Á. Pestaña (1920): El Terrorismo en Barcelona.

Fuente: PESTAÑA, Ángel (1934): Lo que aprendí en la vida. Madrid: M. Aguilar-Editor.

Ángel Pestaña no veía los toros desde la barrera. Ni mucho menos. La patronal catalana había puesto precio a su cabeza: Muntadas, miembro de la familia propietaria de La España Industrial, Sociedad Anónima Fabril y Mercantil, aportó 23.000 pesetas para eliminarlo; y Ramón Sales, carlista y presidente del Sindicato Libre, se encargó de la inteligencia. Pagaron a un vecino de la familia Pestaña, residente en la calle San Jerónimo 11, para poder establecerse en su casa con el fin de acribillarlo en la escalera.

   Por fortuna, Pestaña se había desplazado a Tarragona para dar una conferencia en el Coliseo Mundial. Era el 10 de enero de 1920. Tras el acto fue a cenar con buena parte de los compañeros asistentes, y al grupo se acercó un periodista del diario La Publicidad, que había seguido el acto, para informarles de que su director le había mandado un cable donde explicaba que el conferenciante había sido detenido en la frontera en posesión de dinero y documentación importante. El episodio, un tanto cómico, les permitió enterarse de que el Gobernador Civil de la provincia había ordenado su detención y la Policía andaba pisándole los talones, por lo que huyó de inmediato y permaneció escondido unos meses en una masía de un pueblo de la provincia. Todo lo cual, sin saberlo, lo puso también a salvo de los esbirros de la patronal.

   Pestaña abandonará la masía tras ser requerida su presencia por el Comité nacional para una reunión a fin de tratar algunos asuntos, entre ellos el viaje a Rusia. Para no ser descubierto por la policía se desplazó hasta la estación de tren vestido de payés, con blusa, faja, gorra de seda, alpargatas y un cesto de aves, y de esta guisa se plantó en la estación de Sants de Barcelona, donde lo esperaba Martí Barrera. De allí acudieron a cenar a casa de la compañera Francisca Saperas, donde les esperaba también Salvador Seguí.

      En su escondite escribió El Terrorismo en Barcelona, que salió a la luz en marzo de 1920, poco antes de que su autor emprendiera su viaje a Rusia. Es el primer número de una serie de folletos editados por el Centro de Estudios Sociales (CES) de Tarragona, impreso en la imprenta Gutenberg, proyecto colectivo que reunía en la capital catalana a un selecto grupo de cenetistas (Plaja, Aláiz, Tribó, Cinca y Barjau, entre otros), que retomó la publicación del diario anarquista Fructidor, órgano de las sociedades obreras de la provincia, y recibió, además, algunos encargos de la Organización.

La obra denuncia la confusión interesada de que algunos diputados habían hecho gala en el Parlamento, identificando el sindicalismo con el terrorismo; algo –según el autor— que hubiera dado risa si no fuera por el dolor y los males que generaba. Fue reeditada en 1978 por la editorial Calamus Scriptorius junto con El sindicalismo en Cataluña, conferencias transcritas de Pestaña y Seguí.

Bibliografía:

DE LERA, Ángel María (1978): Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista. Barcelona: Argos Vergara.

FOIX i CASES, Pere (1957): Apòstols i mercaders. Quaranta anys de lluita social a Catalunya. México: Edicions de la Fundació Sara Llorens de Serra.

SORIANO JIMÉNEZ, Ignacio Clemente (2016):L’anarquisme a Tarragona (1917-1924). Formós Plaja i Carme Paredes. Tarragona: Publicacions Universitat Rovira i Virgili.

Se puede descargar la obra en http://www.cervantesvirtual.com/buscador/?q=%C3%A1ngel+pesta%C3%B1a

Imagen de entrada: Cubierta del folleto, elaborada por Hermoso Plaja.

Pólvora y tinta. Un manifiesto cenetista en el Congreso de los Diputados (1919)

LA ESCENA

Verano sangriento de 1919. El negro nubarrón del pistolerismo descarga plomo sobre Barcelona. El 19 de julio aparece el cadáver de Pau Sabater (a) el Tero, conocido sindicalista asesinado la madrugada del día anterior, lo que causa gran conmoción en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Al día siguiente, la flor y nata del anarcosindicalismo catalán firma un manifiesto que denuncia, tras analizar la situación creada en la ciudad, la ilegalización de los Sindicatos y el encarcelamiento de su militancia más capaz de parar el derramamiento de sangre.

Pestaña, Piera y Seguí

En el escrito aparecen las rúbricas de Simó Piera, Salvador Seguí, Agustí Castellá, Francesc Riera, Ángel Pestaña y David Reyes (seguramente sea David Rey, pseudónimo de Daniel Rebull). Y está dirigido al Parlamento español, por lo que es entregado para su lectura a Francesc Layret, recién elegido diputado por el Partit Republicà Català.

En la sesión del 6 de agosto, Layret explica en el Congreso magistralmente la situación social excepcional que atraviesa la ciudad y denuncia la incomprensión de lo que allí sucede por parte de los sucesivos Gobiernos de Madrid, más dados a suspender las garantías constitucionales del país, declarar el estado de guerra en Barcelona y hacer la vista gorda a las amenazas de lock-out patronal (cierre de fábricas) que a indagar en los agravios y las injusticias que sufre aquella población obrera. Al día siguiente continúa su polémica intervención con una crítica implacable al Ejército, y se dispone a leer el documento, pero el Presidente de la cámara no se lo permite alegando que el procedimiento no se ajusta a Reglamento al tener que pasar antes el filtro de la Mesa. Al fin, logra que el texto sea incluido en el Diario de Sesiones.

Francesc Layret

EL TELÓN DE FONDO

El éxito de la huelga de La Canadiense (febrero-marzo de 1919) representó un punto de inflexión para la CNT, al alza desde 1914. Al negarse la autoridad militar, el capitán general de Catalunya Joaquín Milans del Bosch, a liberar a todos los presos encarcelados con motivo del conflicto, tal y como se había acordado durante las negociaciones, y a causa también del surgimiento de otras disputas como la huelga nacional de carteros, las reivindicaciones del Sindicato Único Textil de Barcelona o la deportación de los obreros rusos y polacos en el vapor Manuel Calvo, a los tres días se convocó otra huelga general. Quizá, a juicio de algunas de las cabezas más visibles de la Organización, fuera una decisión un tanto precipitada. En cualquier caso, continuaba la conflictividad social.

Fracasada la huelga, en gran parte debido al efecto de la promulgación el 3 de abril del Real Decreto que establecía la jornada de 8 horas a partir de octubre, el recién nombrado IV Gobierno de Antonio Maura (15 de abril) no dudó en sacar al Ejército a la calle, manteniendo el estado de guerra y la represión durante cuatro meses. De nuevo se organizó el somatén (grupos parapoliciales) para abrir tiendas, aprovisionar la ciudad y detener obreros. En total unos 43.000 confederados entraron en prisión, sin distinguir entre partidarios y detractores de la violencia. La burguesía catalana, además, acababa de replicar la estructura sindical y se organizaba en la Federación Patronal, recrudeciendo la lucha de clases y sus métodos. Así comienza el llamado Terrorismo Blanco, organizado por el oscuro policía Manuel Brabo-Portillo, de regreso en la capital catalana tras el escándalo de espionaje en favor de las potencias centrales durante la Gran Guerra. Con la financiación de la patronal, formará La Banda Negra. Tras un primer intento frustrado de acabar con la vida del sindicalista del ramo de la construcción Pedro Massoni, caen asesinados el Tero, presidente de la comisión negociadora del ramo del agua, y José Castillo, antiguo miembro del Comité nacional de la CNT.

