los hombres progresivos, a los justos, a los buenos, a los sabios y a todos los de buena voluntad compete evitar el negro porvenir que en España se vislumbra.

Si en todo el mundo civilizado se abren anchos cauces por los que se canalizan las nuevas concepciones de la humana justicia, prontas a plasmar en verdaderos Estados también de justicia universal, no es de pensar que España oponga un dique que contenga la arrolladora corriente mundial.

Por parte de los trabajadores no se construirá ese dique. Hagan otro tanto los que tienen el deber y la obligación de hacerlo. Si el Congreso considera que vale la pena discutir sobre lo por nosotros expuesto, que discuta; si nos considera seres inferiores, que lo deje; pero en uno y otro caso, si tienen los señores diputados la fe que a nosotros nos falta en la eficacia de la misión encomendada al Parlamento, que obliguen al Poder público a rectificar los tremendos errores cuyos peligros señalamos.

Si se requiere una información pública, demostraremos que la anormalidad constitucional decretada contra la organización obrera por gobernantes ineptos, no es la consecuencia de la agitación social que atraviesa el país, sino que, por el contrario, la acción violenta y revolucionaria de las masas obreras y de los partidos políticos en España, es la lamentable consecuencia de los atentados constitucionales y de los regímenes de excepción decretados contra el avance natural del progreso y de los tiempos. La suprema razón de lo que dejamos expuesto se puede condensar en una sola palabra: “Barcelona”; es innegable que la violencia engendra la violencia. Estúdiense los resultados obtenidos por la política excepcional que sigue el Gobierno en nuestra ciudad, y se verá que nunca, como durante el estado de guerra, la suspensión de garantías y las persecuciones contra obreros, hubo tantos y tan graves conflictos de orden social, ni tantos atentados a la vida de los hombres, ni tanta intranquilidad en los espíritus.

¿Quiénes son los responsables de cuanto ocurre en España?

Tienen la palabra los representantes del país; nosotros hemos terminado.

En Barcelona, a 20 de Julio de 1919.

Simón Piera, Salvador Seguí, Agustín Castellá, Ángel Pestaña, David Reyes.

FUENTES

Ángel Pestaña (1934), Lo que aprendí en la vida. Madrid: M. Aguilar-Editor.

Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. Serie histórica. Legislatura 1919- 1920, 6 y 7 de agosto de 1919, núms. 25 y 26. Disponible en http:// http://www.congreso.es/ est_sesiones/ (consulta 25-1-2019).

Eduardo Pérez: “Contigo empezó todo. Balas contra el terrorismo blanco: el último viaje de Bravo Portillo”, en diario El Salto. Disponible en https://www.elsaltodiario.com/contigo-empezo-todo/balas-contra-el-terrorismo-blanco-el-ultimo-viaje-de-bravo-portillo (consulta 27-1-2019).

Juan García Oliver (1978), El eco de los pasos. París: Ruedo Ibérico.

Juan Gómez Casas (2006), Historia del anarcosindicalismo español: epílogo hasta nuestros días. Madrid: LaMalatesta Editorial.

Hemeroteca digital BNE, diario El Liberal, 22-8-1919, Madrid, p. 1.

Paco Ignacio Taibo II: “La huelga general de 1919”, en Historia de Iberia Vieja. Disponible en http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-contemporanea/huelga-general-1919 (consulta 25-1-2019).


[1] Respetamos la división por partes que publicó El Liberal por hacer la lectura más clara y amena

Ángel Pestaña: “¿Cómo y cuándo gané mi primera peseta?”

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Amigo Gómez Hidalgo:

Me pregunta usted “cómo y cuándo gané la primera peseta”. No creo sea muy interesante que cuente yo aquí cómo y cuándo gané la primera peseta. Seguramente que hay centenares y miles de individuos, la respuesta de los cuales, de dónde y cómo ganaron la primera peseta, resultaría un interesante estudio psicológico y acusador de un régimen que tantas víctimas produce. Pero ya que estos miles de individuos no pueden hacerlo, hágolo yo, más que nada, accediendo a su cariñosa invitación.

Tenía diez años cumplidos, sin haber llegado a los once, cuando mi padre me puso a trabajar de pinche en las minas del Cobarón, provincia de Vizcaya, cerca de Somorrostro.