Para hacer frente a los sicarios de Brabo-Portillo, toman fuerza los grupos de acción confederales. Ojo por ojo. Como tantas otras veces, los acontecimientos pasan por encima de los principales partidarios de consolidar las mejoras conseguidas, de fortalecer unos Sindicatos debilitados tras unos años de dura brega, de actuar en plena legalidad y de engrandecer numéricamente a la Organización. Representan el ala más sindicalista de la CNT, cuya prevalencia había permitido en los meses anteriores colaborar con la UGT o participar en las Comisiones Mixtas (órganos de resolución de conflictos entre obreros y patronal con el arbitraje de las autoridades). Salvador Seguí (a) el Noi del Sucre y otros partidarios de la línea moderada piensan, más allá de consideraciones morales o filosóficas, que esa vía violenta y clandestina conduce inevitablemente a la derrota.

ALGUNAS CONSIDERACIONES

El memorial de quejas que presentamos, pese a su significación, es poco conocido. La gravedad de la situación en Barcelona movió a un grupo de militantes a emitir un comunicado en el Congreso de los Diputados, aunque la noticia no apareciera siquiera en la prensa de la época hasta más de dos semanas después; en concreto, ocupó la primera página del diario republicano madrileño El Liberal, en su edición de 22 de agosto.

Desconocemos la lista completa de firmantes y no sabemos si lo hicieron a título individual. En cualquier caso, Seguí era entonces el Secretario del Comité Regional de Cataluña, y Pestaña el director de su periódico Solidaridad Obrera. Dos líderes de opinión en toda regla.

Sí sabemos, a tenor de la lectura del texto, que se muestran contrarios a los atentados:

…por ser éstos el producto de una educación individual incompleta pero que tienen su justificación en la violencia de los de arriba. Nosotros censuramos y execramos los crímenes sociales, pero a la vez censuramos también sus causas generadoras.

Y he aquí el meollo del asunto, pues en el fondo se trataba de poner el balón sobre el tejado de los poderes del Estado, de quien en última instancia dependía convertir el anarcosindicalismo en una central que actuara a plena luz del día o bien que se pareciera más a una organización secreta incapaz de articular la lucha obrera, haciendo de la acción directa una tarea de grupo o individual en lugar de la labor colectiva propia de un sindicalismo de masas.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de las veleidades políticas que algunos atribuyen a Seguí. Lo cierto es que el Noi del Sucre no había dudado en aliarse con socialistas y republicanos durante los conflictos de los años inmediatamente anteriores. Y mantiene entonces amistad con muchos de ellos: Lluís Companys, Marcelino Domingo, Gabriel Alomar o el propio Layret. La lista es larga. Es habitual encontrarlo en tertulias de café o en la Redacción del diario republicano La Lucha departiendo animosamente con ellos. Nada nuevo entre republicanos y anarquistas, acostumbrados a moverse en los mismos espacios. Llama la atención, por otra parte, que, de los firmantes, Piera y Castellá acabaran años después en la Esquerra; que Pestaña fundara el Partido Sindicalista; y que David Rey –o el mismo Castellá durante la guerra— se pasara al Partido Comunista y acabara en el POUM. Pero a día de hoy aún no se han hallado pruebas de que Seguí pretendiera pasarse a la política o formar un partido. Como Pestaña, era un tipo abierto a hablar con todo el mundo desde sus propias convicciones. No es difícil comprender, pues, que el documento que nos ocupa se confiara a Layret, abogado laboralista que venía defendiendo a cenetistas con frecuencia y cofundador del Ateneu Enclopèdic Popular, donde Seguí y otros habían participado activamente.

Tampoco se nos debe escapar, en definitiva, que los protagonistas de nuestro drama eran considerados elementos muy peligrosos por parte de la patronal y de las autoridades. Más peligrosos incluso que los reyes de la pistola obrera de Barcelona. No en vano Layret caerá asesinado en noviembre del año siguiente en la puerta de su casa, justo cuando se dirigía a interesarse por los sindicalistas, nacionalistas y republicanos detenidos por el Gobernador civil de Barcelona, Martínez Anido. Sin duda, sus intervenciones en el Congreso contribuyeron a ponerlo en el punto de mira. A Pestaña le tocará el turno –el tercero en su cuenta— en agosto de 1922, en Manresa, del que milagrosamente se recuperó. Y a Seguí lo matarán en marzo de 1923, creándose tal perturbación que el mismísimo Pestaña, contrario al uso del atentado personal por ineficaz, no dudará en erigirse justiciero desde el Comité nacional de la CNT.

LA EXPOSICIÓN DE LOS SINDICALISTAS AL CONGRESO[1]

Hace cuarenta y siete años que un gobierno ultra reaccionario puso fuera de la ley, caprichosamente, a la Sección Española de la Internacional Obrera. Los proscriptos de entonces preguntaron a las Cortes españolas: “¿Se puede vivir?”

Nosotros añadimos a esta simple interrogación (que es un alegato formidable al derecho a la vida de los hombres que trabajan) proferida por nuestros nobles antecesores, esta otra, que condensa la protesta honda y justa del proletariado español de nuestra época, contra las llamadas clases directoras:

“¿A qué terreno se nos quiere llevar?”

CONFLICTOS OBLIGADOS. PATRONOS Y AUTORIDADES LOS CAMBIAN EN PROBLEMAS DE ODIOS.

Hace ya algún tiempo que en la política ruinosa y aventurera en todos los órdenes realizada por los Gobiernos de la Monarquía, se pretende, como para justificar el desenfreno de los de arriba, someter al silencio a los de abajo, impidiendo así toda protesta legal de las clases laboriosas.

La situación política y social de España es en extremo alarmante. Todas las clases sociales, y muy especialmente los trabajadores, convienen en que es necesario resolver armónicamente los conflictos sociales, conflictos que tienen el carácter de “necesarios”, debido al alza exorbitante del precio de la vida. No es un secreto para nadie que el dinero rebosa en las arcas de los capitalistas españoles.

Todo el mundo sabe cuán fabulosas han sido las ganancias de los ricos y los nuevos ricos, con motivo de la guerra mundial. ¿Qué participación han tenido las clases productoras en esas ganancias? Ninguna. La carestía de las subsistencias, siempre creciente y sin freno alguno que impidiera el agio y el acaparamiento, obligó a nuestros Sindicatos a reclamar, siempre en justicia, aumentos en los salarios.

El exceso de brazos y la semiparalización impuesta por las circunstancias a ciertas industrias, nos obligó también a reclamar la reducción de la jornada de trabajo en algunos casos. Las organizaciones patronales, sin excepción, contestaron siempre a nuestras demandas, expuestas en forma razonada, con ridículas evasivas unas veces, o con un simple “non possumus” otras.

Los patronos, por regla general, mentían cuando argumentaban contra nuestras reclamaciones. Ni las estadísticas, ni los hechos probados por nosotros a favor de lo que motivara nuestras demandas, sirvieron para convencer a los que a nuestra costa se enriquecen.

Los gobernadores o los alcaldes, aunque advertidos de nuestras razones, no supieron o no quisieron evitar muchos conflictos; prefirieron, sin prever acaso las consecuencias de sus determinaciones, limitarse a poner su influencia y la fuerza de que pudieran disponer al servicio exclusivo de las clases poseedoras. Y así, lo que fue y sigue siendo un problema de justicia y de derecho, que pudo resolverse armónicamente, con la buena voluntad que jamás nos faltó a nosotros, hase trocado, por la torpeza o mala fe de las clases directoras, en un problema de odios.

LAS ORGANIZACIONES OBRERAS NO SON RESPONSABLES DE LOS CRÍMENES SOCIALES

Jamás, en ninguno de los grandes conflictos de orden social provocados en los últimos tiempos, recurrieron los hombres de gobierno a informarse en las organizaciones obreras, que son, pese a quien pese, las que mejor pueden ilustrar en todos los casos, a los Gobiernos y a la opinión del país.

El factor inmenso e insustituible del progreso, que es la organización obrera, no fue consultada, y lo que es peor: no fue tampoco respetada. El Gobierno se informó exclusivamente en las organizaciones patronales, y así fue de funesta su intervención y las consecuencias de la misma.

El encarcelamiento y las persecuciones, siempre sistemáticas e injustificadas, contra los obreros más inteligentes, dieron y dan como resultado que la resolución de los conflictos se haya de confiar a la fuerza y a la violencia, cuando debiera ser la inteligencia la suprema razón.

¡Los crímenes sociales! ¿Qué tiene que ver la organización obrera con tales hachos? Son éstos el producto de una educación individual incompleta pero que tienen su justificación en la violencia de los de arriba. Nosotros censuramos y execramos los crímenes sociales, pero a la vez censuramos también sus causas generadoras. Si el Congreso de los Diputados de España estudiase detenidamente la situación actual de las organizaciones obreras, y luego analizase el contenido del Manifiesto publicado recientemente por los patronos de la construcción de Barcelona, en el que se insulta a los trabajadores, en momentos en que éstos no pueden contestar adecuadamente “porque la autoridad los puso fuera de la ley”, el Congreso de los Diputados instaría y obligaría al Gobierno para evitar la repetición de nuevos crímenes como los perpetrados últimamente, a que levantara el estado de guerra en Barcelona y la suspensión de las garantías constitucionales en toda España.

Las represiones ejercidas contra los trabajadores, principalmente en Cataluña y Andalucía, son las que motivan el “sabotaje” en los campos y los atentados personales en los campos y ciudades. Hubiérase obligado a los propietarios de la tierra y a los plutócratas de la industria a dar, por ser justa, cumplida satisfacción a las reclamaciones de obreros y campesinos y los perjuicios que todos sufrimos serían menores. Hubiéranse resuelto en justicia las cuestiones que exponemos, y no hubiera sido necesaria la intervención de la fuerza pública en los conflictos sociales, intervención cuyos resultados son contraproducentes, porque aumentan el mal y hacen imposible la solución armónica y natural de los conflictos en cuestión.

PERSECUCIONES CONTRA LOS OBREROS ASOCIADOS. PALABRAS DE CLEMENCEAU

El estado de guerra, la censura para la Prensa, la falta de garantías a la colectividad y al individuo, las condenas contra obreros inocentes, y todo el régimen de represión seguido, sin causa justificada, contra los trabajadores organizados, no pueden de ninguna manera conducir al fin que los gobernantes se han propuesto. Pero el mayor y más funesto error de las clases directoras ha sido el de poner fuera de la ley a la organización obrera.

Desde el punto de vista de nuestras ideas políticas, la decisión del Gobierno en este aspecto nos parece excelente. Pero, ¿podrán decir otro tanto los demás elementos de la sociedad española? ¿Es que conseguirá el Gobierno con dichos procedimientos la desaparición de los organismos obreros? No. Con tal proceder sólo se conseguirá que los trabajadores se organicen clandestinamente, lo que en proporción más o menos intensa nadie podrá evitar, y así, fuera de la ley, el trabajador se defenderá en la sombra, porque no podrá hacerlo de otro modo, y los resultados de un período continuo de clandestinidad, ¿quién puede preverlos?

Cuantos anhelen resoluciones justas para las cuestiones que plantea con carácter inaplazable el avance espiritual y las necesidades materiales del proletariado, deben reconocer a éste su personalidad legal y discutir con la organización obrera, si en algo se estima la tranquilidad y el bienestar de la sociedad toda.

La evolución natural de las nuevas normas del derecho, sin trabas ni violencias, permitirá que las masas populares se capaciten intelectual y moralmente, para realizar la transmisión económica y la expropiación del capitalismo, sin apelar a la revolución violenta, que sólo la ignorancia de los humildes o la maldad de los poderosos pueden hacer violenta, sanguinaria y caótica.

No hace muchos días que el presidente del Gobierno francés, M. Clemenceau, decía a los representantes de la Confederación General del Trabajo: “Se hace necesario que capaciten y preparen ustedes a sus organizaciones para dirigir el mundo nuevo, porque el capitalismo y la burguesía han demostrado su incapacidad para ello.” Si es incapaz la burguesía francesa, entre la que descuellan técnicos eminentes y hombres de inteligencia privilegiada, para regir la nueva organización social, ¿qué cabe decir de la burguesía española, inculta, incivil e ignorante a veces de la misma especialidad industrial que la enriquece? Y, sin embargo, los gobernantes de España, no sólo complacen a los capitalistas, sino que padecen el error de creer que los trabajadores organizados no somos nadie en la vía del progreso, poniéndonos fuera de la ley.

 PELIGROS QUE PUEDEN SOBREVENIR DE LA INJUSTICIA

Y ya en este terreno, preguntamos de nuevo: ¿A qué terreno se nos quiere llevar?

Esto es lo que deseamos saber concretamente. Pero sépase que si se nos pone fuera de la ley a nosotros y a nuestras organizaciones, no seremos causantes ni responsables de cuanto pueda ocurrir.

¿Podrá decirse, consumado el atentado constitucional contra los organismos obreros, que la cuestión social quede resuelta? ¿Cesará con ello el “sabotaje” y el atentado personal, a pesar de los castigos que puedan imponerse a las personas materialmente responsables de estos hechos?

¿Qué ganarán la economía nacional, los privilegios de la burguesía y el principio de autoridad cuando se niegue el derecho de defensa legal a la mitad de los habitantes de España?

¿Y qué podrá resultar del empleo constante de la fuerza contra una clase consciente de sus derechos y deberes y enemiga de toda violencia?

Conste que en esta exposición no hay una sola amenaza; pero comprendemos que, sin nosotros y contra nosotros, las masas populares que no necesitan más estimulante que el hambre o la falta de libertad para rebelarse, cometerán en un momento dado los mayores excesos. ¿Quién perderá el pleito en este caso? Todos; pero sobre todo el que más tenga que perder. Dése satisfacción en el orden político y económico a las clases trabajadoras, y la anhelada paz social devendrá posible. Mas pensamos doloridos que los Gobiernos de España no saben, no quieren, no pueden aunque quisieran, colmar las aspiraciones del pueblo que sufre y trabaja.

 INVOCACIÓN A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD. CAUSAS DE LA ANORMALIDAD EN BARCELONA

A los amantes de la luz, a los hombres progresivos, a los justos, a los buenos, a los sabios y a todos los de buena voluntad compete evitar el negro porvenir que en España se vislumbra.

Si en todo el mundo civilizado se abren anchos cauces por los que se canalizan las nuevas concepciones de la humana justicia, prontas a plasmar en verdaderos Estados también de justicia universal, no es de pensar que España oponga un dique que contenga la arrolladora corriente mundial.