Para quienes ignoren lo que hace un pinche en tales trabajos, diré que su ocupación consiste en traer, en unos barriles (así se les llama en las minas) en forma de tonel, de unos doce o catorce litros de cabida, el agua que consumen al cabo del día los obreros de la cuadrilla; además, llevar a la fragua, para que el herrero los aguce, los barrenos y pistoletes, y al carpintero cuando se rompen, los mangos, a mangar los picos, palas y azadas, traer las municiones del polvorín para los barrenos, y en algunos casos, ir a buscar la comida del capataz.

Empecé, pues, a trabajar en las minas del Cobarón, y en una galería subterránea que, según la leyenda, comenzó su explotación en tiempos de los romanos. La explotación primitiva se hizo en dos pisos superpuestos, que se comunicaban por pozos perforados de trecho en trecho, ya que la galería debe tener más de un kilómetro de longitud bajo tierra.

En la época a que yo me refiero, el piso inferior estaba completamente anegado, y la superficie del agua subía hasta el piso superior. El peligro de caer en uno de estos pozos fue lo primero que se me advirtió; cosa fácil, si se me apagaba el candil, pues aunque todos los pozos estaban a la izquierda de la galería central, donde trabajaban los mineros a quienes yo servía, por la derecha no era posible guiarse, ya que existen innumerables galerías secundarias en las que me hubiera perdido como en un laberinto.

El temor de caer en uno de los pozos y perecer ahogado; el extraviarme en el dédalo de las galerías secundarias; por otra parte, llevar al hombro, en un trayecto de un kilómetro o más, una carga superior a mis fuerzas; el reniego del capataz o de los mineros; no ver el sol ni respirar aire libre más que contados momentos del día, pues se trabajaba doce horas diarias y estábamos en invierno, era el risueño porvenir que se me ofrecía a cambio de cinco reales diarios de jornal.

Duró poco. Quince días después de haber comenzado a trabajar, una lluvia torrencial caída durante la noche, cubrió de tierra la fuente donde iba a buscar el agua y hube de ir casi veinte minutos más lejos de camino a llenar el barril, para que a los mineros de mi cuadrilla no faltase tan precioso como necesario líquido.

La tardanza exasperó al capataz, y cuando regresé me preguntó dónde había estado. Contéle lo ocurrido, y por toda respuesta obtuve un puntapié en salva sea la parte, un pescozón y quedaba despedido. ¡Así se premiaban mis servicios y la buena intención que había guiado mis pasos!

Fui a casa; conté a mi padre lo que ocurría, y mi padre añadió, por no creer que fuera verdad mi alegato, unos cuantos puntapiés y algunos pescozones más a los que me había dado el capataz. Más tarde se lamentó de que yo tenía razón y lamentaba su error.

Para acabar, cobré los jornales de los quince días trabajados, lo que representaba, como es de suponer, no una peseta, sino varias pesetas, continuando desde entonces hasta hoy haciendo bueno el versículo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

ÁNGEL PESTAÑA

¿Cómo y cuando ganó usted la primera peseta?: respuestas de las más populares figuras espanõlas contemporáneas. Prólogo y encuesta de Francisco Gómez Hidalgo. Madrid: Librería Renacimiento, 1922; pp. 159-161.

(Gentileza del historiador Julián Vadillo)

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Imagen de portada: Niño minero en la mina de carbón de Turkey Knob, Macdonald, West Virginia, USA. Año 1908 (Fuente: http://www.archivohistoricominero.org)

Las “tentaciones” políticas del anarquismo español (II): el Partido Sindicalista

Ser Histórico

UNAS ACLARACIONES PREVIAS

El Partido Sindicalista (PS) ha sido el intento más logrado de llevar a cabo una política de tintes libertarios, anarquizante, desde el Parlamento. Entiéndase bien: no fue un partido ácrata. Aunque su impulsor más destacado, Ángel Pestaña, siguiera concibiendo el anarquismo como teoría útil y necesaria para la educación del individuo, para su formación mental y espiritual[1], había renunciado a él explícitamente en 1933 al no considerarlo válido a corto plazo para transformar la sociedad. Así se comprende que el fin último del sindicalismo político continuara siendo la consecución del comunismo libertario, aunque formalmente hubiera roto con los principios básicos del anarquismo y del anarcosindicalismo al considerar ineludible pasar por un período de transición hacia la nueva sociedad.

   Tanto por este motivo cuanto por la procedencia ideológica y militante de muchos de sus integrantes, se puede afirmar que la nueva organización fue una manifestación…

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RECUERDO: Salvador Seguí

Con propósito deliberado, hemos dejado estas cuartillas para después del aniversario de la muerte de nuestro camarada Seguí. Y aprovechando esta circunstancia, diremos que hubo un error al decir que se cumplía el octavo aniversario de su muerte. Pues es el séptimo, no el octavo. Aclarada esta omisión de muy relativa importancia, digamos lo que nos habíamos propuesto decir.

La dictadura instaurada en septiembre de 1923 ha sido la causa de que la organización afecta a la Confederación no haya recordado a Seguí como merecía y debía ser recordado.

Ciertamente que no somos propensos a elevar altares ni declarar «santos» a los hombres que en nuestros medios lucharon y murieron. Pero esta iconoclastia, este ateísmo tan altamente dignificador de nuestra conciencia y nuestro pensar colectivos, no puede llevarnos a los linderos de la ingratitud.

Seguí, como tantos otros camaradas, pero él quizá más que otro alguno, se ha convertido en presa, en bandera que unos y otros nos quieren arrebatar.

Hemos observado que en cada fecha del aniversario de la muerte de nuestro camarada se alzan voces reclamando para ellas la personalidad, el prestigio, el valor que como individuo y como elemento militante tenía el compañero trágicamente asesinado.

Y ante esta usurpación que con nosotros se quiere cometer, por muy iconoclastas, por poco inclinados que seamos a conmemorar los desaparecidos, un deber de respeto elemental nos obliga salir al camino interceptando el paso a todos esos malandrines que con malabarismos equívocos quieren hacer ver lo que no es.

Porque, digámoslo de una vez: Seguí, señores de enfrente, fue lo que fue, no lo que ustedes quieren ahora que sea.

No hacemos un estudio biográfico de Seguí. No venimos hoy, en estas líneas, a recordar sus condiciones ni sus cualidades. Y menos a destacar sus defectos o sus virtudes. Tarea es ésta que requiere empeño mayor y tiempo, estudio que ahora no podemos dedicarle.

Pero si renunciamos a lo que un día u otro habrá de hacerse por quien pueda y quiera, no renunciamos, sería vergonzoso que lo hiciéramos, a salir al paso a la infamia dejando que sobre la memoria del camarada muerto se viertan las inmundicias de suposiciones que empañan una actuación y una personalidad que a todos debiera merecernos el máximo respeto.

Los cerdos ozan en la inmundicia. Los sapos viven, y viven bien, entre el fango. Son muchos los animales que se alimentan y nutren en los estercoleros. Si esto no puede ser un desmérito para esas especies de la escala zoológica, sí lo es, y de gravedad suma, para el hombre, que haya semejantes suyos que no sepan vivir si no es enlodando la dignidad de los demás.

Seguí, con el que discrepamos a veces, pero del que no desconocimos jamás sus merecimientos, no era, panegiristas de la última hornada, lo que ustedes quieren que fuese, sino algo muy distinto por convicción y temperamento.

Luchador incansable, espíritu batallador, inteligencia ágil y despierta, él no podía actuar nada más que con la clase trabajadora organizada, a la que dio lo mejor y más valioso de su destacada personalidad. Y no somos nosotros, los que vivimos junto él, los que estuvimos más su lado, quienes lo proclamamos. Son los miles y miles de trabajadores que escucharon su palabra. Perdidos en las llanuras o en las vertientes de las montañas donde apenas si llega un tortuoso camino de herradura, ellos supieron comprender el valor, lo que era y significaba el camarada cuya desaparición lamentamos.

Suponer ahora que Seguí hubiera sido esto o lo otro, o lo de más allá; querer demostrar que Seguí estaba dispuesto a abandonar el ideario de toda su vida para abrazar esta o la otra doctrina política, será tan hábil y ventajoso como se quiera; pero no es ni digno, ni decente. Y mucho menos respetable.

Seguí vivió en cuerpo alma para la Confederación Nacional del Trabajo. Su verbo cálido, elocuente, su gesto enérgico y decisivo, así lo expresaron una y mil veces. ¿Por qué venirnos ahora con el supuesto de si quería hacer ésto y lo de más allá, defender esta o la otra política, inclinarse por este o por el otro partido?

Y aun en el caso de que tales hubiesen sido sus intenciones, lo digno y generoso es recordarle en estas fechas de su muerte, sería, para no empañar su memoria con abandonos y apostasías que nadie puede probar, recordarle por lo que fue y por lo que hizo. No por lo que suponen algunos que hubiera hecho después.