Por parte de los trabajadores no se construirá ese dique. Hagan otro tanto los que tienen el deber y la obligación de hacerlo. Si el Congreso considera que vale la pena discutir sobre lo por nosotros expuesto, que discuta; si nos considera seres inferiores, que lo deje; pero en uno y otro caso, si tienen los señores diputados la fe que a nosotros nos falta en la eficacia de la misión encomendada al Parlamento, que obliguen al Poder público a rectificar los tremendos errores cuyos peligros señalamos.

Si se requiere una información pública, demostraremos que la anormalidad constitucional decretada contra la organización obrera por gobernantes ineptos, no es la consecuencia de la agitación social que atraviesa el país, sino que, por el contrario, la acción violenta y revolucionaria de las masas obreras y de los partidos políticos en España, es la lamentable consecuencia de los atentados constitucionales y de los regímenes de excepción decretados contra el avance natural del progreso y de los tiempos. La suprema razón de lo que dejamos expuesto se puede condensar en una sola palabra: “Barcelona”; es innegable que la violencia engendra la violencia. Estúdiense los resultados obtenidos por la política excepcional que sigue el Gobierno en nuestra ciudad, y se verá que nunca, como durante el estado de guerra, la suspensión de garantías y las persecuciones contra obreros, hubo tantos y tan graves conflictos de orden social, ni tantos atentados a la vida de los hombres, ni tanta intranquilidad en los espíritus.

¿Quiénes son los responsables de cuanto ocurre en España?

Tienen la palabra los representantes del país; nosotros hemos terminado.

En Barcelona, a 20 de Julio de 1919.

Simón Piera, Salvador Seguí, Agustín Castellá, Ángel Pestaña, David Reyes.

FUENTES

Ángel Pestaña (1934), Lo que aprendí en la vida. Madrid: M. Aguilar-Editor.

Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. Serie histórica. Legislatura 1919- 1920, 6 y 7 de agosto de 1919, núms. 25 y 26. Disponible en http:// http://www.congreso.es/ est_sesiones/ (consulta 25-1-2019).

Eduardo Pérez: “Contigo empezó todo. Balas contra el terrorismo blanco: el último viaje de Bravo Portillo”, en diario El Salto. Disponible en https://www.elsaltodiario.com/contigo-empezo-todo/balas-contra-el-terrorismo-blanco-el-ultimo-viaje-de-bravo-portillo (consulta 27-1-2019).

Juan García Oliver (1978), El eco de los pasos. París: Ruedo Ibérico.

Juan Gómez Casas (2006), Historia del anarcosindicalismo español: epílogo hasta nuestros días. Madrid: LaMalatesta Editorial.

Hemeroteca digital BNE, diario El Liberal, 22-8-1919, Madrid, p. 1.

Paco Ignacio Taibo II: “La huelga general de 1919”, en Historia de Iberia Vieja. Disponible en http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-contemporanea/huelga-general-1919 (consulta 25-1-2019).


[1] Respetamos la división por partes que publicó El Liberal por hacer la lectura más clara y amena

Ángel Pestaña sobre el fascismo (1933)

¿FASCISMO?

…el fascismo, que desemboca en corrientes políticas modernas, se genera en los hechos económicos; que no es en las secretarías de los partidos políticos donde está el fermento que lo genera, sino en los tugurios, en las zahúrdas, en los hogares fríos y destartalados.

… [Mussolini y Hitler] atraen, sugestionan a las multitudes, ofreciéndoles no ideas, doctrinas ni problemas abstrusos de justicia y emancipación social; con eso se hubiesen quedado solos el primer día que predicaron; ofrecen pan, comida, dinero; ofrecen empleo, trabajo; ofrecen seguridad y puntualidad en la retribución; ofrecen, no el esfuerzo que ha de hacerse para producir, sino la producción que, oronda e insultante, se muestra en los escaparates de las tiendas. Los primeros y más decididos soldados del fascismo son los hambrientos, los sin trabajo, los que no tienen qué comer. Después vienen los que temen perder el empleo o arruinarse por la crisis, y en última instancia vienen los poderosos, porque temen que aquello, al crecer, les quite lo que tengan. Y precavidos, se sangran en salud, consiguiendo dos finalidades: asegurar lo que poseen y desviar el cauce del movimiento de protesta.

… Todas estas explosiones morbosas de las multitudes, todos estos movimientos de raigambre genuinamente popular se gestan en la miseria y se alimentan con los dolores y los sufrimientos del pueblo. En los demás países como en España, y en España como en los demás países.

… Si se quiere, pues, que no haya fascismo en España, hay que llegar, empleando todos los medios por radicales que parezcan, a que todos los españoles tengamos el plato de comida en la mesa y un lecho donde descansar por la noche.

(La Libertad, 21 de abril de 1933)

¿PUEDE VENIR EL FASCISMO A ESPAÑA?
… El fascismo es el producto natural de la crisis capitalista, de la honda crisis del régimen actual. Y como esta crisis afecta lo mismo a los países de tipo preferentemente industrial que a los de tipo agrícola, el fascismo vendrá a España en cuanto una circunstancia cualquiera le favorezca más que le favorecen las actuales.
Opinar de forma contraria es tan respetable como se quiera, pero es ir contra los hechos, contra la verdad, contras las realidades que se suceden en cada hora.
Para razonar esta afirmación basta fijarse en cuáles son los elementos potenciales del fascismo. Pueden señalarse muchos; pero si queremos condensarlos en los más preeminentes y destacados, citemos las consecuencias económicas de la guerra con su exacerbación nacionalista, en primer lugar; en segundo lugar, la crisis capitalista con su cortejo de paro forzoso, el paro de miles y miles de trabajadores; en tercer lugar, la influencia religiosa y reaccionaria; y en cuarto y último lugar, el instinto de conservación del capitalismo, que explotando la ignorancia de las masas trabajadoras consigue arrastrarlas a movimientos de opinión que las llevan a destruir lo que ellas crearon con esfuerzo y con dolor…

¿CÓMO COMBATIR EL FASCISMO?
… El fascismo es un movimiento de masas. Para evitarlo hay que oponerle otro movimiento de masas. Y como esto no puede hacerlo ningún partido ni ninguna central sindical por sí sola, deben ponerse todos de acuerdo para crearlo. Ello no impide, por otra parte, que aisladamente luchen por sus programas y por sus aspiraciones doctrinales. Lo uno no quita lo otro. El peligro común que a todos nos amenaza es bastante elocuente. ¿Lo tendremos en cuenta?

(Sindicalismo, 6 de octubre de 1933)

Alfonso Vidal y Planas

Javier Barreiro

 Capítulo dedicado al escritor gerundense de mi libro Cruces de bohemia (Vidal y Planas, Noel, Retana, Gálvez, Dicenta y Barrantes), Zaragoza, UnaLuna, 2001, pp. 21-49, aportando algún  dato nuevo y actualizando la bibliografía.            

 En sus ojos castaños arde un claro destello

del amor al humilde, de que su alma está henchida;

y en su pálido rostro, varonilmente bello,

puso un rictus profundo de tristeza la Vida.

¡Pobre artista exaltado, tan noble como un niño,

que solloza sus penas en el antro del Mal,

y que andando entre fango, como el cándido armiño,

mantiene terso y puro su espíritu cordial!

Son sus horas de angustia; con su saña felina,

al pasar, implacables, le clavan una espina

en su carne sensible que trasciende amargura.

Mas la dulce esperanza de un futuro glorioso

le permite ir cubriendo su camino penoso

con las sedas lucientes de su hermosa locura.

 (Vicente S. Medina)

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Ángel Pestaña: «¿Cómo y cuándo gané mi primera peseta?»

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Amigo Gómez Hidalgo:

Me pregunta usted “cómo y cuándo gané la primera peseta”. No creo sea muy interesante que cuente yo aquí cómo y cuándo gané la primera peseta. Seguramente que hay centenares y miles de individuos, la respuesta de los cuales, de dónde y cómo ganaron la primera peseta, resultaría un interesante estudio psicológico y acusador de un régimen que tantas víctimas produce. Pero ya que estos miles de individuos no pueden hacerlo, hágolo yo, más que nada, accediendo a su cariñosa invitación.

Tenía diez años cumplidos, sin haber llegado a los once, cuando mi padre me puso a trabajar de pinche en las minas del Cobarón, provincia de Vizcaya, cerca de Somorrostro.

Para quienes ignoren lo que hace un pinche en tales trabajos, diré que su ocupación consiste en traer, en unos barriles (así se les llama en las minas) en forma de tonel, de unos doce o catorce litros de cabida, el agua que consumen al cabo del día los obreros de la cuadrilla; además, llevar a la fragua, para que el herrero los aguce, los barrenos y pistoletes, y al carpintero cuando se rompen, los mangos, a mangar los picos, palas y azadas, traer las municiones del polvorín para los barrenos, y en algunos casos, ir a buscar la comida del capataz.

Empecé, pues, a trabajar en las minas del Cobarón, y en una galería subterránea que, según la leyenda, comenzó su explotación en tiempos de los romanos. La explotación primitiva se hizo en dos pisos superpuestos, que se comunicaban por pozos perforados de trecho en trecho, ya que la galería debe tener más de un kilómetro de longitud bajo tierra.

En la época a que yo me refiero, el piso inferior estaba completamente anegado, y la superficie del agua subía hasta el piso superior. El peligro de caer en uno de estos pozos fue lo primero que se me advirtió; cosa fácil, si se me apagaba el candil, pues aunque todos los pozos estaban a la izquierda de la galería central, donde trabajaban los mineros a quienes yo servía, por la derecha no era posible guiarse, ya que existen innumerables galerías secundarias en las que me hubiera perdido como en un laberinto.

El temor de caer en uno de los pozos y perecer ahogado; el extraviarme en el dédalo de las galerías secundarias; por otra parte, llevar al hombro, en un trayecto de un kilómetro o más, una carga superior a mis fuerzas; el reniego del capataz o de los mineros; no ver el sol ni respirar aire libre más que contados momentos del día, pues se trabajaba doce horas diarias y estábamos en invierno, era el risueño porvenir que se me ofrecía a cambio de cinco reales diarios de jornal.

Duró poco. Quince días después de haber comenzado a trabajar, una lluvia torrencial caída durante la noche, cubrió de tierra la fuente donde iba a buscar el agua y hube de ir casi veinte minutos más lejos de camino a llenar el barril, para que a los mineros de mi cuadrilla no faltase tan precioso como necesario líquido.

La tardanza exasperó al capataz, y cuando regresé me preguntó dónde había estado. Contéle lo ocurrido, y por toda respuesta obtuve un puntapié en salva sea la parte, un pescozón y quedaba despedido. ¡Así se premiaban mis servicios y la buena intención que había guiado mis pasos!

Fui a casa; conté a mi padre lo que ocurría, y mi padre añadió, por no creer que fuera verdad mi alegato, unos cuantos puntapiés y algunos pescozones más a los que me había dado el capataz. Más tarde se lamentó de que yo tenía razón y lamentaba su error.

Para acabar, cobré los jornales de los quince días trabajados, lo que representaba, como es de suponer, no una peseta, sino varias pesetas, continuando desde entonces hasta hoy haciendo bueno el versículo: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

ÁNGEL PESTAÑA

¿Cómo y cuando ganó usted la primera peseta?: respuestas de las más populares figuras espanõlas contemporáneas. Prólogo y encuesta de Francisco Gómez Hidalgo. Madrid: Librería Renacimiento, 1922; pp. 159-161.

(Gentileza del historiador Julián Vadillo)

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Imagen de portada: Niño minero en la mina de carbón de Turkey Knob, Macdonald, West Virginia, USA. Año 1908 (Fuente: http://www.archivohistoricominero.org)

Los otros republicanos: el capitán Cuerda (1901-1939)

Ser Histórico

Carlos Cuerda Gutiérrez, militar y abogado[1]. Nace en Torrubia del Campo (Cuenca) en 1901. Ingresa en la Academia de Infantería de Toledo en 1916[2] y diez años más tarde ya es capitán. Masón, pertenece a la Logia Fe y Democracia nº 22, dependiente de la Gran Logia Española, en la cual también encontramos a Pedro Vallina (CNT) o a Justo Feria (Partido Republicano Democrático Federal)[3].

   Agitador durante las huelgas de 1930 en Sevilla. Proclamada la Segunda República el 14 de abril de 1931, los acontecimientos de aquella misma noche culminan al día siguiente con el asalto a la cárcel sevillana del Pópulo, en que doscientos once presos políticos y comunes son liberados. Entre ellos está el socialista Cuerda, quien capitaneaba el Regimiento de Infantería de Granada al ser encarceladoLos manifestantes, adueñándose del centro de la ciudad, lo pasean en hombros por…

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El posibilismo anarquista: cumbres inalcanzables, pendientes resbaladizas — Polémica

 

La historia del anarcosindicalismo español, como ocurre en todo gran movimiento social, se debatió siempre entre la fidelidad a sus principios ideológicos y su necesidad de adecuarse a las circunstancias de cada momento histórico. Junto a los Durruti o García Oliver, siempre estuvieron los Pestaña o los Peiró. Todos ellos hicieron de la CNT lo […]

a través de El posibilismo anarquista Cumbres inalcanzables, pendientes resbaladizas — Polémica

Las «tentaciones» políticas del anarquismo español (I)

Ser Histórico

Estos diputados se asombran de que yo no tenga cuernos y garras” (Proudhon)

Las “tentaciones políticas” –como las llama Álvarez Junco en su Ideología política del anarquismo español (1976)—han estado presentes en el anarquismo y en el anarcosindicalismo hispanos desde los tiempos de la Federación Regional Española de la AIT (FRE-AIT)  o Primera Internacional (1870-1881). No estamos ante ninguna tendencia propiamente dicha; si así fuera, quizá no podríamos hablar siquiera de anarquismo, más aún  cuando la cuestión concierne precisamente a características que definen al movimiento: la delegación de la capacidad de decisión y la imprescindible armonía entre procedimientos y objetivos para alcanzar la acracia. Pero resulta interesante comprobar cómo la opción se ha puesto sobre la mesa bastantes veces, sobre todo en momentos en que otros modos de lucha (huelgas, insurrecciones…) habían fracasado.

Aunque el tema pueda estudiarse de forma más amplia y tener en cuenta factores como la colaboración…

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Algunos precedentes del PS

Cuando la CNT comenzó su colaboración en los gobiernos de Largo Caballero y –no se olvide- Juan Negrín durante la guerra de España, el Partido Sindicalista (PS) representaba, quizá, el intento más serio de llevar a cabo un programa de corte libertario desde las instituciones.  

Aunque no fuera propiamente desde las filas confederales, de cuyo seno habían sido expulsados muchos militantes a raíz de la crisis treintista[1], y menos aún desde el anarquismo, desechado por Pestaña como teoría capaz de lograr la transformación social[2], la aventura política del PS se ha convertido en un lugar común, incrustado de tópicos, al tratar el tema del reformismo en la CNT. Creado en abril de 1934[3], logró representación parlamentaria en las elecciones de febrero de 1936, a las que acudió integrado en la alianza de izquierdas del Frente Popular.