Se impone, pues, camaradas todos, militantes jóvenes y viejos de la Confederación, que defendamos la memoria, el nombre, el recuerdo del camarada Seguí contra esa ola invasora de oprobio y de vergüenza con que impúdica y persistentemente se la quiere enlodazar.

Va en ello nuestra probidad y nuestra hombría de bien. Atañe, no sólo nuestra condición de hombres comprensivos y generosos, sino la dignidad, al porvenir y a la grandeza de esta Confederación por la que, si muchos de nosotros dimos la libertad, él, como otros muchos, rosario interminable de víctimas, dieron lo último que el hombre de ideas puede dar por la que es suya y ama ardientemente: la vida.

ÁNGEL PESTAÑA

Acción, núm. 6, 22-3-1930, Barcelona; p. 1.

Principios, medios y fines del sindicalismo libertario comunista (A. Pestaña, 1919)

Pestaña, Á., Seguí. S. (1921): El sindicalismo libertario en Cataluña. [transcripción taquigráfica de las conferencias dadas en la Casa del Pueblo, Madrid, el 4 de octubre de 1919]. Buenos Aires: Lux; pp. 5-16.

CAMARADAS: En Cataluña es muy común, es corriente que el público que escucha al orador, sobre todo en nuestros actos, se abstenga de aplaudir; nosotros no somos toreros, nosotros no vamos a conquistar ningún pedestal, nosotros somos trabajadores.

a través de Principios, medios y fines del sindicalismo comunista (A. Pestaña, 1919)

El último Ángel Pestaña, su muerte, su entierro

Ser Histórico

De haber acontecido su muerte cuando luchaba en Barcelona, perseguido por los esbirros de Arlegui y Martínez Anido; de haber sido eliminado entonces, como lo fue Salvador Seguí, el dolor por la pérdida de Pestaña hubiese sido grande, extenso y profundo. Ahora, la pérdida es mucho más dolorosa que lo hubiese sido entonces. Sobre la persona vibrante del luchador sindicalista de aquella época heroica; sobre la ya destacada figura del hombre de entonces, se había encaramado una nueva y serena personalidad. Ángel Pestaña, en los momentos actuales, rozaba las lindes de un verdadero hombre de Estado.[1]

El 11 de diciembre de 1937 falleció en Begues, Barcelona, el sindicalista de la CNT Ángel Pestaña Núñez (Santo Tomás de las Ollas, León, 1886) tras un periodo de debilitamiento físico por enfermedad que le atormentó durante su último año de vida. Desde hace unos días, una placa colocada en un atril…

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Buenaventura Durruti y Ángel Pestaña, por Rafael Núñez Florencio, Juan Avilés Farré y Ángel Herrerín López [vídeo]

“Buenaventura Durruti y Ángel Pestaña”, por Rafael Núñez Florencio, Juan Avilés Farré y Ángel Herrerín López.

Del Seminario de Historia Contemporánea: Héroes y villanos en la historia reciente de la Península Ibérica. Salón Siglo XXI, Ayto. del Real Sitio, Segovia. 06-10-2017

https://www.intecca.uned.es/portalavip/grabacion.php?ID_Sala=3&ID_Grabacion=255989&hashData=b4ad059327cf6fcae7c918e2ca47a693&paramsToCheck=SURfR3JhYmFjaW9uLElEX1NhbGEs

Jesús Díaz Herrera: El liderazgo político de Ángel Pestaña [presentación]

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Editorial Descontrol
Año de edición: Diciembre de 2015
ISBN: 978-84-16553-47-1
Páginas: 165  
Encuadernación: Rústica, 21 x 13,5 cm

 Jesús Díaz Herrera (Sevilla, 1978) es licenciado en Sociología y Máster en Liderazgo Democrático y Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid. Nacido en el seno de una familia migrante y humilde, de sus padres aprendió que con lucha y constancia otro mundo es posible. Militante de la CNT durante 7 años y afiliado hoy a la CGT en Alcalá de Henares, ha escrito artículos en prensa y actualmente trabaja con discapacitados en el ámbito de la educación social. También lleva a cabo labores de cooperante en Mozambique, donde lleva a cabo desde hace unos años un estudio sobre el desarrollo de las comunidades de la región de Matibane (producción de cultivos, sanidad, vivienda, agua potable…).