Sin embargo, los intentos de participación directa en política desde posiciones afines al anarcosindicalismo no eran novedad en España. (Me referiré en exclusiva a la intervención en procesos electorales y la participación desde las instituciones. Seguro que hay otros casos, que no trato por desconocimiento o por no hacer el artículo demasiado largo. Desde aquí lanzo el guante para que otros profundicen en el tema. Existen otros ejemplos y bien estudiados relacionados con la intervención de la CNT en política, desde el posibilismo de Salvador Seguí hasta el “anarco-bolchevismo” de los García Oliver y compañía, pero no son el objeto de este estudio[4]).

En las elecciones municipales de noviembre de 1917, un grupo de militantes confederales asturianos, fracasada la huelga general de agosto, presentó candidatura en Gijón con el nombre de Grupo Sindicalista Parlamentario. Sus líderes fueron Laureano Piñera  y Ramón Martínez. Piñera, que había sido detenido tras la huelga, era entonces el secretario de la Confederación de Metalúrgicos; Martínez era secretario de la Federación de Sociedades de Resistencia Solidaridad Obrera. Duramente criticados desde la CNT, no soportaron el fracaso electoral y el grupo se diluyó en poco tiempo.[5] La experiencia, que no deja de ser anecdótica, representa un precedente del pestañismo al romper el tabú de la representación política[6], más aún al acontecer tras el fracaso y la represión de una huelga, momento en que se buscan otras vías para mejorar la situación de los trabajadores. También comparten algo en común con muchos otros partidos republicanos: el deseo de recabar el voto de los anarcosindicalistas. De igual modo se la puede considerar una precursora de lo sucedido en muchos municipios durante la guerra de España; en este caso concreto, el cenetista Avelino G. Mallada fue alcalde de Gijón desde octubre de 1936 a octubre de 1937.

Enlazando con la tradición republicana federal, en su interpretación más revolucionaria y obrerista, encontramos bastantes ejemplos de doble militancia confederal y republicana. Quizá el paradigma sea el abogado, escritor y político –entre otras muchas cosas disciplinas- Eduardo Barriobero y Herrán[7], fiel seguidor de las ideas de Pi y Margall y cenetista afiliado al Sindicato de Profesiones Liberales desde 1912. Defensor de obreros en innumerables procesos judiciales, algunos muy famosos, su vida tiene abundantes coincidencias con la de sus clientes: militancia decidida, propaganda desde la prensa, cárcel, exilio, intentos de asesinato por parte del Sindicato Libre en los años del pistolerismo…  Fue diputado en Cortes en 1914, 1918 y 1919, recabando para ello el apoyo obrero y sindical. Desde su escaño se posicionó en favor de los presos, denunció casos de corrupción y reclamó libertades civiles. Durante la dictadura de Primo de Rivera participó en la Sanjuanada de 1926 como enlace del comité de la CNT en Gijón y, tres años después, en la conspiración de José Sánchez Guerra (intentos fallidos de golpe de Estado para derrocar el régimen).

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Mundo Gráfico, 1922.

Proclamada la II República, volvió a ser elegido diputado a Cortes Constituyentes por Oviedo en las generales de junio de 1931. Fue parte del grupo al que Ortega y Gasset bautizó como ‘jabalíes’; adscritos a diferentes partidos republicanos, algunos trataron de escorar a la República hacia la izquierda desde posiciones socializantes, federalistas y anticlericales.  Entre ellos hay que citar a  Ángel Samblancat, abogado y periodista afiliado al Partido Republicano Demócrata Federal (PRDF), presidido por Barriobero, y también estrechamente ligado al anarcosindicalismo desde los años de la Restauración.

A mediados de 1935, el PRDF firmó un acuerdo de colaboración  con el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña.[8]Las concomitancias entre ambos partidos eran claras: en el plano ideológico, la federación libre de municipios era el eje político vertebrador de la nueva sociedad; estratégicamente,  el régimen republicano constituía un avance y un paso previo ineludible hacia una sociedad sin capitalismo; y ambos buscaban los votos de los afiliados a la CNT, cantera natural de donde extraer sus bases.   Durante medio año será frecuente ver a representantes de ambas formaciones actuando conjuntamente y compartiendo locales en mítines, conferencias, etc. La alianza durará hasta la formación del Frente Popular, momento en que el primer Pleno Nacional del PS, celebrado a finales de enero de 1936, votó su incorporación a la alianza electoral de los partidos de izquierda y rechazó su fusión con los republicanos federales[9].

Otro caso interesante donde la línea que separa anarquismo y federalismo republicano se estrecha, es el de la candidatura conjunta del Partido Social Ibérico y el diario La Tierra, que concurrió en Sevilla y en Madrid a las elecciones generales de noviembre de 1933.

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La Tierra, dirigido por la controvertida figura de Salvador Cánovas Cervantes[10], comenzó a publicarse a finales de 1930. El subdirector era Mariano Sánchez-Roca y como Redactor-jefe, Eduardo de Guzmán. Su Redacción la completaban Ricardo Baroja y Ezequiel Endériz.  Y entre el grupo de colaboradores volvemos a encontrar a republicanos de extrema izquierda como Barriobero, Samblancat, Salvador Sediles, José Antonio Balbontín y Rodrigo Soriano (todos, excepto Balbontín, acabaron en la CNT durante la guerra, ocupando puestos de responsabilidad); junto con cenetistas como Juan Peiró, Melchor Rodríguez, Mauro Bajatierra, Felipe Aláiz y Jacinto Toryho.

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De izqda. a drcha.; de pie: Ezequiel Endériz (redactor), Luis Rodríguez (administrador) y Eduardo de Guzmán (Redactor-Jefe); sentados: Mariano Sánchez-Roca (Subdirector) y Salvador Cánovas Cervantes (Director).

De marcado carácter republicano, sus primeros números dieron soporte a los levantamientos de Jaca y Cuatro Vientos. En agosto de 1931, se alineó con quienes consideraron que la República se quedaba corta en lo social y se excedía en materia de orden público. Como dijera Balbontín, se trataba de estar con la República, pero contra esta República. Una de las máximas fue: “Llegar tan lejos como sea capaz de llegar el pensamiento político y social de los españoles”.

Impregnado de las ideas de su director, La Tierra defendió una línea de actuación más o menos afín a la CNT, organismo que representaba –según él- lo mejor del carácter «racial»  español[11], el único capaz de llevar a cabo la revolución en un pueblo en esencia individualista. Durante períodos de férrea censura, La Tierra se convirtió en el vocero oficioso de la Confederación. Sin embargo, la línea editorial optó por la vía política y por la participación electoral para lograr sus propósitos, procurando conseguir el apoyo de las masas sindicalistas en las urnas.

Desde 1933 La Tierra apoyó al Partido Social Ibérico (PSI); tanto fue así, que sus periodistas se integraron en algunas de sus candidaturas electorales presentadas en las generales de  noviembre de 1933. Otra forma de participación fueron las curiosas Peñas de amigos de La Tierra,  grupos encargados de la defensa de la salida del periódico en época de censura, o bien de apoyar las campañas por la transparencia política y contra la represión obrera, el enchufismo y la multiplicidad de cargos durante la República. Otras veces eran simples tertulias reunidas en cafés o en locales de agrupaciones republicanas de izquierda (íntimamente ligadas al Partido Social Ibérico) cuando no disponían de espacio propio.[12]

El PSI era otra de tantas escisiones del republicanismo de extrema izquierda, en concreto del Partido Social Revolucionario, creado en 1932 y liderado por  José Antonio Balbontín. Al año siguiente, una parte –Balbontín incluido- decidió pasarse al Partido Comunista, mientras que el resto adoptó la denominación de ‘ibérico’ en consonancia con el ideario del periódico madrileño. El anarquismo, el sindicalismo y el PSI conformaban, en su ideario, la síntesis del iberismo. El programa –que adjunto-  tuvo tintes anarquizantes.

Programa PSI

La Tierra, 22-2-1933; p.4

Sevilla y alrededores fue el epicentro de su militancia. También encontramos núcleos en otras zonas de Andalucía, Madrid, Bilbao, y algunas localidades de Castilla y Asturias. A la candidatura por Sevilla capital se presentó su líder, el ex capitán revolucionario Carlos Cuerda, junto con los periodistas de La Tierra Cánovas Cervantes, de Guzmán y Endériz; por la provincia repitieron los mismos, a los que hay que añadir al otro líder del PSI, también ex capitán –sublevado de Jaca- José Mª Piaya, Ricardo Baroja, y los obreros Domingo Navarro y José Gallardo.[13] También presentaron candidatura en Madrid.

Carlos Cuerda

El capitán Carlos Cuerda, rodeado por obreros de la Unión Ferroviaria, al proclamarse la II República.

Ante las críticas de la CNT por su participación en el juego electoral, el partido explicó que se trataba de una táctica para lograr la inmunidad parlamentaria y, de este modo, servir mejor a la revolución. Pese a los esfuerzos, el fracaso en los comicios dejó a la candidatura sin representación. Desde las páginas de La Tierra se hizo una dura crítica al abstencionismo promovido por la CNT, culpable de haber entregado la República a las derechas. Fue, pues, en la ámbito de la cultura donde la confluencia entre unos y otros fue mayor. A partir de entonces, la táctica de La Tierra fue dar soporte a la Alianza Obrera que se irá conformando entre los partidos de izquierda. Cánovas Cervantes, Baroja y la línea editorial se pasarán al Partido Radical Demócrata de Diego Martínez Barrios, integrado después en la Unión Republicana. Los restos del PSI se fusionarán con el PS de Pestaña en mayo de 1935[14].

Bibliografía:

  • Barona Martínez, Carlos: “Ricardo Baroja en La Tierra: una política anarquista (1931-1935)”; en Ruiz Carnicer, M.A. y Frías Corredor, C. [coord.](2001): Nuevas tendencias historiográficas e historia local en España: actas del II Congreso de Historia Local de Aragón (Huesca, 7 al 9 de julio de 1999)
  • Barrio Alonso, Ángeles (1986): Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936) [tesis doctoral]. Universidad de Cantabria (Departamento de Historia Moderna y Contemporánea)
  • Elorza, Antonio.: “Carácter nacional e ideologías (1914-1936)”; en Triunfo, 9-12-1972 [nº 532, extra], Madrid.
  • Elorza, Antonio (1974): “El sindicalismo de Ángel Pestaña”[prólogo]; en Pestaña, Ángel: Trayectoria Sindicalista. Tebas, Madrid.
  • Fontecha Pedraza, Antonio: “La Tierra (1930-1935)”; en Prensa obrera en Madrid (1855-1936). Fuentes para el estudio de la cultura popular madrileña en los años treinta. Ed. Comunidad de Madrid, Consejería de Cultura. Revista Alfoz, Madrid, 1987.
  • Íñiguez, M. (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español. Asociación Issac Puente, Vitoria.
  • Losada Urigüen, María: “Extremismo republicano y anarcosindicalismo en la década de los treinta: ideología, cultura y política de una relación”; en Comunicaciones del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC (Zaragoza, 26, 27 y 28 de septiembre de 2007), 2008.
  • Santos Santos, M.C. (2003): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”; Editorial Académica Española, Saarbrücken (Alemania.)

 

Citas:

[1] Escisión en la CNT entre los partidarios de la revolución por la vía insurreccional ante una República tibia en lo social y contundente en materia de orden público, y los que preferían contemporizar con el nuevo régimen con el fin de preparar mejor a las masas de trabajadores,  mediante la educación y el ejemplo, para el cambio revolucionario. Toma su nombre del Manifiesto de los Treinta, firmado por Pestaña, Joan Peiró y 28 compañeros más, y publicado en la prensa en agosto de 1931.

[2] Mantiene, no obstante, su validez como doctrina filosófica y pedagógica. V.  Pestaña, Ángel (1933): “Lo que aprendí en la vida”; en Pestaña, Ángel (1974): Trayectoria sindicalista [prólogo de Antonio Elorza.] Ed. Tebas, Madrid; p. 213.

[3] La fecha de la fundación del PS no es baladí. Sorprende que autores consagrados de la historiografía libertaria como José Peirats (2006 [1976]: 207)  o César M. Lorenzo (1969: 55)  no acierten el año de su creación, adelantándolo a 1932 y a 1933 respectivamente. También Pere Foix (1976 [1957]: 139) establece los primeros contactos entre militantes para crear el nuevo partido en octubre de 1932, aunque escribe que no está seguro de ello. La confusión perdura hasta nuestros días.

[4] Para conocer algunos antecedentes de la participación gubernamental de la CNT en 1936, V. César M. Lorenzo (1969): Los anarquistas españoles y el poder. Ed. Ruedo Ibérico, París; pp. 43-74.

[5] Barrio Alonso, Ángeles (1986): Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936) [tesis doctoral]. Universidad de Cantabria (Departamento de Historia Moderna y Contemporánea); p. 226.

[6] Íñiguez, Miguel (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español (vol. II) Asociación Issac Puente, Vitoria; p. 1284.

[7] Para profundizar en la figura de Barriobero, acaba de publicarse una biografía elaborada por José Luis Carretero (2017): Eduardo Barriobero. Las luchas de un jabalí [prólogo de Julián Vadillo.] Queimada Ediciones, Colección Nuestra Memoria, Madrid.

Véase también Bravo Vega, Julián (2002): Eduardo Barriobero y Herrán (1875-1939). Una nota sobre su vida y escritos. Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid.

[8] “La actividad republicana de izquierdas. El partido democrático federal y el partido sindicalista han firmado un pacto de acción.”; en La Libertad, 9-7-1935, Madrid; p.2.

[9] Elorza, Antonio (1974): “El sindicalismo de Ángel Pestaña” [prólogo]; en Pestaña, Ángel: Trayectoria Sindicalista. Ed. Tebas, Madrid; p.71

[10] Pedro Sainz Rodríguez, un político derechista, cuenta en su biografía que los monárquicos usaron La Tierra como un medio de agitación contra el gobierno social-azañista. V. Sainz Rodríguez, P. (1978): Testimonios y recuerdos. Ed. Planeta, Barcelona; p.246. Citado por Antonio Elorza: “En torno a La Tierra”; en El País, 27-2-2007.

En una dura polémica que Cánovas Cervantes tuvo con el socialista Ángel Galarza, éste le acusó desde las páginas de El Socialista de defender los intereses de Juan March.