En este sentido, debo decir que llegué a Nacuxa siendo cooperante y regresé con la firme convicción de saberme “misionero”, con toda la connotación que tiene el término y sin perder el sentido crítico hacía una iglesia que veo a veces muy anquilosada e hiperbólica en los postulados dogmáticos con los que insisten en agobiar al indefenso feligrés. Sobre ésto, sobre la integración de estas dos identidades dentro de mi persona, la cristiana y la libertaria, tengo algún trabajo en ciernes y otros que están pendientes de ser publicados toda vez que la editorial los revise. 

Después de haber recorrido varias localidades durante el último año (Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, Granollers, Barcelona, Girona, Málaga…), el pasado sábado 11 de noviembre estuvo en el local de Oficios Varios de la CGT de Palma para presentar su libro El liderazgo político de Ángel Pestaña. De la ortodoxia anarquista al posibilismo libertario

22052872_1563043653756856_1814718719_nHechas las presentaciones y tras un momento de charla con los allí presentes, el autor comenzó su exposición contando con brevedad los motivos que le habían llevado a abordar el estudio de la figura del ex secretario general de la CNT y, en concreto, un tema en principio tan ajeno al movimiento libertario como es el del liderazgo.

Elegí a Ángel Pestaña porque, a pesar de haber sido relegado al olvido desde el academicismo oficial y, lo que es peor, desde el propio movimiento libertario, me parece una figura fundamental en el devenir del anarquismo y del anarcosindicalismo en nuestro país. Me llama la atención y me molesta que aún hoy se den situaciones como la que me sucedió en el momento de explicarle a mi tutora de tesis lo que pretendía estudiar; su respuesta fue que debía elegir un tema de interés, actual, y que quizá fuera mejor que me lo replanteara. Apuntilló el asunto diciéndome que no iba a descubrir la rueda.

Mucha gente afiliada a nuestros sindicatos no sabe quién fue Pestaña o repiten de oídas que fue un traidor por haber optado en un momento dado por  fundar un partido y participar en procesos electorales. Más aún;  mucha información que nos ha llegado lo ha hecho por escritos falangistas a raíz de un encuentro de Pestaña con José Antonio Primo de Rivera en 1934, mostrando una imagen de su figura totalmente deformada.

Por otra parte, no acabo de comprender cómo es posible que se le haya denostado tanto por haber fundado el Partido Sindicalista porque, bien mirado, la opción de participar en política ha estado presente desde el principio. Como cito en el libro, en fecha tan temprana como 1886 algunos militantes del núcleo madrileño  inicial de la AIT, encabezados por Enrique Borrell,  ya se plantearon la necesidad de presentar candidatos al Congreso y participar en las elecciones. Es pues una corriente, minoritaria, que culmina con la entrada de los ministros de la CNT en el gobierno de Largo Caballero en 1936 y que, después, volverá a ser tenida en cuenta en diferentes momentos.

Otra de las causas por la que me fijé en él fue por el postgrado sobre liderazgo que cursé. De hecho el libro, retocado, originalmente era el trabajo de fin de máster que presenté.  Pestaña fue un líder tanto dentro del anarquismo y del anarcosindicalismo, como después en el Partido Sindicalista. Y no fue el único; a pesar de que el anarquismo rechaza la existencia de liderazgos, de hecho los ha habido. Véase si no a Durruti, a quien considero el contrapunto de Pestaña. Y muchos otros.   

Me parece necesario explicar estas cuestiones un tanto tabú porque, guste o no, son parte de nuestro movimiento. Y, por qué no decirlo, personalmente me parecen atractivas. Todo investigador social que se precie trabaja determinado por la trinchera ideológica desde la que arroja sus argumentos. Así pues, no negaré que la elección de este tema responde a un interés personal por el anarquismo y por su vía política. Charles Wright Mills, cuya cita tomo de Raúl Ruano (Sociología y anarquismo: análisis de una cultura política de resistencia, 2009), lo dijo así:

En todo momento he tratado de ser objetivo, pero no pretendo ser un desinteresado. Ningún filósofo político puede ser un desinteresado; sólo puede presumir de serlo.”  

Hechas estas aclaraciones, el autor pasó a la estructura y contenido del texto.

Reconozco que el libro puede parecer demasiado académico. De hecho lo es. Aun así, he intentado que pueda ser comprendido por cualquier lector, pertenezca o no a nuestro movimiento. Y es que considero necesario salir de nuestros círculos para relacionarnos y ser comprendidos por el común de la gente.  Así, para situar la cuestión, comienzo el análisis haciendo un poco de Historia desde los orígenes del anarquismo en el s. XIX, sus principales teóricos y sus características principales, para acabar en España y centrarme en la figura del anarcosindicalista leonés.

También trato la filosofía política del anarquismo y la historia de sus ideas, para lo cual me ha sido utilísimo el libro de José Álvarez Junco La ideología política del anarquismo español, 1868-1910 (1976).

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En la segunda mitad del libro me centro en el tema del liderazgo y en el análisis sociológico; aunque también tengo en cuenta en mi marco teórico a autores de otras disciplinas como al antropólogo Marvin Harris. Es desde el prisma de las teorías del liderazgo hechas por autores como Weber, Robert Tucker o Josep Nye –además de otros como el citado Harris- que estudio la figura de Pestaña.

Además de citar las características que todo líder deber poseer en mayor o menor grado, no puede comprenderse el fenómeno sin tener en cuenta el momento histórico y las circunstancias político-sociales que lo envuelven. En nuestro caso, Pestaña se encontró en un momento dado como cabeza visible de la CNT porque a Salvador Seguí lo asesinaron; es decir, no es algo que él buscara.  Otro ejemplo lo tenemos en Durruti, que se convirtió en “Héroe del pueblo” en un contexto determinado de guerra y violencia que hacía necesaria la presencia de un líder valiente, arrojado. Y al hilo de esto último, conviene destacar algo que también refiero en el libro: muchas veces son los demás quienes crean al líder, bien porque sea necesario en un momento concreto, bien porque los medios de comunicación se encarguen de moldearlo.

Teniendo en cuenta lo dicho, es decir, este triángulo compuesto por el líder, sus seguidores y el contexto, utilizo la metáfora de un “traje” con el que se pueda vestir a nuestro protagonista: el traje de Nye. Distingo –siguiendo a este autor- entre los rasgos propios de un líder duro (hard power) y de otro blando (soft power), los cuales no son excluyentes. En nuestro caso, siguiendo la trayectoria personal de Pestaña dentro del anarquismo y del anarcosindicalismo, parece lógico atribuir al berciano modos y maneras poco autoritarias; pero, como destaco, también encontramos en él momentos en los que se impone la necesidad de actuar de la otra forma, como puede ser el caso en que estuvo destinado en Albacete durante la guerra, en los meses fríos de 1936/37,  para organizar la recepción y la distribución de material de guerra que, debido al caos existente, no llegaba al frente.

Concluyo la obra preguntándome si Pestaña fue un buen líder. Y dejo la pregunta bastante abierta, aunque escribo unos criterios para ayudar a valorarlo. Hay que tener en cuenta, además, que influyen factores como la suerte, y que muchas veces se piensa que alguien fue un buen líder a posteriori, a partir de los resultados obtenidos.

Pienso, en consonancia con lo que escribió el historiador Julián Casanova, que el estudio de los liderazgos puede ser importante dentro de nuestro movimiento:

Haciendo una clara apuesta por el método biográfico y el uso de biografías escritas por los propios militantes […], abandonando la beatería que continúa con dirigentes como Durruti, tratando de desentrañar los rasgos de sus liderazgos, cómo se aupaban a ellos y cómo los ejercían.” (De la calle al frente, el anarcosindicalismo en España (1931-1939), 1977; pp. 250-251).

Y esto es lo que he hecho, tomando como obras de referencia la autobiografía de Pestaña titulada Lo que aprendí en la vida (1933); la semblanza que le dedicó su amigo y compañero de partido Ángel Mª de Lera, Ángel Pestaña, retrato de un anarquista (1978); el magnífico prólogo que Antonio Elorza incluyó en Trayectoria Sindicalista (1974); y algunos artículos de revista como el de Adolfo Bueso, titulado Ángel Pestaña, “Caballero de la Triste Figura” del anarcosindicalismo (Historia y Vida nº 29, agosto de 1970; pp. 52-63.)

Concluida la exposición, comenzó una ronda de preguntas que dio pie a un diálogo muy enriquecedor acompañado de bebida y productos de gastronomía local. El acto, que comenzó a las 19:00, se alargó hasta casi las 23:00h.

 

Agradecimientos a la gente de Oficios Varios de CGT Palma por colaborar y hacer posible el acto.

 

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