[11] En las páginas de La Tierra, sobre todo durante la crisis del primer bienio, se pueden leer frecuentes alusiones al carácter individualista y el temperamento “racial” libertario español, desechando modelos extranjeros en boga como el fascismo o el bolchevismo: “Que cada cual haga la revolución en su casa. En España haremos la nuestra, y todos juntos serviremos a la Humanidad.” (V. “Un gran revolucionario. Salvador Cánovas Cervantes en Sevilla”; en La Tierra, 5-5-1933, Madrid; p.4) Cánovas Cervantes dedicó muchas líneas a la reflexión sobre la formación y las particularidades de la identidad nacional ibérica y al análisis de las peculiaridades del genio y la raza españoles.  La idea – que hoy llama la atención- era dominante por aquella época en todo el espectro político, incluido el que nos ocupa. El libro Ingleses, franceses, españoles: Ensayo de psicología colectiva comparada, de Salvador de Madariaga, se publicó en 1929 y se reeditó cada año hasta 1934. En él, el autor, a pesar de reconocer lo poco de científico que tiene el asunto, defiende la idea de que los pueblos poseen un carácter nacional. Al año siguiente, el socialista Luis Araquistain publicó El ocaso de un régimen, que comienza con un “Ensayo de patología del alma española”, donde se vuelve a tratar el tema. El mismo Ángel Pestaña se refiere al estereotipo del individualismo hispano en el folleto Sindicalismo, editado por los Cuadernos de cultura de Marín Civera en mayo de 1930. Cinco años más tarde, en Por qué se fundó el Partido Sindicalista, volverá a tratar el tema y coincidirá con Cánovas Cervantes al afirmar que el pueblo español no es apto para el modelo marxista: “No hay pueblo tan predispuesto por su naturaleza al ejercicio de una democracia de verdad  como el pueblo español.” (p.51)

[12] Losada Urigüen, María: “Extremismo republicano y anarcosindicalismo en la década de los treinta: ideología, cultura y política de una relación”; en Comunicaciones del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC (Zaragoza, 26, 27 y 28 de septiembre de 2007), 2008.

[13] “En Sevilla. Partido social ibérico”; en ABC, 7-11-1933, Sevilla; p. 26.

[14] “Los partidos Sindicalista y Social Ibérico se fusionan”; en La Tierra, 29-5-1935; p.4.

La revuelta de las criadas

¡Qué estruendo armaron las criadas de Barcelona cuando se manifestaron por las calles de la ciudad en 1918, con el fin de llamar la atención de la opinión pública sobre la situación de esclavitud a que eran sometidas, desde tiempo inmemorial , por parte de los «señores»!
En efecto, una criada –una ‘minyona’, como dicen en Cataluña– era, y es todavía actualmente, la chica que, desde muy jovencita, sus padres, que generalmente viven en las comarcas y pueblos campesinos de la alta Cataluña, de Aragón o de Galicia, llevan a «servir» a Barcelona, Madrid, etc. ¡A servir a los señores! Estos señores eran gente de la nobleza, militares, grandes industriales, comerciantes, médicos y otras personas de posición más o menos elevada que podía permitirse el lujo de tener criada. Esto de tener servicio, antes –y pensamos que ahora también–, «vestía» mucho, y así, cierta gente contaba con orgullo: «Incluso tenemos criada!». Había que hasta tenían tres o cuatro.

criadas
Lo que no contaban aquellos señores eran los salarios que pagaban a aquellas desventuradas cenicientas, que debían someterse a todo; eran salarios tan raquíticos que, incluso, da vergüenza recordarlos. Generalmente, eran alojadas en una habitación miserable, lóbrega, en el desván de la casa. Las hacían comer en la cocina y casi siempre las alimentaban a base de las sobras que los señores no habían podido o querido comer. Las vestían de una manera rudimentaria y casi todas iban, se puede decir, uniformadas: traje negro, delantal blanco y zapatos bajos. Para redondear más las cosas, las obligaban, los domingos por la mañana, de buena hora, a ir a misa. Lo que quería decir, pues, que la Iglesia, una vez más, como siempre ha hecho, aprobaba e incluso santificaba la conducta escandalosa de explotación de que eran víctimas aquellas pobres criaturas.
Y no hablemos de las criadas que no habían visto el mundo por un agujero, que eran la mayoría, porque a éstas, una vez colocadas en ciudad, ya se cuidaban suficientemente los señoritos y algunos señores de enseñarles este mundo y el agujero… De ahí el hecho vergonzoso que muchas, de repente, se veían con el vientre lleno, y entonces eran despedidas groseramente por las respetables amas de casa, y tenían que ir a dar a luz allí donde podían, y luego a parar a los prostíbulos para ganarse la vida, dando a nodriza sus hijitos.
La organización obrera confederal, la CNT, quiso poner término a aquel estado de cosas de infamia y de vergüenza que imperaba en Barcelona. La Federación Local de Sindicatos Únicos de Obreros barceloneses encargó a Ángel Pestaña la misión de organizar a todas las criadas de la capital. En aquella época –¡oh, felices tiempos de abnegación y desprendimiento material de los militantes sindicalistas revolucionarios! –, Ángel Pestaña, ejerciendo entonces la función de director del diario portavoz de la CNT, «Solidaridad Obrera», aceptó con entusiasmo el nuevo trabajo que le encomendaba la organización, sin dejar la dirección del diario confederal. Se convocó a las criadas de Barcelona para que asistieran a una reunión en «El Globo», una amplísima sala de baile que había ante el Parque de la Ciutadella, que las criadas conocían bastante bien, porque los domingos por la tarde, único mediodía de fiesta de que disponían, iban a bailar con los soldados, algunos de los cuales conocían por haber nacido en el mismo pueblo.
El espacioso local de «El Globo» resultó insuficiente, pues para poder acoger todas las criadas barcelonesas habrían hecho falta tres «Globos» más. Casi todas las asistentes se sindicaron. Eligieron una Junta, y el Sindicato quedó constituido. Se discutieron y aprobaron unas bases de mejoras que, enseguida, fueron presentadas a sus «señores». En estas bases se pedía aumento de sueldo, reducción de la jornada de trabajo, un día y medio de fiesta la semana, es decir, todo el domingo y los jueves por la tarde. Los «señores», y por supuesto las «señoras», se alarmaron de mala manera. «¿Cómo podía ser que las criadas, « sus criadas », se dejaran engatusar por el vago y vividor de Pestaña?» –decían aquellas insignes «matronas». Rogaban a Dios, a la Virgen, a los curas confesores, a los gobernantes y a la policía para que la revuelta de las criadas cesara. «Dónde se ha visto eso? ¡A estos sindicalistas y anarquistas hay que perseguirlos, encarcelarlos y matarlos! », añadía aún la gente bien, la gente de orden. Afortunadamente para ellas, las criadas, a quien escucharon –¡y con qué devoción! — fue a Pestaña, porque en él veían a un hombre sencillo, sin ningún tipo de pretensión, que en sus discursos claros, limpios y comprensibles sabía interpretar sus ansias de reivindicación y mejora social. Las criadas se manifestaron diversas veces por las calles de Barcelona, y la policía del «casco», con sus caballos, intentó a golpes de sable disolver aquellas manifestaciones, pacíficas pero enérgicas. Nunca, sin embargo, sucedió nada grave.
Finalmente, las criadas ganaron la batalla. Todas las reivindicaciones fueron satisfechas por sus patrones, los cuales, además, tuvieron que reconocer, aunque de mala gana, el sindicato obrero de las criadas de Barcelona.
Aquel triunfo de las criadas barcelonesas lo fue también de la organización obrera confederal, la cual, por primera vez en el mundo –esto se puede decir bien alto y con toda dignidad–, defendió en todos los terrenos a aquellas chicas que, hasta entonces, habían sido dejadas de la mano de Dios y del diablo. ¡Qué honor para la C.N.T. y para sus militantes de aquella época gloriosa!
MANENT I PESAS, J. (1976), Records d’un sindicalista llibertari català. Edicions catalanes de Paris; p.31.